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viernes, 15 de agosto de 2025

Serpiente de Luz Capítulo XV El Arcoiris Circular



Al día siguiente de la celebración del equinoccio en Chichén Itzá, y con las ceremonias y las oraciones resonando aún en nuestros corazones, dejamos el Mayaland Hotel y dirigimos nuestros pasos hacia Quintana Roo. Ese día íbamos a viajar hacia el emplazamiento maya del quinto chakra, situado en Tulum. De camino hacia el hotel, un centro turístico en el Caribe mexicano, debíamos visitar Coba, quizá el mayor yacimiento de Yucatán, aunque gran parte de sus restos aún no han sido excavados. A última hora de la tarde teníamos previsto recorrer el camino hasta uno de los cientos de cenotes de Quintana Roo, situado en tierras particulares y escondido en las selvas cercanas a Tulum. Mientras recorríamos lentamente el largo camino hasta Coba, y después de haber vivido tantas sorpresas, habíamos dejado de pensar en lo que podíamos encontrar. Como niños, nos limitábamos a mantener el corazón y los ojos abiertos. Esperábamos sencillamente que Dios nos mostrara nuestra siguiente responsabilidad. La antigua ciudad de Coba En Coba encontramos un área llena de pequeños establecimientos al aire libre, cubiertos con techados de palma, donde comimos. Una de las especialidades era la leche de coco fresca, que se sorbía con una paja procedente del mismo coco. Tras la comida, penetramos en el recinto del templo de Coba. Este templo abarca casi ochenta kilómetros cuadrados y en un tiempo fue el hogar de una población estimada de cuarenta mil mayas. La antigua ciudad que en origen rodeaba Coba era tan grande que si la hubiéramos podido ver como era hace mil años, probablemente habríamos cambiado nuestro concepto de quiénes eran los mayas. Desde la parte superior de la Gran Pirámide de Coba, Nohoch Mul, podíamos comprobar que allí estuvo establecida una civilización muy avanzada. Nuestro guía, Humberto, nos dijo que Coba era el centro de un sistema de sofisticadas carreteras antiguas denominadas sacbe. Estas carreteras de piedra alcanzaban una altura de uno o dos metros y estaban cubiertas de mortero. En la actualidad, la mayor parte de este mortero ha desaparecido, pero muchas de las piedras permanecen en su sitio, Humberto nos las había estado señalando a lo largo del viaje. En la cumbre de la civilización maya, todas las sacbe conducían a Coba. Como nos comentó Humberto, la razón de ser de estas carreteras constituye un enigma, pues los mayas carecían de medios de transporte sobre ruedas y tampoco tenían caballos. Puede que se utilizaran para procesiones religiosas. Lo cierto es que, según nuestro guía, los dibujos que forman las carreteras están relacionados con el calendario maya. Parecen ser partes de una gigantesca «máquina del tiempo» astronómica, pero no quedó claro cómo pensaba Humberto que funcionaba todo aquello. Es una de esas cosas que alguien debería investigar. Uno de los encantos de Coba son los bicitaxis. Aquellos visitantes que no desean hacer a pie el largo trayecto desde la entrada hasta la Gran Pirámide pueden hacerlo montados en estos vehículos. Carecen de motor y son muy parecidos a rickshaws de cuatro ruedas, pero el conductor va pedaleando en lugar de tirar de ellos a pie. No los vimos en ningún otro lugar de Yucatán. Al acercarme a la Gran Pirámide, Nohoch Mul, me pregunté si se parecería en algo a lo que Ken y yo habíamos visto hacía tantos años. En 1985 allí no había más que una pequeña casa de piedra en lo alto de una gran colina. En la actualidad, ya totalmente descubierta, es la pirámide más alta de Yucatán. Otros muchos de los seis mil templos, pirámides y demás estructuras que se estima que puede haber en el lugar habían sido excavados desde mi visita anterior. Ahora la Gran Pirámide, a pesar de su tamaño, parece algo casi sin importancia entre todas las de este vasto complejo. Resultaba sorprendente ver tantas construcciones descubiertas y dibujadas en los mapas, unas construcciones que anteriormente habían estado escondidas. La energía del lugar era fantástica.
No íbamos a celebrar ninguna ceremonia en Coba, sólo queríamos sentir y estar en comunión. De ahí que todos los integrantes del grupo tuvieran libertad para explorar y, como agua que se evapora, rápidamente desaparecieron entre los árboles para investigar por todo el lugar. Luego, como la niebla que se separa y vuelve a juntarse, se volvían a encontrar descubriendo lugares intrigantes, meditando. Me divertí muchísimo. Todo aquello producía una sensación maravillosa. Tulum: el arco iris circular En los dieciocho años que habían pasado desde que caminé sobre la hierba de Tulum, el gobierno había arreglado la zona para poder controlar con más facilidad a los turistas; y aquel fin de semana había muchos. Sin embargo, nada de eso me importaba; ni las masas de gente, ni los cambios. Podía sentir que lo que iba a suceder allí tendría significado y sería importante para el equilibrio de las energías mayas. Al principio todos nos fuimos en direcciones diferentes, explorando, mientras yo intentaba recordar el lugar en el que habíamos colocado el cristal. Hacía tanto tiempo..., pero al cabo de unos veinte minutos lo encontré. Supe de inmediato que aquél era el lugar cuando miré hacia el interior y vi los frescos. De pie en aquel templo recorrí con la mirada la zona de Tulum, buscando un lugar en el que realizar nuestra ceremonia. Enseguida observé, en una extensión de hierba que rodeaba los templos de Tulum, una zona que parecía brillar más que ninguna otra. Caminé directamente hasta ella. Para entonces el grupo se había congregado y todos me siguieron. El lugar era perfecto. Qué era o por qué lo era, no tengo ni idea, pero era perfecto. A continuación, elegí el lugar que debía marcar el centro de nuestro círculo, coloqué un trozo de tela sobre el suelo para formar el altar y señalicé las cuatro direcciones. Alguien del grupo me entregó un cristal de gran tamaño y lo situé en el centro del altar. Luego los demás fueron añadiendo sus propios artículos y cristales. Muy pronto todo quedó preparado para nuestra ceremonia. Entre los que se ofrecieron voluntarios, elegí a cuatro personas, dos hombres y dos mujeres, para las posiciones de las cuatro direcciones. Los cuatro se colocaron en las direcciones que representaban, de cara al centro del círculo. Por turnos, pronunciaron sus plegarias y «se convirtieron» en aquella dirección, proporcionando protección al círculo interior. Entonces yo me arrodillé en el centