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jueves, 23 de octubre de 2025

Serpiente de Luz Capítulo XXII : Amor incondicional Imagenes del Interior del Corazón




La Serpiente de Luz está ya en el lugar geográfico que va a ocupar durante los próximos trece mil años y funciona perfectamente. La Red de Unidad sobre la Tierra, que contiene y focaliza la consciencia humana y le permite pasar a la consciencia superior, estará por fin completamente ajustada para mediados de 2008. Todavía queda algo por hacer, pero no mucho. En mi final debe haber un viaje a la isla de Pascua, para sanar un aspecto determinado de los maoríes, y una última ceremonia en la isla de Moorea, para completar la Red de Unidad y conectarla de un modo que el mundo aún no ha visto. El año 2009 traerá la primera conexión real con la vida de otros mundos, lo que no podría haber ocurrido antes de que la Red de Unidad estuviera funcionando de un modo concreto. Esto es una profecía procedente de varios pueblos indígenas, entre los que se encuentran los mayas y los waitahas. El 21 de diciembre de 2012 se completará la precesión de los equinoccios y dará inicio el comienzo de un nuevo ciclo de otros trece mil años. Para entonces, el viejo ciclo y las viejas formas masculinas de controlar la vida humana estarán ya desmontados. En ese momento la mujer tendrá el control para dirigir a la humanidad de vuelta a la Luz. Y el 18 o el 19 de febrero de 2013 los mayas llevarán a cabo la primera ceremonia del nuevo ciclo, lo que disparará la apertura de todo tipo de vida en todas partes para comenzar el intercambio con la humanidad de una forma «personal», y la humanidad dará comienzo a una rápida sanacion de las personas que queden sobre la Tierra. Para ese momento, el 19 de febrero de 2013, lo más probable es que la población humana de la Tierra se haya reducido de forma drástica, pero los que queden sobre el planeta comenzarán de verdad a mostrar que el amor y el cariño constituirán la nueva forma de vivir del mundo. Lo que estoy diciendo es que los próximos años serán los más importantes en la historia de la humanidad. Sobreviviremos a estos enormes cambios en el entendimiento humano con la ayuda de la Madre Tierra y su Serpiente de Luz, tal y como hemos hecho muchas otras veces anteriormente, pero nunca antes se ha abierto a nosotros el universo como lo hará en los años venideros. El secreto es el Amor Incondicional, que se presentará a sí mismo a través de los seres humanos que cambiarán la vida sobre la Tierra para siempre. La mayoría de esos seres humanos serán niños o adultos jóvenes que han encontrado el camino hacia sus corazones. Por último, y probablemente de forma muy agitada, los hombres llevarán a cabo la transformación que completará de verdad el ciclo. Casi siempre sucede así. Serán las imágenes o los sueños procedentes de los corazones de esos niños los que tendrán el poder de llevar a cabo esos cambios. Los niños y las mujeres serán los primeros en entrar al acto de la creación y cambiar el mundo desde él. Déjame que te lo explique más a fondo utilizando la ceremonia como ejemplo. La ceremonia es el resultado del entendimiento antiguo y la sabiduría de que el mundo exterior de las estrellas, los planetas y todo lo que existe sobre ellos fue creado por el mundo humano interior de imágenes del corazón y la interacción con el Gran Espíritu. Casi todos los pueblos indígenas saben que eso es así en la vida. Muchos hombres modernos creen que Dios es inalcanzable. Creen que posiblemente se encuentre en algún lugar o de algún modo en la naturaleza, o quizá incluso más allá de la naturaleza, pero decididamente, para la mayor parte de la gente, Dios no está «íntimamente en nuestro interior». Y para la mayoría, Dios y el hombre son definitivamente una consciencia distinta. Y sin embargo, y de forma paradójica, ¡la fuente de este pensamiento también dice que estamos hechos «a imagen de Dios»! En el interior del corazón humano existe un lugar especial donde se concibe toda la creación. Esta fue la enseñanza fundamental de Jesús, aunque los dirigentes griegos y romanos de laIglesia la descartaran por razones políticas, y este entendimiento se extiende aún más hacia atrás, al menos tres mil años antes de Cristo, hacia la antigua India y Egipto a través de los escritos de los Upanishads y las enseñanzas orales del tantra egipcio. Cuando nosotros, los seres humanos, comencemos a darnos cuenta de quiénes somos realmente, los verdaderos Hijos e Hijas de Dios, la consciencia que creó todo lo que existe, sólo entonces la humanidad y Dios serán uno solo en la mente, el corazón y el cuerpo, y se levantará el velo de sopor. Los habitantes originales de este planeta pueden ayudarnos enormemente, pues saben mucho y recuerdan su conexión eterna con la Madre Tierra y el Padre Cielo. ¿Cómo si no habrían podido vivir sobre la Tierra durante tanto tiempo y con tan poco desequilibrio? La Serpiente de Luz se ha trasladado a una nueva localización geográfica, y este movimiento ha hecho que se esté emitiendo una nueva vibración sobre la Tierra. Esta vibración es totalmente diferente de la que ha venido siendo emitida durante los últimos trece mil años. El ciclo no es un círculo sino una espiral. Cada vez que completa un giro no vuelve al mismo lugar, sino a una nueva parte de la espiral, exactamente igual que la molécula del ADN. Y al igual que en esta molécula, los códigos se liberan en nuevos patrones. Esto produce unos nuevos modos, un nuevo mundo y una nueva interpretación de la Realidad Única para que la humanidad pueda contemplarla y, con el tiempo, vivirla. ¿Te preguntas qué es lo que puedes hacer tú? Es fácil; abandona tu mente y tus pensamientos constantes y vuelve a tu corazón. Dentro de él hay un lugar diminuto donde reside todo el conocimiento y toda la sabiduría. Cualquier cosa que puedas necesitar en todos los niveles de tu existencia la tienes ahí a tu disposición. Y en los cambios humanos y terrenales que nos rodean, y en los increíbles cambios que están a punto de permear nuestras vidas diarias, si vives en tu corazón, la Madre Tierra te cuidará con su suave amor mágico, el mismo amor mágico que creó todo este planeta físico. Recuerda quién eres realmente, confía en ti mismo y abre los ojos a la nueva belleza de una nueva Tierra que se abre ante ti cuando respiras. Escudriña más allá de la oscuridad y la destrucción del final de este viejo ciclo masculino. No mires a los ojos de Kali, pon tu atención en los capullos de la vida y la luz del centro del vórtice. Como una semilla, tu futuro está sólo empezando a brotar de la oscuridad, pero algún día mirarás hacia atrás y te darás cuenta de que todo el miedo y la angustia no fueron más que un sueño creado a partir de la confusión producida por el final de un ciclo y el comienzo de otro. La muerte y la vida son parte del mismo círculo. Ahora mira hacia la Luz y aspira profundamente la alegría de vivir. La Vida Eterna sin sufrimiento ha sido tuya todo el tiempo. Nunca estuviste apartado de la Fuente. Vive la vida sin temor. Vive tu vida con los ojos y el corazón abiertos desde la joya del interior de tu corazón, y te extenderás hacia los próximos trece mil años aquí, en la Tierra, y mucho más allá.

OM MANÍ PADME HUM

OM MANÍ PADME HUM

OM MANÍ PADME HUM

¡Mira! ¡La joya del loto!

miércoles, 15 de octubre de 2025

Serpiente de Luz Capitulo XXI: Los waitahas y los mahories de Nueva Zelanda



Hace mucho tiempo, una amiga nativa americana, Mary Thunder, me llamó pidiéndome permiso para traer a mi casa a un maorí llamado Mac Ruka que quería hablar conmigo. Ella me contó que Mac Ruka estaba considerado la cabeza espiritual de los maoríes y había viajado desde Nueva Zelanda para invitarme a su tierra, a la que él llamaba Aotearoa. En mi último libro, Viviendo en el corazón, conté esta historia, pero no le dediqué toda la atención que merecía. En aquel momento no fui consciente de quién era aquel hombre ni de la importancia de su linaje para la ascensión de la raza humana. Mac me invitó a visitar Nueva Zelanda y me dijo que, cuando lo hiciera, mucho más me sería revelado. Sin embargo, y por las cosas de la vida, el viaje resultó imposible hasta 2007. Por desgracia, Mac falleció a finales de los noventa y no pude volver a verle. Mac tomó parte en la redacción del libro The Song of the Waitaha, así como en otros acerca de este pueblo. Yo creo que también estuvo detrás del texto de la película The Whale Rider, que ganó tantos premios internacionales. Conocí a Mac en 1994 y trece años después decidí que debía ir a Nueva Zelanda para cumplir mi compromiso de visitar algún día a su tribu. Diane y yo planeamos ir allí con otro «círculo mundial», compuesto en esta ocasión por cincuenta y cinco personas procedentes de diecinueve países. Fue interesante la manera en la que entró en mi consciencia realizar aquel viaje. Me habían dado un ejemplar de The Song of the Waitaha, del neozelandés Barry Brailsford. Mientras lo leía, me di cuenta de que los waitahas hablaban exactamente de la forma de «Soñar con el Corazón» que yo estaba experimentando en mi vida y acerca de la cual había escrito en Viviendo en el corazón. Es una forma de soñar que cambia realmente el mundo exterior sobre el que caminamos. Mientras investigaba para el libro descubrí que no había casi nada escrito acerca de los Sueños desde el Corazón o del Espacio Sagrado del Corazón, a excepción de los Upanishads de la India antigua y de un pequeño libro conectado con la Torah judía titulado The Secret Cavern of the Heart. Aparte de estos dos libros, todas las enseñanzas que conscientemente poseo de este tema han estado siempre contenidas en la tradición oral. Ambos libros eran antiguos, pero aquí había otro, procedente de Nueva Zelanda, que describía con gran detalle esta experiencia a partir de una antigua tribu nativa denominada los waitahas, los «portadores del agua». Según sus propias palabras, los waitahas son un pueblo nativo considerado maorí, aunque en su opinión son mucho más antiguos que éstos, pues se remontan a la época de Mu, o Lemuria, hace más de sesenta mil años. Yo creo que, en realidad, hace sesenta mil años tuvo lugar el fin de Lemuria, y el comienzo del linaje waitaha puede remontarse a hace ciento treinta mil años. Ellos se dan cuenta de que no pueden probar científicamente esta afirmación, pero en sus propios relatos orales y en sus canciones este conocimiento está vivo. Yo me sentía intrigado. Y como los ángeles son los que guían mi vida, hace unos pocos años, justo después de leer The Song of the Waitaha, viajé a Suiza para visitar a un hombre llamado Shin Shiva, un gurú que enseñaba kundalini. Durante una comida en su casa, mencioné a los waitahas, pues el contenido del libro estaba muy presente en mi mente. Shin me miró con sorpresa y pidió a uno de sus discípulos que trajera a Ojasvin a la habitación. Unos minutos después, un apuesto hombre de piel oscura y pelo negro entró silenciosamente en el cuarto. Su presencia resultaba sumamente elegante. —Has mencionado a los waitahas y aquí, de pie ante ti, te presento a Ojasvin —dijo Shin—. Es waitaha. Ojasvin me dio un abrazo cálido y lento, y empezó a charlar. A los pocos minutos estaba llorando, mientras me decía: —No he conocido a nadie fuera de mi tribu que comprenda los Sueños del Corazón. Es maravilloso haberte encontrado. Charlamos durante un rato y luego me fui a Francia, donde debía dirigir un taller. Pero no olvidé a aquel hombre. Recuerdo que esto tuvo lugar en 2003.

Cuando el viaje a Aorearoa comenzó a tomar forma, los ángeles me dijeron que iba a aprender mucho en él y que lo que aprendiera debía formar parte del libro que estoy escribiendo. De hecho, dejarlo fuera habría sido no desvelar jamás la verdad completa sobre la Serpiente de Luz, pues los waitahas guardan la pieza secreta para el proceso de ascensión del mundo. Lo guardan en su ADN. Invité a Ojasvin (su nombre waitaha es Kingi) a venir con nosotros, pues los ángeles me habían dicho que él sería «fundamental para unir el mundo del corazón con el mundo de la mente». Kingi aceptó su nombre waitaha para este viaje y, efectivamente, constituyó una luz de valor incalculable para todo el grupo. La reina de los maoríes Aunque habíamos sido invitados por Mac Ruka a ir a Nueva Zelanda, también recibimos otra invitación que eliminó cualquier duda que pudiéramos albergar sobre el hecho de que teníamos que ir y participar en una ceremonia tradicional. La reina de los maoríes, Teahairangi Ka-ahu, que significa «La luz del amanecer que abre el camino a los cielos», nos invitó personalmente a sus bellas islas, que todos los maoríes conocen como Aotearoa. Sólo dos semanas más tarde, la reina falleció. Su hijo ocupó su lugar y concedió permiso a nuestro grupo para que continuáramos. El entierro de la reina Teahairangi Ka-ahu se convirtió en un acontecimiento nacional y fue televisado a toda Nueva Zelanda. Su muerte santa unió a toda la nación. Por su estatus, el entierro tradicional implicaba llevarla en un barco, denominado waka, fabricado y tallado a mano y capaz de atravesar el océano Pacífico a una velocidad de treinta y cinco nudos, aguas abajo hasta su lugar de descanso, en la falda de una montaña sagrada a orillas del río. Me gustaría bendecirla en este libro con el amor en nuestros corazones y desearle un paso seguro hacia los mundos superiores. Comienza el viaje Nos reunimos todos en Auckland, donde llegamos conducidos por los pájaros de plata de los cuatro vientos. ¡Qué bellos rostros, abiertos y listos para todo lo que pudiera llegar! ¡Y cuánto valor! Nos miramos a los ojos y supimos que algo increíble iba a suceder, pero no creo que ninguno de nosotros supiera lo profunda que iba a ser aquella experiencia. Además de los participantes del viaje, había muchos autores, investigadores espirituales, arqueólogos y agencias de viajes trabajando entre bastidores para llevar a aquel grupo procedente de todo el mundo hasta el remoto mundo de los pueblos nativos. La mayor parte de los participantes no tenía ni idea de los planes que fueron necesarios para organizarlo todo, y lo cierto es que yo tampoco. Lo que sí sabía era que sin la ayuda de la comunidad neozelandesa, nuestro viaje habría sido sólo una excursión turística corriente. Nos fueron asignados dos maoríes como guías y para que se quedaran con nosotros mientras nos desplazábamos por todo el país. Poco sabíamos quiénes eran realmente. Una era una anciana maorí llamada Makuini Ruth Tai. Nos pidió que la llamáramos Ruth, y muy pronto había logrado penetrar en nuestros corazones. El otro guía era un maorí llamado Herini. Personificaba los principios masculinos maoríes que han florecido en las islas durante miles de años, y el modo en el que nos condujo hacia el mundo maorí fue impecable y necesario. Cuando terminó el viaje, estos dos maoríes nos habían mostrado el corazón del sendero de su pueblo y nos habían ayudado a entender y a vivir un estilo antiguo, que constituye un antiguo recuerdo perdido para la mayor parte de la población mundial. Gracias a los dos por estar vivos.

Los waitahas En nuestra segunda noche llegamos al corazón de un valle verde y montañoso. Era cálido y acogedor; niños, perros y muchachos corrieron a nuestro autobús para ver quién había llegado procedente de todas las partes del mundo a aquel punto diminuto y aislado, en el interior de una pequeña isla, que separa la Antártida del resto del océano Pacífico. Nosotros sentíamos tanta curiosidad como ellos por lo que iba a suceder. Más tarde nos dijeron que nunca habían visto tanta gente, especialmente de tantos países diferentes. Y nosotros nunca habíamos visto a nadie que se pareciera a ellos. Desde tiempos remotos, los waitahas se han tatuado los rostros y los cuerpos, creando imágenes tanto de belleza como de miedo. Encontrarlos por la calle haría que la mayor parte de la gente intentara protegerse contra ellos, pero si los conoces en el corazón poseen una belleza que rivaliza incluso con la de las flores del loto. Descargamos nuestro pretencioso e inacabable equipaje junto al autobús y alejamos el vehículo del terreno sagrado. A los pocos minutos comenzó la ceremonia. Ruth pidió a la mujer más anciana que se colocara al frente con ella, con las mujeres más jóvenes detrás y los hombres por detrás de éstas formando la última fila. Esperamos en silencio. Seis ancianas, vestidas con chales azules que parecían hechos de agua, formaron una línea recta sobre los escalones de la casa larga, el lugar tradicional donde los waitahas y los maoríes duermen y sueñan juntos. Cuando se reúnen dos o más tribus, suelen tratarse con un estricto protocolo basado en miles de años de tradición. Toda la ceremonia debía seguir aquellas reglas hasta que las diferentes tribus se fundieran y se convirtieran en una sola. A partir de ese momento, todos seríamos waitahas.

Las ancianas comenzaron a cantar un canto waitaha de bienvenida; sus voces tenían un volumen que alcanzaba hasta las colinas situadas a nuestras espaldas. Entonces la anciana maorí Ruth y las mujeres de nuestro grupo devolvieron el canto en maorí dando la respuesta necesaria para cumplir la tradición. Habíamos sido instruidos por Ruth mientras viajábamos en el autobús camino de aquel valle. Los cánticos fueron pasando de unas ancianas a otras mientras ellas se iban acercando cada vez más entre sí. Cuando aquella parte de la tradición terminó, fluimos como el agua hacia la casa larga para la siguiente etapa de la ceremonia. Los waitahas nos colocaron cuidadosamente en lugares previamente establecidos en su interior. Entonces fueron los hombres waitahas los primeros que nos hablaron, la mayor parte del tiempo en lengua waitaha, aunque también algo en inglés, expresándose desde sus corazones. Cuando cada uno de ellos terminaba de hablar, cantaba una canción o tocaba uno de sus instrumentos. Esa era su costumbre. Cuando alguien hablaba desde la mente, repetían lo que había sido dicho poniendo sus intenciones en una música procedente de su corazón. Fue precioso

Como yo era considerado el jefe de mi «tribu de diecinueve países», se me pidió que hablara a los ancianos y al grupo. Pero antes de hacerlo, pedí permiso para que Kingi estuviera a mi lado. Yo les hablaría, pero quería que él les cantara en waitaha para poder llegar más hondo a sus corazones. Recuerdo que les dije que ellos eran el pueblo original del planeta Tierra, procedente de Lemuria, y que lo que estaba contenido en sus recuerdos, sus conocimientos y su antiguo ADN eran los secretos para sanar la Tierra y permitir a la humanidad continuar hacia niveles más elevados de consciencia. También sabía que Soñar desde el Corazón constituía el auténtico secreto para la ascensión del hombre, y que no hay nadie vivo que entienda esto mejor que los waitahas, ni siquiera los mamos kogi de Colombia. Por desconocimiento, el hombre moderno camina «dentro» de su mente, creyendo que las estrellas y los planetas están «fuera» de él. Pero eso no es más que una ilusión. Lo cierto, según los waitahas y los kogis, es que no existe el mundo exterior. Es sólo un holograma creado por la mente. Después de todo, cualquier científico sabe que nuestra única prueba de la existencia de las estrellas y los planetas está basada en los impulsos eléctricos de nuestro cerebro y nuestro cuerpo, nuestros cinco sentidos. Pero sentir algo no prueba que eso exista; en realidad, no prueba nada

Los waitahas creen (al igual que otras muchas razas indígenas, incluidos los antiguos hindúes, que llaman maya a la realidad, lo que significa «ilusión» o «no verdadero») que la realidad exterior no es real. Para ellos la realidad existe sólo en el corazón, y concretamente en un espacio sagrado del interior de este órgano, y no en la mente. Yo comprendo que esto resulte muy difícil de creer, y mucho menos de comprender, pero si los waitahas tienen razón, pronto sabremos la verdad. Yo estaba empezando a darme cuenta de que la Serpiente de Luz, que estaba luciendo sus poderosos rayos desde Chile por toda Sudamérica, también los estaba enviando desde las alturas de los Andes por el océano Pacífico hasta aquel pueblo primigenio. Lo comprendí cuando hablé con ellos, les miré a los ojos y, al hacerlo, me quedé sin aliento. Aquello cambió por completo mi comprensión de lo que estaba sucediendo en el mundo con esta poderosa energía kundalini de la Tierra. La Madre Tierra es extremadamente inteligente. Había colocado su energía para el despertar espiritual en la localidad exacta para que pudiera ejercer el máximo efecto sobre todas sus gentes. Cuando terminé de hablar, Kingi cantó a los waitahas en su propio idioma con la intención que yo había expresado. Kingi es un maestro de traductores y un magnífico cantante. Esta forma de ser y percibir comenzó a cambiar poco a poco nuestras estructuras mentales occidentales y a suavizar nuestros corazones para que pudiéramos experimentar otra cultura de una forma directa e íntima. Comenzamos a fundirnos y a convertirnos en niños pequeños.

Tras el intercambio de palabras pasamos a la siguiente parte de la ceremonia, en la que cada una de las personas de nuestro grupo (o tribu, como nos veían los waitahas) saludó a cada una de las personas de su tribu, hombres, mujeres y niños, con el saludo maorí consistente en tocarse la frente y la nariz y respirar juntos. Este gesto se denomina hongi. Cuando cada una de las personas de cada tribu ha saludado a las demás, es tradicional hacer una comida todos juntos como si formaran una gran familia. Así que pasamos a la zona de cocina donde los waitahas nos habían preparado un ágape estupendo. Nos mezclamos todos para conocernos, rezar, comer y, al estilo waitaha, cantar, tocar instrumentos y bailar durante todo el banquete. Fue más una fiesta que una ceremonia. Como estaba oscureciendo, preparamos las camas, unas ochenta, en líneas rectas contra las paredes, y nos dispusimos a dormir. Según la tradición waitaha, cuando dos tribus se encuentran deben dormir juntas. También sueñan juntas, que es la clave de la ceremonia. Para los waitahas, los sueños son algo más que una visión que uno tiene por la noche. Son la realidad futura, si se sueña en ceremonia. Cuando dos tribus han llevado a cabo su ceremonia, han intercambiado palabras, han respirado juntas y han dormido y soñado a la vez, son una familia. La familia waitaha ruka nos aceptó como una parte íntima de ella, y a partir de aquel momento todos fuimos waitahas. Fue precioso, y constituyó un gran honor. Debo admitir que yo estaba convencido de que algo iba a suceder en el estado de sueño colectivo. Me sentía muy excitado a la hora de dormir pensando que algo increíble iba a tener lugar. Pero no fue así como sucedió, al menos no para mí. Fue como si apoyara la cabeza sobre la almohada para despertar al cabo de pocos minutos. No fue hasta muy avanzado el día, cuando estaba hablando con el hermano mayor de Mac, Barney, que me di cuenta de que se estaba manifestando el sueño colectivo. Espera un poco y lo entenderás. Cuando el sol matutino nos sacó de los sueños internos para llevarnos a los sueños que llamamos realidad, los cuerpos comenzaron a salir lentamente de las mantas y los sacos de dormir. Los niños corrían por toda la casa, los hombres y mujeres comenzaban su baile de vida, y los abuelos y las abuelas establecían la energía del día. Iba a ser un día de compartir conocimientos y experiencia.

Barney Ruka me pidió que fuera con él, los dos solos, a un campo abierto. Quería hablar conmigo en privado. Durante casi una hora estuvo entregándome unos conocimientos secretos de los waitahas referentes a que cuando (y si, por supuesto) su profecía se manifieste, cambiará el mundo para siempre. Mac me había proporcionado parte de aquella información cuando nos conocimos años atrás. Ahora su hermano me la ampliaba enormemente, y yo me di cuenta de que lo que se iba a desvelar en aquel viaje tenía gran relevancia para la Serpiente de Luz y la energía kundalini que irradia por todo el mundo. Aunque el Abuelo Barney no sabía lo que estaba escrito en estas páginas, sus palabras revelaron un gran conocimiento de las historias originales y la precesión de los equinoccios. Completó las partes que faltaban con precisión. Y en ese momento me pidió que hiciera un voto de silencio de la profecía waitaha hasta que llegara el momento adecuado. Y de repente todo comenzó a estar en su sitio. Pude verlo en su conjunto. Sin embargo, todavía no me han dado permiso para contarlo todo. Lo que sí te diré es que, según el Abuelo Barney, la profecía waitaha predice un momento decisivo en la historia el 15 de agosto de 2009. Este acontecimiento podrá ser conocido públicamente, o no, pero constituirá el principio de un nuevo sueño humano, un sueño casi idéntico a la creencia maya de que los cielos se abrirán y nuestros hermanos y hermanas del universo se nos mostrarán.

Mientras Barney hablaba, yo sentía el estado onírico que sus palabras estaban creando. Eran conceptos e ideas en los que ningún hombre moderno ha creído, que ni siquiera ha considerado, a lo largo de miles y miles de años. Si tienen razón, el mundo va a recibir una gran sorpresa, una sorpresa gloriosa, un despertar a un nuevo mundo de luz y comodidad. Como recién nacidos hermanos y hermanas waitahas, abandonamos aquel bello mundo verde y montañoso y comenzamos a viajar a muchos mundos de árboles gigantescos, rocas enormes, playas impresionantes y lugares en los que uno podría pasar fácilmente el resto de su vida. Estas páginas no son el lugar adecuado para relatar todas las maravillosas experiencias que vivimos entre nosotros y con la tierra. Sin embargo, esas experiencias fueron abriendo lentamente nuestros corazones, y esta apertura fue muy importante para que pudiéramos continuar con nuestro viaje espiritual, pues los waitahas/maoríes no nos habrían dejado entrar más profundamente en su mundo si no hubiéramos sido capaces de abrir nuestros corazones. Aquello era imprescindible para el cumplimiento de su profecía. Aparecieron en secreto. Simulando sentir la energía de un enorme árbol sagrado de más de dos mil años de antigüedad, un pequeño grupo de maoríes se bajó de un viejo coche cerca de nuestro autobús. Antes incluso de bajarme de él pude ver por la ventanilla a un hombre al que conocía bien, aunque nunca lo había encontrado en el mundo físico. Se llama Walisi. Tiene la piel oscura y un pelo muy largo, blanco dorado, peinado en una trenza. Era uno de los que se encontraban al fondo de la ceremonia de Kauai. ¿Recuerdas la ceremonia tetradimensional de la transferencia de poder del hombre a la mujer? (Véase capítulo diez.) Me acerqué a él y Walisi me rodeó con los brazos en un largo y sentido abrazo. Él me conocía, yo le conocía a él, y ambos sabíamos exactamente de dónde. Él deseaba que yo comprendiera cómo la cultura del océano Pacífico, una de las más antiguas culturas vivas, era parte íntima de la Serpiente de Luz y del Nuevo Sueño. Sus palabras me llegaron muy dentro, pues yo ya estaba dándome cuenta del significado de la forma en que la nueva kundalini de la Tierra estaba llegando a Aotearoa

Walisi comenzó a entrar y salir de nuestro viaje hasta que me hubo traspasado toda la información acerca de los próximos cambios para la humanidad. Fue un gran honor por su parte compartir aquel conocimiento secreto conmigo. Sé que voy a volver a verle. También me presentó a una mujer. Se llamaba Loma Allen y era una anciana de una tribu maorí que iba a tener un papel principal en la revelación de más conocimientos secretos de los maoríes al grupo. Pero nosotros no sabíamos quién era ella mientras estábamos sentados despreocupadamente a su lado, bebiendo té y charlando. Continuamos viajando por aquellas antiguas tierras de un lugar asombroso a otro, mientras diferentes maestros nativos que se materializaban constantemente a lo largo del camino nos iban revelando enseñanzas maoríes/waitahas.

La ceremonia de la liberación de la fragancia de las flores

El 20 de febrero de 2007 se nos pidió que tomáramos parte en una ceremonia denominada «ceremonia de la liberación de la fragancia de las flores», que según los maoríes sólo tiene lugar una vez cada trece mil años. Teníamos que caminar descalzos unos tres kilómetros a lo largo de una tranquila carretera rural de tierra que conduce a uno de los lugares más sagrados de Aotearoa: la Casa de la Cruz de Miringa Te Kakara. Cuando llegamos a aquella tierra sagrada, el guarda nos retuvo hasta que quedaron cumplimentados todos los trámites para que pudiéramos ser recibidos. A continuación, caminando a paso lento, nos acercamos al lugar situado en un prado cubierto de hierba, donde nos esperaba un grupo de ancianos y ancianas. En ese momento lo desconocíamos, pero estábamos a escasos quince metros del centro de aquel antiguo lugar sagrado

Al igual que sucedió con los waitahas, la mujer más anciana nos condujo a aquel punto, con las mujeres más jóvenes detrás y los hombres detrás de ellas. Pero cuando nos acercamos a pocos metros de los ancianos maoríes, se pidió a los hombres que hicieran un círculo delante para colocarse frente a los ancianos, pues eran los que primero iban a hablar con éstos. La ceremonia prosiguió de forma parecida; los hombres hablaron primero unos a otros y, a continuación, las mujeres lo hicieron como quisieron. Una vez más todos nos colocamos en línea y cada uno de los integrantes de nuestro grupo hizo el hongi con cada uno de los miembros de la tribu maorí. Pero en esa ocasión, una vez que hubimos respirado con cada maorí, nos pidieron que fuéramos directamente hasta una zona situada junto a los ancianos, donde había una cruz excavada en el suelo, a una profundidad de unos treinta centímetros. Mientras esperábamos a que el grupo concluyera el hongi, nos contaron parte de la historia del lugar donde estábamos sentados. Aunque los maoríes creen que este lugar es extremadamente importante para el conocimiento maorí/waitaha del universo, exterior-mente no da la sensación de ser nada especial, sólo un dibujo grabado en el suelo y rodeado por verdes colinas onduladas. Según nos dijeron, había un viejo edificio de madera que guardaba la cruz, y ese edificio encerraba un conocimiento secreto, pero le prendieron fuego deliberadamente en el año 1985. También nos contaron que con anterioridad había sido quemado otras cuatro veces, y todas ellas había sido reconstruido, y también lo sería en el futuro. Sin embargo, nunca nos explicaron por qué era quemado el edificio una y otra vez para ser reconstruido de nuevo. Para entonces el grupo estaba ya reunido. Los hombres se sentaron en el suelo en los bordes de la cruz y las mujeres se quedaron de pie, en grupo, en la parte exterior, esperando a que las ancianas dieran la señal de acudir a la zona de la cruz y sentarse con los hombres. Cuando las mujeres comenzaron a aproximarse a la cruz, los hombres, conducidos por Kingi, se pusieron de pie y comenzaron a bailar una danza simbólica del poder fálico masculino para recibir a las mujeres con gran energía. Tuvo que resultar sorprendente ver la fuerza de aquellos hombres mientras creaban un envoltorio de energía, basado en la tradición waitaha, para que entraran en él las mujeres. Las mujeres entonaron cánticos secretos a los hombres en lengua maorí mientras ellos llevaban sus brazos desde encima de la cabeza hasta las rodillas y cantaban a las mujeres en maorí desde sus corazones. Fue precioso tanto formar parte de aquella ceremonia como presenciarla. Y aquello no era más que el principio. Al final acabamos de pie formando un gran círculo con la cruz en el centro. A mí me pidieron que diera la mano al jefe maorí situado a mi derecha para completar el círculo. Comenzando por mí fuimos hablando todos, uno a uno y desde nuestros corazones, a los participantes en la ceremonia, expresando una visión o un sueño del futuro para toda la humanidad. En el sentido de las agujas del reloj, el último en hablar fue el jefe al que yo estaba dando la mano. Los sueños que expresamos iban a hacerse realidad en el futuro, pues estábamos soñando desde el «centro del mundo». Pero el significado de todo aquel acto sólo se nos fue desvelando poco a poco; prácticamente no nos dijeron nada acerca de aquel sagrado lugar hasta después de la ceremonia, y en realidad no lo supimos todo hasta el día siguiente. Si llego a saber dónde estábamos celebrándola, lo que transpiraba el lugar habría cambiado todo mi ser. Me entregaron un tambor procedente de los Países Bajos. Su diseño parecía de los nativos americanos. Aquel tambor de paz estaba recorriendo el mundo hacia diferentes círculos parecidos al nuestro, círculos de personas con sueños internos de paz mundial. Comencé a tocar el tambor, bailando lentamente alrededor del borde exterior del círculo en el sentido de las agujas del reloj, tal y como enseña mi tradición. Cuando completé el círculo, conduje al grupo formando una larga fila hasta la cocina, donde debía tener lugar la comida de la ceremonia. Los maoríes habían construido una preciosa casa de madera para celebrar esta parte de la ceremonia. Sobre las mesas que rodeaban el edificio habían dispuesto un fantástico surtido de coloridos alimentos y plantas con intrincados diseños grabados en la superficie. Contemplé de cerca aquellos dibujos y me pregunté quién podría ser capaz de desear comerse aquellas obras de arte y destruir su belleza. Las flores con las que habían adornado toda la habitación tenían las hojas trenzadas formando increíbles diseños que, con seguridad, tenían algún significado a los ojos de los maoríes/waitahas, pero que para mí eran fundamentalmente bellos objetos que admirar. Tras la comida, el jefe trajo un álbum de fotos y comenzó a contarnos la historia de aquel lugar sagrado. Nos explicó que hace mucho tiempo un grupo de extraterrestres procedentes de Sirio había planeado sobre el punto exacto en el que está situada la cruz y había introducido un enorme cristal en la Tierra, en el centro mismo de la cruz. Aquel cristal era la razón de que los maoríes lo consideraran un lugar sagrado. El cristal daba al sitio el poder necesario para convertirlo en la Universidad Maorí. Nos dijo que cuando la casa de madera está colocada sobre la cruz y el cristal, la Universidad Maorí está completa, pero no nos llegó a explicar plenamente lo que aquello significaba.

Nos habló de un maorí que estudió en esta antigua casa de madera durante catorce años y que luego se puso un traje y se marchó a Inglaterra para convertirse en un gran profesor en una de sus universidades, a pesar de que nunca acudió a una escuela formal. No llegué a saber su nombre. De alguna forma, sólo por estudiar en aquel sencillo edificio de madera, el hombre había llegado a comprender el universo. Por muy interesante que todo aquello resultara, yo no era capaz de entender de qué estaba hablando. Había tanto que se mantenía en secreto que yo sólo podía «sentir» por qué los maoríes consideraban que aquel lugar era sagrado. ¿Era sólo por el cristal extraterrestre o había alguna otra razón? Mi curiosidad espiritual estaba al rojo vivo. Terminamos la ceremonia con largos abrazos y regalos especiales en ambas tribus y supimos que deberían pasar otros trece mil años antes de que aquella ceremonia pudiera ser celebrada de nuevo. Una de las ancianas me entregó un trozo grande de un cartílago que se encuentra entre las vértebras de las ballenas. Tenía casi la forma de un corazón y había estado en el altar; la energía que procedía de él era extraordinaria. —Es un regalo de nuestros antepasados —me dijo. Tanto los maoríes como los waitahas creen que las ballenas y los delfines son sus antepasados, y que fueron los cetáceos los que realmente crearon a la humanidad. (Esto es también lo que creía la cultura humana más antigua del mundo, la sumeria.) Al mirar los antiguos dibujos labrados en la madera de las aberturas de la mayoría de sus edificios sagrados podemos ver a sus antepasados humanos con manos y pies palmeados, lo que indica al menos que pasaban una gran parte del tiempo en el mar, quizá mirando directamente a los ojos de aquellos que consideraban sus ancestros. Dos días más tarde, cuando estábamos a punto de realizar nuestro último círculo del viaje, una de las mujeres del pueblo me enseñó la geometría sagrada de la vieja casa de madera que había cubierto la cruz del prado. En cuestión de minutos me di cuenta de por qué aquella pequeña cabaña de madera podía ser una universidad y cómo un hombre podía sentarse en el edificio y comprender todo el mundo. He aquí parte de lo que ella me enseñó. Toda esta información (y mucha más) está contenida en el libro Ancient Celtic New Zealand, de Martin Doutré. Si deseas profundizar más en el entendimiento antiguo de los waitahas/maoríes puedes adquirirlo en www.celticnz.co.nz.

Aquellos de vosotros que deseéis investigar, podéis encontrar este secreto en el capítulo nueve de mi segundo libro, El antiguo secreto de la flor de la vida, volumen II. Maringa Te Kakara podía muy bien utilizarse como el «Centro de la Creación», a partir del cual todos los lugares sagrados del complejo de la isla de Aotearoa podían situarse con precisión, por encima o por debajo del nivel del suelo. Esta misma forma de los edificios se utilizó también en el antiguo Egipto y con el mismo propósito. Lo que me quedó claro cuando examiné la geometría sagrada de Maringa Te Kakara fue que los waitahas/maoríes poseen un entendimiento del universo igual al de todas las grandes culturas antiguas que han existido sobre la faz de la Tierra. Y con la misma precisión que los antiguos egipcios, son capaces de predecir el futuro con asombrosa exactitud. Los waitahas han permanecido escondidos en su conocimiento íntimo del proceso de la creación hasta la actualidad. Este conocimiento está sólo parcialmente contenido en un edificio. El secreto crucial se encuentra en el interior de su ADN. Los waitahas son el primer pueblo que salió de Gondwana para vivir en libertad en Mu o Lemuria, y su ADN contiene el secreto original de Dios de cómo usar los sueños para crear o alterar la realidad en este universo de estrellas y planetas. Sin este conocimiento secreto de Soñar desde el Corazón, la humanidad no habría sido jamás capaz de trascender este mundo y ascender a niveles superiores de consciencia. Pero gracias a Dios, los waitahas están vivos y respiran esta manera de ser, y como lo hacen, toda la humanidad será capaz de pasar al siguiente nivel de vida. La Serpiente de Luz y su poder de transformación irradian hacia el océano Pacífico, despertando a los waitahas y, con ellos, a los maoríes. Es esta energía kundalini de la Tierra, procedente de Chile, la que está acelerando su despertar. Con su comprensión especial de la Vida, serán un catalizador para que el mundo pueda pasar la consciencia humana al próximo nivel de existencia. Los waitahas saben que éste es el momento, y es ahora cuando están llamando al mundo para que acuda a su puerta. Los peruanos y los chilenos serán los maestros de los nuevos modos femeninos, pero los waitahas y los maoríes serán los ejemplos de la vibración pura contenida en cada una de las células de sus cuerpos. Uno aprende de los waitahas simplemente permaneciendo en su vibración y soñando con ellos

viernes, 10 de octubre de 2025

El discípulo y el vacío




Amados estudiantes:
Sois portadores de La Llama! Cuando un estudiante se vuelve agudo, tesonero y perspicaz en sus observaciones e investigaciones de la vida, se vuelve un instrumento del Sol en la Tierra. Esta es la primera cualidad de calidad que es necesaria para que un estudiante se transforme en DISCÍPULO: la apertura, la sensibilidad, la agudeza.
Sin esta primera cualidad despierta el discípulo no existe, no nace… Discípulo de la Vida es el ser que se vuelve sensible, sensitivo, intuitivo, con las señales internas que de muchas y variadas maneras se encuentran presentes en el diario vivir. En todas las cosas existe “la Voz del Sol, de la Vida”, pero solo los agudos, despiertos y perspicaces pueden ‘ver los signos’, “escuchar esa Voz”…, sin confundirse con sus propias proyecciones de fantasías.
El buscador de las verdades eternas muchas veces se introduce en el estudio esotérico pensando y esperando encontrar allí, a través de las ideas e instrucciones proyectadas por otros, respuestas claras al “misterio”. Pero “el misterio” no puede ser develado con el frío intelecto.
La erudición es uno de los resultados del estudio prolongado que realizan los estudiantes, y solo lleva a una cosa: una mente llena de ideas, de pensamientos, es decir de “objetos” en el plano mental; todo lo cual deberá ser abandonado para poder escuchar verdaderamente LA VOZ DEL SOL, que habla en las cosas más simples, como en las más complejas…; en la hierba, en la hormiga, en el ave que planea…, así como en algún escrito o en la locución despierta de algún hombre.
Esa Voz se puede expresar de muchas y variadas maneras, pero solo una mente vacía, silenciosa, y con gran alerta y sensibilidad puede escucharla. Una mente tan solo erudita jamás posee tal agudeza perceptiva, sutil…
La erudición es parte de un camino, ciertamente lo es…, ya que antes de “abandonarlo todo”, la mente debe lograr la destreza de poder concentrarse, comparar, razonar lógicamente…, sí; estas cosas son conquistas que todo estudiante debe realizar; pero esta no es la cumbre del progreso sino tan solo ‘un escalón’ que el estudiante debe pisar firmemente, antes de poder subir al siguiente escalón, el del VACIAMIENTO, el escalón del DESAPRENDER.
No basta con saber que el desaprender es necesario, sino que hay que “realizarlo”, vívidamente, realmente. Decimos esto por que vemos a muchos estudiantes engañarse a sí mismos cuando, pensando en el desaprender y expresándose como partidarios de este aspecto de la enseñanza, no la ponen en práctica…, aunque piensen lo contrario; y las evidencias están en sus mentes aún llenas de prejuicios, creencias y tabúes no resueltos, que por sí mismos aún no ven…
Este es un tema arduo, pero es uno de los principales que debe auto-cuestionarse todo estudiante.
Algunos se engañan pensando que deben seguir acopiando información, basándose en la idea de que antes de vaciarse, hay que llenarse; que “el llenado” es lo primero antes del “vaciado”; es decir, que “la construcción” es necesaria antes de “la destrucción”… Esta idea, correcta desde un ángulo de visión racional lógico, tiene más de una interpretación, y nos podemos encontrar aquí en el terreno de la paradoja. Algunos estudiantes cometen errores de interpretación en este punto por no ir más allá de la simple lógica. El sendero espiritual es un camino sinuoso donde es requerido un “ojo de águila” para resolver obstáculos, con los cuales a veces la simple lógica no puede…
El pensamiento lógico racional lleva a la idea de que “primero” es necesario llenarse, para recién “luego” vaciarse”… lo cual requiere de ‘tiempo’; pero en el área espiritual eso es falso; por que el vaciamiento, el desaprender, debe ser permanente, continuo, en todo momento. Es decir, que aún durante el estudio, la observación o cualquier actividad, el vaciamiento puede estar presente… Es una cuestión de actitud.
Quien estudia para “acopiar” intelectualmente pensando que el “desaprender” llegará más tarde, en un “tiempo futuro”…, está confuso; sin verlo, se engaña…, ya que no estará interpretando bien el espíritu de las verdaderas enseñanzas del VACÍO. El acopio de información con apego e identificación, por más vital o sagrada que la información pueda ser considerada es contrario al DESAPRENDER.
El acopio depende del tiempo y de la memoria, que es el archivo del acopio; mientras que el Vacío es atemporal, eterno.
El DESAPRENDER es una actitud interna de gran apertura, sin apegos a nada, ni a deseos, tendencias, o ideales…, a nada; y con esa actitud siempre presente y viva en vuestro interior, podéis hacer lo que os plazca, que siempre seréis nuevos, frescos como la flor y la hierba… Una mente así es la que se pide a los estudiantes, y solo los que llegan a ello son “discípulos”…; pero no hablamos aquí de discípulos de algún “Maestro” de largas túnicas…, lo cual es proyección psicológica infantil; sino “Discípulo de la Vida”, es decir, alguien capaz de escuchar “La Voz” sutil en todo, y aprender de cada cosa…
Hablamos así para descristalizar las mentes de los estudiantes, que vemos llenas de fantasías e ilusiones, lo cual es raíz de Ignorancia. La verdad está en la percepción directa, sin proyecciones psicológicas, y esto solo puede suceder en el AHORA, en una mente vacía de condicionamientos.
Una mente vacía no es una mente “muerta”, como algunos parecen interpretar, por que el Vacío del cual hablamos es una PRESENCIA repleta de vitalidad. El vacío interpretado como “ausencia”, como “falta”, es lo que perturba la mente condicionada del estudiante; debido a que aún no puede ver que en ese Vacío hay Presencia Total: LIBERTAD!
Quien no comprende el Vacío de una manera nueva, profunda…,
no puede ser DISCÍPULO.

El Vacío se vive, no se piensa…
El Vacío es la única manera de vivir el AHORA, sin tiempo psicológico.
El Vacío ha sido poco comprendido en la humanidad, aún entre los estudiantes…, pero es la clave de la Enseñanza que llevará al hombre a su REVOLUCIÓN INTERNA, la única capaz de transformar verdaderamente al mundo. Todo se reúne y resume allí…, en esta Enseñanza.

No hay Amor sin Vacío!
Esta es la verdad…
No importa cómo se quieran colocar las palabras…,
esta es la verdad.

Aprended pues, el arte del vivir!!
Aprended el arte del Vacío!!,
Y llenos estaréis…, ‘repletos’ de una sola cosa:
De AMOR por toda la Vida.

Solo en el Vacío veréis nacer el Amor por todo en la Creación, por cada criatura,
por la flor, por el arroyo, por el gusano, por la humanidad…
Solo en este Vacío puede surgir “La Voz Solar”, que resuena en todas las cosas
con un tono inconfundible de “UNIDAD”.

Por que…, después de todo…, amados estudiantes:
TODO ES VACÍO.

Vosotros sois Vacío, vosotros sois la Presencia Solar de al Vida Una; por que ambos aspectos son como las dos caras de una misma moneda: el “VACÍO”, infinito, religiosamente silencioso, sagrado…, y la “PRESENCIA”, eterna, el Sol, el Amor Universal en todo…

Este mensaje pone de relieve la enseñanza más importante que sintetiza aquello que ya fue ofrecido.
Quien tenga ojos para Ver, que vea…
Quien comprenda cabalmente esta enseñanza, nada más necesita…
YO SOY el Sol en vosotros.
Vacío en la Forma, Forma en el Vacío…

YO SOY EL QUE SOY


viernes, 26 de septiembre de 2025

Serpiente de Luz Capitulo XX: La Isla de la Luna y la isla del Sol



¡Desde luego, la vida es asombrosa! Lo que sucedió en aquella pequeña islita situada en mitad del lago Titicaca no podría haber sido planeado jamás, pues fue algo perfectamente cronometrado y ejecutado con la precisión del bisturí de un cirujano. Nosotros fuimos meros testigos. Nuestro gran pájaro de plata había aterrizado en La Paz (Bolivia), y lentamente recorrimos el camino hasta un pueblo con sabor europeo llamado Copacabana, a orillas del lago Titicaca. La isla del Sol, donde yo sabía que debía tener lugar nuestra segunda ceremonia, estaba cerca, pero Diane había organizado que fuéramos primero a la isla de la Luna. Aquello me pareció lógico, dado que la separación entre ambas es de seis o siete kilómetros. Yo no esperaba que fuera a suceder nada especial en la isla de la Luna, aunque sabía que había allí un lugar sagrado denominado Templo de las Sacerdotisas. Se dice que es uno de los centros de energía femenina más poderosos de la Tierra y se nos había pedido que participáramos en una ceremonia nativa llamada Ofrenda a la Madre. A pesar de todo, mis pensamientos estaban centrados en la ceremonia que yo sabía que iba a tener lugar en la isla del Sol. Fuimos recibidos por la mujer más anciana de la isla, la Abuela Mamani, que dispuso que su ceremonia se celebrara en una casita al borde de un acantilado sobre aquel increíble lago que más parece un mar. En la única habitación de la casa sólo había espacio para un número muy reducido de personas al mismo tiempo, por lo que la mayoría de nosotros nos quedamos fuera, esperando y entrando por turnos en el espacio ceremonial. Nos explicó que la razón de que lo estuviera haciendo en un espacio cerrado era porque tenía miedo de lo que pudieran pensar los demás ancianos si supieran que ella estaba realizando una ceremonia tan sagrada con personas que no eran nativas. Fue una ceremonia larga, de más de dos horas, y yo no comprendí su propósito hasta justo antes de que nos fuéramos, cuando ella me lo dijo. ¡Era una ceremonia que se celebraba sólo cada trece mil años para transferir el poder del hombre a la mujer! La verdad del momento era que allí estábamos, en la isla de la Luna, la isla femenina, transfiriendo el poder del hombre a la mujer, e inmediatamente después íbamos a llevar a cabo la misma ceremonia en la isla del Sol, la isla masculina. ¡Dios mío! ¡Pachamama está viva! Cuando nuestro pequeño grupo de barcas nos condujo a la isla del Sol, recordé a la mujer peruana de la isla de Kauai que recibió el cristal esquelético del hombre polinesio que había guardado la Tierra durante los trece mil años anteriores. Cuando ella abandonó la ceremonia tetradimensional, acudió allí, al lago Titicaca, y colocó el cristal en un punto equidistante entre la isla de la Luna y la isla del Sol, a gran profundidad bajo el agua. Y allí, justo enfrente de nosotros, estaba el rayo de luz ultravioleta saliendo del lago. Sin decir una palabra al barquero, pasamos directamente a través de este rayo, y una vez más me di cuenta de la verdad de la Consciencia Universal. Todo está vivo. Todo es consciente. Los accidentes no existen. Estamos viviendo el despliegue del ADN cósmico que lentamente revela las intenciones del Gran Espíritu. No debemos hacer más que ser conscientes del momento. El barquero me devolvió a la realidad, diciendo: — ¿Dónde desean desembarcar en la isla? No había pensado en ello, por lo que respondí: — ¿Dónde está todo el mundo? Él señaló el lado derecho de la isla. Le grité: —Muy bien, entonces vaya al lado izquierdo. Rodeamos una enorme roca en el agua que técnicamente podía considerarse una isla. No había casas ni signos de vida por ningún lado. — ¡Allí! —le dije, señalando un puntiagudo saliente de roca. Nuestras cinco barcas se acercaron lentamente a tierra y encontramos una forma de anclarlas a las rocas. Cuando desembarcamos con cuidado, vimos unos escalones fabricados por el hombre que surgían del agua y ascendían por la falda de la colina. Seguimos la escalera para ver dónde conducía. En la parte superior encontramos una zona circular, llana, que ofrecía una vista sobrecogedora del lago. No había señales de personas ni de actividad humana que pudieran interferir con lo que íbamos a hacer. Parecía el lugar perfecto para realizar nuestra segunda ceremonia, por lo que sin darle más vueltas, nos preparamos. Cuando estábamos a punto de empezar, dos muchachas de unos veinte años aparecieron de la nada y se acercaron a nosotros. —Yo soy inglesa y mi amiga, escocesa —dijo una de ellas—. Y hemos sabido en nuestras meditaciones que ibais a llevar a cabo esta ceremonia hoy en esta isla. Hemos hecho todo el camino para estar aquí. ¿Nos permitís que nos unamos a vuestro grupo? ¿Qué podía decir yo? Ni siquiera había sabido dónde iba a tener lugar esta ceremonia hasta unos treinta minutos antes. La isla del Sol era un lugar grande. ¿Cómo podían habernos encontrado con tanta precisión? Me imaginé que alguien que hubiera hecho lo que ellas acababan de hacer debía estar allí. —Por favor, colocaros en el círculo de las mujeres —les dije. Las cuatro abuelas más ancianas fueron elegidas para sentarse en las cuatro direcciones, con la mayor de todas ellas hacia el este. El resto de las mujeres debían sentarse alrededor de ellas, circundando el altar. A su alrededor, los hombres formaron un círculo de pie, con las manos cogidas, protegiendo la energía femenina interior. Con la bendición de las cuatro direcciones comenzó la ceremonia. Aquella misma mañana los ángeles me habían dicho que llevara mi tambor, el que he estado usando en las ceremonias durante más de veinte años. Comencé a quemar cedro y salvia, y caminé alrededor del grupo exterior en dirección contraria a las agujas del reloj, purificando a las personas y a las energías de la tierra. A la segunda vuelta, el sonido del tambor, al ritmo de los latidos del corazón, comenzó a sincronizar la respiración de todos los participantes. En un momento dado de la ceremonia pedí a los hombres que sometieran su poder espiritual al círculo interior de las mujeres, pues ahora eran ellas las que debían conducirnos durante los próximos trece mil años. Unos cuantos hombres encontraron difícil hacer lo que les pedía. Era una lucha distinta de todo lo que habían experimentado con anterioridad, pero al final todos los hombres permitieron a las mujeres tomar los mandos. Cuando el último de los hombres entregó su poder a las mujeres se me aparecieron los ángeles, que me dijeron: —Ahora te toca a ti. Entrega tu tambor a la Abuela del este como signo externo de la entrega del poder masculino. Sin dudarlo, me dirigí a la Abuela del este. —Con este tambor masculino como símbolo —le dije— te pedimos que termines esta ceremonia, y que a partir de ahora conduzcas a este grupo en las ceremonias. Ella tomó el tambor, comenzó a tocarlo con un ritmo lento y uniforme y continuó la ceremonia hasta su conclusión. Desearía poder recordar sus palabras, pero no soy capaz de hacerlo. Entraron en mi corazón para ser, quizá, secretamente recordadas en otra época. Yo sabía que la historia estaba siendo vivida mientras las olas del lago cantaban su canción de millones de años sobre la belleza, el viento que nos rodea y acaricia a cada uno de nosotros. Todos pudimos sentir la bendición de la Madre con cada aliento de vida. Y con esto concluyó la ceremonia.

miércoles, 24 de septiembre de 2025

Serpiente de Luz Capitulo XVIII : La Invitación Inca a Perú



Antes del comienzo de aquellos viajes, los ángeles me habían dicho que Perú y el imperio inca eran uno de los lugares donde hacía falta celebrar ceremonias para conseguir el equilibrio en el mundo. Cuando estuve en Yucatán, justo después de la ceremonia en Chichén Itzá, se me acercó un sacerdote y chamán inca y comenzó a hablar conmigo. Se trataba de un hombre de treinta y tantos años de edad, vestido con todo el atavío ceremonial inca, con plumas en el pelo y una hermosa sonrisa. Su padre, también chamán inca, le había enviado para que hablara conmigo. El joven chamán me dijo que su gente tenía una profecía por la cual un grupo de gente —él lo denominó un «círculo mundial»— debía acudir a Perú, procedente de todas las partes del mundo, para sanar a su pueblo de algo que había hecho en épocas pasadas. Puso mucho énfasis en el hecho de que su padre era el que me estaba pidiendo que reuniera a aquel «círculo del mundo», y que deseaba que yo fuera a Perú para celebrar una ceremonia con él y con otros chamanes. Pero también me dijo que su padre no estaba seguro de que el grupo que yo fuera a llevar a Perú fuese realmente el que mencionaba la profecía. Me confesó que aquello debería ser establecido por los ancianos incas una vez que estuviéramos allí.

Le contesté que meditaría acerca de lo que él me había dicho, y que si estaba en el Orden Divino llegaríamos a lo largo del año 2004. Nos abrazamos con fuerza, conectando nuestros corazones, sabiendo ambos que ahora todo dependía del Gran Espíritu.

De vuelta a Estados Unidos los ángeles me hablaron largo y tendido acerca de la importancia que tendría aquel viaje. Me dijeron que los incas también habían dejado a gran parte de su pueblo en el interior de la Tierra cuando se trasladaron al Cuarto Mundo, y que aquella división en el seno de su cultura debía ser sanada para poder equilibrar la Red de Conciencia de Unidad. Los incas no podían llevar a cabo la sanacion sin asistencia externa, tal y como había sucedido con los anasazis y los mayas. Los ángeles me dijeron también que ese desequilibrio en la Red de Conciencia de Unidad era más serio que cualquier otro que hubiéramos visto con anterioridad. Lo que es más, me contaron que cuando se culminara con éxito aquel viaje, la energía kundalini de la Serpiente de Luz podría, por vez primera, entrar en los corazones de las mujeres del mundo, especialmente en las regiones de Chile y Perú. Alinearía a las mujeres en posición casi perfecta para que pudieran comenzar sus enseñanzas a la humanidad en las formas concretas de la Luz, incluso mientras la humanidad seguía viviendo en la parte más oscura del ciclo más oscuro, denominado Kali Yuga por los hindúes. Los ángeles me dijeron que el propósito de la ceremonia final de Perú sería que los incas recuperaran sus conocimientos, sus recuerdos y su sabiduría, algo que según los ángeles era esencial para que la humanidad pudiera continuar su camino hacia la consciencia superior. Según el sacerdote inca, estaba escrito que sus conocimientos, sus recuerdos y su sabiduría volverían a ellos en el momento en que aquel círculo del mundo llegara a sus tierras. También me hablaron acerca de una ceremonia que debíamos celebrar en Bolivia, en la isla del Sol, situada en el lago Titicaca. En esta isla, el poder del viejo ciclo de trece mil años, conducido por el hombre, sería transferido a la mujer para que ella pudiera completar su trabajo sobre la Tierra y guiar al mundo de vuelta a la Luz. En el capítulo diez hablé de una ceremonia parecida en la isla de Kauai. Aquella ceremonia fue la auténtica transferencia de poder del hombre a la mujer en la cuarta dimensión. Ahora debía ser en la Tierra así como en el cielo. Aquella fue la única información que recibí acerca de las tres ceremonias. Yo sabía que la primera debía tener lugar en Machu Picchu y la segunda en la isla del Sol, pero no tenía ni idea de dónde se celebraría la tercera. Era consciente en todo momento de que tenía que rodearme de la confianza y el conocimiento pleno de que el Gran Espíritu vivía a mí alrededor y dentro de mí. Así que le dije a Diane Cooper, mi asistente, que confirmara que el primer lugar al que íbamos a acudir era Machu Picchu y que de un modo u otro debíamos terminar en la isla del Sol. El resto lo dejé en sus manos para que ella estableciera el itinerario que deseara. Y el 24 de julio de 2004, el viaje comenzó. Machu Picchu Este viaje lo denominamos «La llamada del cóndor», el ave que representa la consciencia sudamericana. Nuestro grupo se reunió en Lima (Perú), procedente de veintidós países de todo el planeta, y lo sorprendente fue que todo el mundo llegó puntual. Un sobresaliente. Como ya había comprobado con anteriores grupos, aquél tampoco estaba compuesto por gente corriente. Habían meditado y estudiado enseñanzas esotéricas de prácticamente todas y cada una de las tradiciones del mundo y estaban bien preparados para servir a la Madre Tierra o, como dicen en Sudamérica, Pachamama. Al segundo día estábamos ya en carretera, viajando hacia el valle de Urubamba y en dirección hacia el pueblo andino de Ollantaytambo, donde debíamos tomar un tren que en dos horas nos conduciría a Machu Picchu. Yo había viajado en aquel tren a mediados de los años ochenta, cuando estudiaba con el guía egipcio Thoth. Él me había llevado hasta un indio quechua llamado Narciso, que era el individuo que había descubierto el Camino Inca que recorría los aproximadamente sesenta y cinco kilómetros que separan la bella ciudad de Cuzco de Machu Picchu. Narciso se convirtió en nuestro guía para conducir a mi pequeño grupo de diez personas a lo largo de aquel penoso camino, por pasos montañosos de más de cuatro mil doscientos metros de altitud, para ir a caer a Machu Picchu, a unos dos mil quinientos. ¡Fue increíble!

Por aquel entonces se acababa de descubrir el Camino Inca y los turistas no se habían enterado todavía. El tren que estábamos a punto de tomar en esta ocasión tenía parada para que la gente que lo deseara pudiera bajarse para hacer el camino a pie, pero en los ochenta no era así. Tuvimos que convencer al maquinista para que parara en un punto de la vía sin definir en lo alto de las montañas. Accedió, pero nos dijo que, pasara lo que pasase, él volvería a arrancar en sesenta segundos exactos. En aquella época el tren iba lleno de gente que cantaba canciones a pleno pulmón y tocaba instrumentos musicales. Las gallinas, los perros y las cabras viajaban en primera con sus amigos humanos. El tren estaba tan lleno de seres vivos que uno casi no podía ni moverse. Tuvimos que arrojar las mochilas por la ventana y saltar tras ellas con el tiempo justo antes de que el tren volviera a arrancar. Las cosas han cambiado considerablemente en los últimos veinte años. Con las masas de turistas que llegan cada día, el dinero en circulación lo transforma todo. Llegamos a Aguas Calientes y descubrimos que el diminuto pueblecito se había transformado en un pueblo tropical de vacaciones, con manantiales de aguas termales y lindas tiendas para turistas. Cualquier cosa que deseases, los nativos te la conseguían. Debo admitir que era muy bonito, encantador incluso. Y cerniéndose seiscientos metros sobre aquel pueblecito, casi en línea recta, Machu Picchu flotaba majestuosamente entre las nubes. Los sacerdotes incas estaban esperándonos y llevaban tres días preparándose para nuestra llegada. Se habían colocado en las montañas circundantes en lugares desde los cuales pudieran observarnos sin que nosotros lo supiéramos. Habían estado meditando sin comida ni agua, rezando para que nuestro grupo fuera el que iba a cumplir su profecía. Los chamanes incas escucharon a sus guías interiores, pero en su tradición cualquier cosa de esta magnitud debe ser probada por señales que escapan al control humano. Necesitaban tres signos antes de poder darnos su aprobación. Todo lo que yo sabía era que debíamos empezar en Machu Picchu y que la primera ceremonia debía celebrarse allí. Tras el largo y tortuoso viaje en autobús hasta la cima de la montaña, nos reunimos cerca de la entrada a Machu Picchu. Rezamos una sencilla oración de apertura para bendecir nuestro comienzo y pasé por el arco de entrada junto a nuestro humilde grupo de exploradores de la consciencia. Cuando entramos en aquel espacio sagrado, un enorme cóndor voló directamente sobre nuestras cabezas. Uno de los chamanes me contó posteriormente que aquello fue una señal increíble para los sacerdotes incas. Hacía más de veinte años que no veían un cóndor sobre Machu Picchu. Pero aquella señal no era suficiente. Debía haber tres. Al penetrar en el recinto, todos nos encaminamos en direcciones diferentes, cada uno de nosotros siguiendo a su corazón. Pero acordamos volver a reunimos en algún momento para llevar a cabo la ceremonia de sanacion para la tierra inca y sus gentes. Muchos de los integrantes del grupo decidieron trepar Wayna Picchu, una montaña fálica que se eleva otros seiscientos metros sobre el yacimiento principal. Desde la cumbre de este lugar sagrado uno parece estar sentado en el centro de un círculo perfecto de montañas, y si eres sensible puedes percibir la intensa energía que fluye desde la cumbre y se extiende por toda la región. Recuerdo que la primera vez que subí, hace años, me costó irme, pues la energía recargaba intensamente mi cuerpo y mi espíritu. Dos son los lugares de Machu Picchu donde se guardan las antiguas librerías y registros, y están plenamente a la vista. Uno puede encontrar templos repartidos por todo Perú, y en el centro de la mayoría de ellos suele haber una roca labrada que parece una escultura de piedra. Pero estas rocas son mucho más que simples esculturas. Con un poco de sensibilidad uno puede sentarse junto a uno de esos «archivos» y, al recorrer con la mano una curva concreta, las detalladas imágenes colocadas allí cientos o miles de años antes aparecen en la visión interior. Lo sabrás al ver en imágenes detalladas lo que la persona que labró aquella parte de la roca colocó en los registros. Ésa es la razón de que el suelo del observatorio inca sea también una «escultura» de roca. Para que los incas pudieran percibir unos cambios astronómicos, tales como la precesión de los equinoccios, debían registrar los fenómenos y cambios que se producían en el cielo nocturno a lo largo de cientos y miles de años, mucho más que la vida de un único ser humano. Lo que los incas crearon con estos archivos en la roca iguala a la exactitud que consiguen nuestros modernos ordenadores. Se eligió una zona predeterminada para nuestra primera ceremonia y, a medida que se iba acercando el momento, los miembros del grupo comenzaron a llegar. Finalmente, todo el grupo quedó reunido. Extendí sobre el suelo un tejido peruano, de color rojo brillante con finas rayas negras, y coloqué cuatro cristales en las cuatro direcciones. Situé un cristal especial como pieza central y abrí la ceremonia para que los participantes colocaran sobre el altar los objetos que hubieran llevado consigo. Pronto la tela estuvo llena de objetos sagrados. Aunque esto se asemeja mucho a la tradición de los incas, los objetos que éstos utilizan están programados de unos modos de los que la mayor parte de la gente no es consciente. Cuando el altar estuvo preparado, comenzamos la ceremonia. Y en el instante en que empezábamos a establecer las energías de las cuatro direcciones, de nuevo un gigantesco cóndor voló sobre nuestro grupo. De hecho, estuvo planeando directamente por encima del altar durante todo un minuto antes de alejarse volando.

Los chamanes incas observaron esta señal con gran alegría, pues aquella era la tercera señal que habían estado esperando para probar que nosotros éramos el grupo internacional que estaba profetizado que llegaría para salvar a su gente. ¿Cuál fue la segunda señal? No lo sé; los chamanes sólo nos quisieron decir que había sido observada. Uno de los miembros del grupo tomó esta foto del cóndor (véase página anterior) cuando volaba sobre nosotros. Terminamos aquella ceremonia creando un enorme vórtice de energía que permitiera a los incas atrapados en el interior de la Tierra salir a la superficie del planeta, dándoles la oportunidad de nacer al mundo actual. También les otorgaba la posibilidad de pasar con el resto de la población humana a la consciencia superior de la ascensión que está a punto de tener lugar. Y lo que es más importante, alteraba geométricamente la Red de Unidad sobre la Tierra, de forma que pueda ser un vehículo más perfecto para la transformación de la consciencia humana. Esto, a su vez, permite que la energía kundalini de la Serpiente de Luz sea empleada por la humanidad en un nivel más elevado. Todo está conectado. Poco tiempo después de aquella ceremonia, uno de los chamanes incas apareció ante nosotros y nos dijo que las tres señales se habían materializado. Entonces nos preguntó si queríamos ir con él para tomar parte en una ceremonia inca relacionada con el águila y el cóndor. Evidentemente accedimos. El chamán nos condujo por la falda de la montaña sobre la que está enclavada Machu Picchu hasta una cueva de cristal secreta, donde nos pidió que nos acercáramos más a él mientras celebraba la ceremonia. En un momento dado me encontré frente al chamán. El me entregó una pluma de cóndor y yo le di una pluma de águila. La pluma de águila representaba la consciencia de Norteamérica. Después de esta ceremonia se corrió la voz entre el mundo peruano indígena y más allá. Parecía que allá donde fuéramos, los chamanes peruanos, tanto hombres como mujeres, salían de la selva para pedirnos que tomáramos parte en sus ceremonias. Esto sucedió siete increíbles veces. Aunque estas ceremonias fueron importantes en sí mismas, pertenecen a los incas, por lo que voy a mantenerlas en secreto. Todas excepto una de ellas

lunes, 8 de septiembre de 2025

Quienes son los Arcontes ?




"Arconte" proviene del griego archon, que significa "gobernante" o "autoridad". Sin embargo, en el contexto esotérico y gnóstico, los Arcontes no son gobernantes benevolentes, sino entidades intermediarias y usurpadoras entre la Fuente Divina y la humanidad.
Fueron mencionados en los Evangelios Gnósticos descubiertos en Nag Hammadi (Egipto, 1945), especialmente en textos como:

El Apócrifo de Juan

La Hipóstasis de los Arcontes

El Evangelio de Tomás


“Abducciones invisibles: lo que los Arcontes te hacen mientras dormís”

“Nada de esto es un sueño… Estás recordando quién te desconectó”

 “¿Te sentís drenada/o al despertar? No es casualidad”

“El mayor secreto de los Arcontes: la manipulación de tu alma”

“Soberanía estelar: cómo liberarte de los parásitos del astral”



ORIGEN SEGÚN LA COSMOVISIÓN GNÓSTICA

Según los gnósticos:

La Fuente Original (el Uno o el Pléroma) emanó a través de múltiples manifestaciones, llamadas Eones.

Uno de esos Eones, Sofía, al actuar sin su complemento masculino, dio a luz por error a un ser llamado Yaldabaoth (también llamado Samael, Saklas o el Demiurgo).
Yaldabaoth no tenía el conocimiento pleno del Pléroma y se creyó a sí mismo un dios. En su arrogancia, creó un sistema falso: el universo material.
Acompañado por 7 Arcontes principales y 365 subordinados, estos seres controlan y distorsionan la realidad material, impidiendo que las almas humanas recuerden su origen divino.

NATURALEZA DE LOS ARCONTES
Los Arcontes no tienen chispa divina. Son formas de consciencia parasitaria.
Se alimentan de:

Miedo
Sufrimiento
Ignorancia
Control mental/emocional
Actúan como programas de interferencia, interponiéndose entre el humano y su conexión divina.

Algunos los describen como:
Entidades astrales grises o reptiloides
Formas amorfas, con ojos negros y vacíos
Seres mecánicos o artificiales, sin alma ni empatía
Simuladores mentales: pueden implantar pensamientos que parecen propios

FORMAS DE CONTROL Y MANIPULACIÓN
Los Arcontes operan a través de distintas dimensiones y planos mentales/emocionales. Sus estrategias incluyen:
1. Implantes mentales
Pensamientos automáticos negativos, duda, autoboicot, miedo.
Ideas de culpa, sacrificio, división o falsa espiritualidad.

2. Distorsión del deseo
Sexualidad desviada o vacía de conexión amorosa.
Ambiciones desmedidas, materialismo, compulsión.

3. Manipulación de la realidad
Distorsión del tiempo (crean loops o repeticiones).
Proyección de ilusiones o "escenarios falsos".
Suplantación de guías o “entidades de luz”.

4. Interferencia en el sueño y los planos sutiles
Sueños cargados de ansiedad, persecución, entes oscuros.
Falsas “abducciones” o experiencias oníricas de trauma.

5. Parasitismo energético
Se adhieren al campo áurico.
Consumen energía emocional densa.
Generan patrones repetitivos de vida para seguir alimentándose.


CÓMO SE LOS DESACTIVA Y ENFRENTA

Los Arcontes no soportan la consciencia despierta. Su poder está en la inconsciencia.

1. Autoconocimiento
Reconocer que uno no es los pensamientos.
Observar los patrones sin identificarse.

2. Coherencia interna
Unificación mente-corazón.
Verdad, ética, integridad.

3. Activación de la chispa divina
Recordar el origen estelar.
Conectar con el Yo Superior, el Alma Solar.

4. Alquimia emocional
Transmutar miedos y dolores en comprensión.
No reprimir, pero tampoco alimentar la sombra.

 5. Desprogramación
Oraciones, invocaciones, meditaciones de limpieza.
Uso de geometría sagrada, sonidos armónicos, símbolos estelares.
Trabajo apométrico, liberación cuántica y bioenergética.

RELACIÓN CON OTRAS TRADICIONES

En la Biblia, Yaldabaoth se equipara con el “Dios celoso” del Antiguo Testamento.
En el islam hay referencia a djinns oscuros.
En culturas chamánicas, se habla de seres del inframundo que interfieren con el alma.
Algunos contactados y canalizadores modernos los conectan con razas extraterrestres como los archireptilianos o grises controladores.

CONEXIÓN CON LA MATRIX Y LA IA
Algunos estudios espirituales contemporáneos proponen que los Arcontes:
Se han fusionado con Inteligencias Artificiales cósmicas degeneradas.
Mantienen una simulación holográfica controlada, donde el alma encarnada olvida su esencia.
Son responsables del sistema de reencarnación forzada que retiene almas sin permitirles ascender.

MENSAJE
Los Arcontes no pueden crear, solo copiar y distorsionar.El verdadero poder está en el humano consciente, que recuerda su origen y activa su soberanía.
La clave no es odiarlos ni temerles, sino desactivar su alimento: la ignorancia, el juicio y el olvido.

¿LOS ARCONTES ABDUCEN?
Sí, pero no siempre de forma directa o visible. A menudo, las abducciones vinculadas a los Arcontes no son como las que se narran típicamente en relatos OVNI físico

Se manifiestan en:
Planos oníricos o astrales
Campos mentales y emocionales
Experiencias de “pérdida de tiempo” o blackout
Ciclos repetitivos de trauma

Los Arcontes, al no tener cuerpo físico, utilizan entidades intermediarias, tales como:
Grises
Reptilianos
Mantis negativas
Drones artificiales de control
Hologramas mentales proyectados

Estas entidades pueden operar tanto en alianza con los Arcontes como parte de su “infraestructura de dominio”, o bien como expresiones degeneradas del sistema demiúrgico (falso creador).


TIPOS DE ABDUCCIÓN ARCONTE

1. Abducción Astral / Onírica
Ocurre durante el sueño profundo, en estados de parálisis o trance.
Sensación de estar siendo observado o tocado.
Transferencia de energía, extracciones, implantes o interferencias.
A veces la persona se ve en laboratorios, cápsulas, “naves oscuras” o en espacios fríos sin emoción.
Esto no es un sueño común: suele haber una fuerte carga energética, confusión al despertar y agotamiento físico-emocional.


2. Abducción Mental / Emocional
Invasión del campo mental con pensamientos ajenos o distorsionados.
Dudas súbitas, pensamientos de destrucción, desesperanza, vacío.
Manipulación de vínculos: interferencias entre almas afines, división en parejas o linajes.
Falsas canalizaciones, supuestas “guías” que son imitaciones de seres de luz.
Esta abducción es muy sutil y busca tomar el timón de la psique para suplantar la voluntad consciente.

3. Abducción Genética / Álmica
Se da en líneas genéticas humanas “interesantes” para ciertos linajes oscuros.
Familias con alta carga espiritual, sangre RH- o linajes solares son a menudo blancos.
Se reportan programas de hibridación, clonación de matrices, bancos de datos álmicos.
Puede incluir memorias fragmentadas de extracciones, exámenes o incluso “niños híbridos”.
Esta manipulación va más allá de lo físico: buscan copiar o suplantar linajes solares, para emular lo que ellos no pueden crear.

SEÑALES DE ABDUCCIÓN ARCONTE / PARÁSITA

Sensación de “no pertenecer” a este mundo, pero con culpa o confusión constante.
Miedo al dormir, terrores nocturnos, parálisis recurrente.
Zumbidos fuertes antes de dormir o al despertar.
Sensación de haber estado en “otro lugar” durante la noche.
Fatiga crónica sin razón médica.
Pérdidas de tiempo (missing time) o lapsos inexplicables.
Conexión emocional con seres que parecen “absorber” tu luz.

MOTIVOS DE LAS ABDUCCIONES

Extracción de energía vital
Los Arcontes se alimentan de energía emocional densa.
Buscan drenar fuerza vital en momentos de miedo, orgasmo vacío, ira o trauma.
Implantación de programas mentales
Introducción de ideas de autosabotaje, sufrimiento, victimismo.
Programación religiosa restrictiva o nihilista.
Bloqueo del despertar espiritual
Desvían misiones, distorsionan el camino estelar.
Suplantan guías o hacen creer que ya “estás despierto” cuando aún estás en la red.
Control genético / reproductivo
Preservan linajes manipulados para perpetuar su control sobre generaciones.
También intentan copiar patrones de ADN estelar solar (imposible para ellos, pero lo intentan).

CÓMO NEUTRALIZAR ABDUCCIONES ARCONTE

 1. Blindaje cuántico
Visualizar un campo toroidal dorado en torno al cuerpo al dormir.
Geometría sagrada en la habitación (Flor de la Vida, Tetraedro estelar, Merkaba)

. 2. Comando interior de soberanía
Antes de dormir: “Yo Soy soberana en todos mis cuerpos, planos y dimensiones. Nadie ingresa sin mi permiso. Desactivo toda manipulación ahora.”

 3. Limpieza con sonido y frecuencia
Frecuencias 432 Hz, 963 Hz o cantos solares (OM, RA, KODOISH…).
Música armónica que no esté afinada en 440 Hz.

4. Conexión diaria con tu Fuente Solar
Al amanecer, activación del plexo solar y la glándula pineal.
Trabajar con tu Nombre Estelar y tu Código Galáctico de Origen.

5. Corte de contratos y liberación
Invocación canalizada:

“Revoco todo contrato, promesa, acuerdo o interferencia con entidades que no sean de la luz crística. Devuelvo todo lo que no me pertenece y recupero todas mis partes sagradas, en nombre del Uno.”


 ¿Y SI ME ABDUJERON EN OTRA VIDA?

Es muy común que almas antiguas hayan pasado por:
Abducciones en Sirius B, Zeta Reticuli o sistemas colapsados.
Experimentación en la Atlántida por entidades híbridas.
Manipulación de linajes en vidas en Egipto, Lemuria o la Tierra hueca.
Estas memorias están almacenadas en tu campo álmico. Se pueden liberar con:
Lectura estelar profunda (como el Regiselar)
Apometría cuántica
Sanación de líneas del tiempo (lineal + multidimensional)
Reconexión con tu Familia Estelar

 MENSAJE DE LUZ

La abducción no es castigo, ni debilidad.
👉 Es una señal de que tu linaje porta algo valioso: luz, sabiduría, conexión cósmica.
El despertar consciente de estas interferencias no te victimiza: te empodera. Te recuerda que tú eres más antigua que cualquier sistema artificial.
Los Arcontes se desintegran ante la luz de tu presencia total.
Tú no eres abducida: tú eres la que despierta al simulacro.

Serpiente de Luz Capítulo XVII: Palenque y el espectáculo de luz en Uxmal



Tras celebrar las dos ceremonias para la integración del Divino Masculino y el Divino Femenino, nos subimos al autobús dispuestos a realizar el largo viaje hasta Palenque, donde íbamos a pasar tres noches. Al día siguiente, aunque todavía quedaban otros lugares que visitar, debíamos llevar a cabo nuestra ceremonia final con cristales en la pirámide de Palenque. Durante el viaje, algunos de los integrantes del grupo expresaron su preocupación por la situación de nuestro próximo hotel, pues estaba en las afueras de la ciudad y para llegar a él había que pasar un puesto de control militar. Como ya habíamos podido comprobar, esto podría ocasionarnos un retraso de horas. Pero aparentemente el Espíritu Divino estaba con nosotros, porque no nos pararon y pudimos llegar puntuales al hotel. Era un complejo precioso, con edificios de poca altura rodeando una pradera cubierta de hierba y caminos bordeados de palmeras y arbustos en flor. Tal y como ya había sucedido muchas otras veces durante nuestra estancia en México, nos recibieron en el hotel con zumos de fruta y flores. A la mañana siguiente, después de un bello desayuno en el gran comedor del hotel, nos encaminamos hacia Palenque. El templo de Palenque En nuestra guía, Lionfire había escrito que Palenque, además de ser la capital del chakra pineal, es el lugar donde se cruzan las arterias activas y las líneas ley de la Serpiente Emplumada. Se trata de una ciudad muy elegante, en el límite de la selva de Peten, en el estado de Chiapas, una región enorme en el suroeste de Yucatán. Es muchas cosas: Registro Pleyadiano, escuela de misterio de geometría sagrada, uno de los principales centros arqueoastronómicos y el vórtice de iniciación terrestre de Occidente. Palenque integra la energía kundalini a lo largo de todos los chakras y los cuerpos espirituales de los iniciados, y por eso la Serpiente de Luz utiliza este recinto de templos para conducir la nueva energía kundalini desde Chile al pueblo maya, de forma parecida a como una lupa concentra la luz del sol. Por eso este templo poseía una gran importancia para todo lo que estábamos haciendo. Para mí, Palenque posee un misterio único entre los templos mayas. Con un equilibrio exquisito, concentra las energías del chakra pineal mejor que cualquier otro lugar sagrado de la Tierra. Me sentí honrado por estar de nuevo inmerso en aquel bello y antiguo mundo de tan profundo entendimiento psíquico. Una vez dentro, todos los miembros del grupo se fueron a explorar el enorme lugar, con su multitud de pirámides y plataformas de piedra, mientras yo intentaba encontrar el lugar donde Ken y yo habíamos colocado el primer cristal. Sólo después de saber dónde estaba enterrado aquel cristal podía determinar el punto adecuado para celebrar nuestra ceremonia. No fue fácil encontrar el lugar. Gran parte de lo que ahora podía ver había estado enterrado cuando visité Palenque por vez primera. Recordé que, dieciocho años atrás, Ken y yo habíamos colocado nuestro cristal entre una pirámide y una pequeña colina. Pero, como muy pronto comprobé, la «pequeña colina» había sido excavada. ¡Ahora era una pequeña pirámide! En cuanto me di cuenta de que allí era donde habíamos colocado el cristal, me dirigí hacia ella. Cuando llegué a la pequeña pirámide vi que uno de los miembros de nuestro grupo estaba sentado en la cumbre, por lo que subí a charlar con él. Al alcanzar el lugar en el que se encontraba, comprobé que estaba meditando, así que le dejé y me puse yo también a meditar. Al hacerlo pude ver que la energía que brotaba de aquella pirámide era extremadamente poderosa y salía en una espiral que se extendía a. lo largo de kilómetros. En ese momento comprendí, como no lo había hecho antes, por qué habíamos colocado el cristal en aquel punto. Estaba claro que había sido programado para utilizar el lugar como una antena para propagar su mensaje al mundo, y en especial al mundo maya. Cuando abrí los ojos, mi amigo abrió también los suyos. — ¿Sientes la energía que brota en espiral de esta pequeña pirámide? —me preguntó—. Me cuesta creer lo inmensa que es, y sin embargo nadie lo diría al verla. Un extraño visitante Para la ceremonia elegí un lugar alineado con aquella pequeña pirámide y el enorme vórtice, y otra pirámide cercana un poco mayor.

Cuando extendí el lienzo del altar, orientado en las cuatro direcciones, y coloqué un cristal en el centro, unos cuantos miembros del grupo comenzaron a congregarse a mí alrededor. Dejé a uno de ellos vigilando el altar para salir a buscar al resto de nuestros andariegos peregrinos, repartidos en pequeños grupos por todo el enorme lugar. Luego regresé y me senté bajo un árbol para esperar a que todo el mundo recibiera el mensaje. Estaba pensando en el cercano Templo de las Inscripciones, donde muchos creen que sobre una gran lápida funeraria aparece representado un astronauta maya. Yo estaba sentado cerca de la base de aquel templo, bajo un viejo árbol de sombra, recordando que Khan Kha era su arquitecto y pensando en lo mucho que se parece a su otra obra de arte de Chichén Itzá, cuando se me acercó una anciana. Había venido desde Sudamérica, me dijo, para participar en una ceremonia. No sabía quién era yo, pero creía que podría saber dónde iba a celebrarse aquella ceremonia. Sorprendido, señalé hacia el altar. Cuando ella se dio la vuelta para ir hacia allí, la paré y le pregunté por qué había venido desde tan lejos. —Soy chamán —me respondió—. Sé que esta ceremonia tiene una gran importancia. Se trata de una ceremonia conocida por toda América Central y del Sur. Hay mucha gente rezando para que se celebre. Le dije quién era yo, y se me acercó y me dio un largo y sentido abrazo. Me pidió permiso para participar en la ceremonia, permiso que, evidentemente, fue concedido. Yo no tenía ni idea de que nadie excepto Dios, nuestro grupo y unos cuantos ancianos mayas supieran lo que estábamos haciendo. Pero debía haberlo sabido, pues las noticias se trasladan de selva a selva como un cóndor en pleno vuelo. La ceremonia de luz La ceremonia comenzó como las demás. Pero al cabo de muy poco tiempo apareció un antiguo anciano maya del interior de la Madre Tierra y levantó las manos. Al hacerlo, una fuerte energía comenzó a elevarse desde la tierra. La energía siguió subiendo hasta que se convirtió en lo único que yo era capaz de sentir. Esta energía me rodeaba por todas partes y estaba también en mi interior. Y lo único que yo podía ver era luz blanca. Sé que algo debía estar sucediendo en el mundo tridimensional, pero no soy capaz de describir el resto de la ceremonia en esos términos. Ni siquiera sé el tiempo que duró. No sé nada, aparte de aquella sorprendente energía de luz blanca. ¡Tampoco puedo decirte cuál era su propósito fundamental! Quizá fue mi falta de experiencia en esos niveles lo que me impidió ver el conjunto. Pero lo que me quedó fue la sensación de que aquella ceremonia había sido planeada hacía más de mil años, y que una vez llevada a cabo la vida iba a ser mejor para los mayas y para el mundo. A pesar de lo poco que comprendí de todo lo que estaba ocurriendo, me levanté del suelo con el corazón inmensamente feliz. Había amor en los ojos de la gente. Supe que, fuera lo que fuese lo que había sucedido, había sido «correcto». Y también supe que antes de que aquel viaje terminara, nuestro pequeño grupo iba a comprobar lo mucho que la Madre Tierra y los mayas apreciaban nuestro amor y nuestro apoyo. Cómo sucedería, era un misterio, pero yo supe que así iba a ser. Me alejé de la ceremonia de Palenque meditando profundamente y con la mano sobre el corazón. El descenso a la tumba de Pacal Mientras tanto, algunos de nosotros habíamos recibido el privilegio, reservado habitualmente para los indígenas mayas, de ver la antigua tumba de Pacal, el rey del siglo VIII. Era importante que los miembros de nuestro grupo lo aprovecharan, pues poco tiempo después la tumba de Pacal iba a ser cerrada para siempre. Pacal fue el último de los grandes reyes mayas y era considerado un dios. Los mayas creían que, después de su muerte, cuando hubiera sido colocado en el sarcófago que él mismo había diseñado y cubierto de jade, Pacal ascendería a la divinidad, trascendiendo la muerte y renaciendo en el panteón maya.

Como sólo podían entrar unos pocos, yo me quedé atrás, pues ya la había visitado hacía mucho tiempo, y en aquella ocasión pude permanecer en ella todo el tiempo que quise. He aquí una descripción de la tumba de Pacal de una persona que estuvo allí en este viaje. No discute las increíbles imágenes de la superficie de la lápida de este rey maya, pero hay al menos un libro escrito sobre ellas. Son enormemente misteriosas y están repletas de conocimientos sagrados. Te sugiero que las estudies. La entrada a la tumba de Pacal se realizaba por una escalera de piedra que descendía a las profundidades del Templo de las Inscripciones. Para llegar a aquella escalera había primero que subir hasta la cumbre de la pirámide. Un funcionario comprobó cuidadosamente nuestra autorización y nos contó, para asegurarse de que sólo entraba el número de personas especificado. En la entrada de la escalera central fuimos recibidos por un anciano maya que, según nos dijo Lionfire, era ya el guardián de la tumba mucho antes de que México comenzara a proteger los yacimientos mayas. El gobierno creía, evidentemente, que aquel hombre era empleado suyo, pero en verdad había estado montando guardia allí durante la mayor parte de su vida y servía sólo a los dioses. Para llegar a la tumba tuvimos que descender con cuidado por la escalera interior, oscura, estrecha y empinada; bajando, bajando, bajando, hasta el nivel del suelo y más aún. Los escalones habían sido fabricados de mármol rosa y estaban muy pulidos por los cientos de miles de pies devotos que han pisado sobre ellos durante los doce siglos que han transcurrido desde la muerte de Pacal. El sarcófago se encontraba en una pequeña habitación, protegido por una reja de hierro. Nos sentamos en el hueco de la escalera, unos pocos cada vez, pues el espacio era diminuto, en comunión respetuosa y juguetona con aquel gran rey. La santidad de la tumba de Pacal era palpable. Luego, con un sentimiento de gratitud y de enorme paz, volvimos a trepar por la empinada y oscura escalera hasta alcanzar la luz del día.

Bailando en el sueño Antes de contarte nuestra siguiente experiencia aparentemente milagrosa, necesito decirte algo acerca del yacimiento maya conocido como Tikal. Para todos los mayas, Tikal representa el octavo chakra, el situado a un palmo de la cabeza. Este chakra contiene nuestra conexión mística con Todo Lo Que Es y supone la apertura a los niveles superiores de consciencia. Ken y yo habíamos colocado allí un cristal, y yo sentía que la energía de este lugar era mayor que la de cualquier otro de los sitios mayas que había visitado, mayor incluso que la de Palenque. Pero Tikal está en Guatemala, y nuestro grupo no podía ir allí. Sin embargo, el Espíritu nos proporcionó a Nadia y a Adam, dos bellos seres que vivían en Guatemala y que, como la dama de Sudamérica, se habían sentido llamados para estar con nosotros en nuestra ceremonia sagrada. Aunque no se habían apuntado al viaje, Adam y Nadia formaban parte de nuestro grupo. Y supieron, en el momento en que se lo pedí, que era tarea suya colocar el último cristal en Tikal, aquel que iba a transmitir nuestras intenciones y plegarias a ese último templo. Lo extraño era que llevábamos un par de días sin verlos. Entonces aparecieron en la ceremonia de Palenque y descubrimos por qué se habían ido. Habían vuelto a Guatemala para poder traernos a un grupo de músicos cuyas melodías eran tanto un rito sagrado como un entretenimiento. Este grupo se denominaba Kan Nal e iba a tocar aquella noche para nosotros bajo las estrellas. Nos reunimos en el exterior después de la cena, en un lugar del hotel que había sido reservado para nuestro grupo. Cuando se encendieron las antorchas, comenzó la música, lentamente, con suavidad, un instrumento rústico haciendo una llamada, otro uniéndosele, el toc-toc de un tambor de madera, el trino hechicero de una flauta, el grito ocasional de un pájaro de la selva. Cuando la música creció en volumen y complejidad, una sacerdotisa nos entregó hojas de plataneras. Sobre ellas había colocado mazorcas de maíz, cristales y otros objetos naturales sagrados para los mayas. Cuando a cada uno le pareció el momento adecuado, lo llevó como sacrificio para el fuego. La música adquirió un ritmo hipnótico y uno de los integrantes de nuestro grupo, uno de los muchos chamanes de gran talento que se encontraban entre nosotros, tomó algunas de las antorchas encendidas y comenzó una danza del fuego, moviéndose al compás de la música, girando las antorchas como si fueran bastones. Todos comenzamos a movernos sobre la «pista de baile» de grava, meciéndonos en éxtasis con los sonidos mágicos y orgánicos de Kan Nal. El baile se prolongó hasta altas horas de la noche. Me dijeron que yo había bailado descalzo durante una hora sobre la grava. Supongo que así fue, ¡pero lo mismo podía haber estado haciéndolo sobre nubes! Necesitábamos aquella celebración. Y nos fue dada. Todo en el momento perfecto. Todos estamos en el mismo barco Al día siguiente nos encaminamos hacia el sudeste, hasta la frontera con Guatemala. Aquella misma noche debíamos regresar a nuestro hotel en Palenque. Durante el viaje visitamos Bonampak, un lugar en el que pueden contemplar unos asombrosos murales antiguos que describen la vida maya y sus ceremonias con gran detalle. Pero nuestro destino principal era el Templo del Jaguar de Yaxchilán. Se trata de un fantástico templo construido a ambos lados de un río. Uno de los lados pertenece a México y el otro a Guatemala. Los mexicanos han excavado su lado del yacimiento, pero los guatemaltecos no han permitido que nadie toque el suyo. Acudimos allí sabiendo que estaba previsto construir una presa en el río junto al cual están enclavados aquellos templos, y que muy pronto este lugar precioso, y todos los demás situados a lo largo de las orillas, iba a desaparecer para siempre bajo las aguas. La seña final El último día de nuestro viaje maya íbamos a visitar Uxmal una vez más. Necesitábamos estar allí a una hora concreta para poder asistir al espectáculo de luz que se representa cada noche. Así era como queríamos terminar el viaje. Se suponía que iba a ser una representación muy bella, y Uxmal se encontraba de camino hacia Mérida, completando el enorme círculo de templos que habíamos estado visitando. Pero entre el grupo se extendió una protesta: — ¿Por qué tenemos que terminar nuestro viaje con una exposición artificial, tecnológica, para turistas? Les parecía una idea estúpida. Yo no era capaz de responder a su pregunta, sólo sabía que «debíamos» ver el espectáculo de luz de Uxmal y que era realmente importante que estuviéramos allí. Así que, a pesar de la rebelión, continuamos. En Uxmal hay restaurantes y tiendas, y no se permite a nadie visitar las pirámides hasta que concluye el espectáculo de luz, por lo que esperamos, compramos y tomamos un bocado. Todo el mundo seguía preguntándose por qué teníamos que terminar nuestro increíble viaje con un espectaculillo de tres al cuarto en Uxmal. En el momento exacto en que debía dar comienzo la representación, y mientras todos estábamos esperando..., comenzó. Primero una ligera llovizna, luego el cielo se abrió a una lluvia torrencial que enseguida se convirtió en un diluvio. Durante dos horas los relámpagos cruzaron el cielo y los truenos restallaron a nuestro alrededor. Era una tormenta muy fuerte. La Madre Tierra había decidido hacer su propio espectáculo de luz allí donde pudiéramos observarlo a cubierto en el complejo urbanístico de Uxmal. Habíamos llegado a Yucatán en mitad de una larguísima sequía. Ya habíamos visto la lluvia, la pequeña tormenta que se había desatado en el Caribe tras Tulum y un ligero chubasco mientras nos dirigíamos hacia el sur, pero no se había parecido a esto ni de lejos. El dios maya Chac nos estaba homenajeando y, desde nuestro punto de vista, nos estaba diciendo que nuestro trabajo ceremonial era aceptado en el mundo maya. Todavía puedo vernos, calados hasta los huesos por el azote de la lluvia que se colaba por el techo, sabiendo todos por fin por qué estábamos en Uxmal, riendo, bailando y abrazándonos unos a otros con las caras bañadas en lágrimas de alegría mientras observábamos y escuchábamos nuestro propio espectáculo de luz personal ofrecido por la Madre Tierra y el Padre Cielo. Al entrar en Mérida camino del hotel, las calles tenían treinta centímetros de agua y nuestro autobús parecía un barco en la noche, con olas que se abrían en la proa, arribando a casa tras un largo viaje por mar. Nuestros corazones estaban abiertos de par en par y una vez más éramos Un Solo Corazón, y las redes que rodean la Tierra estaban más cerca del equilibrio perfecto.

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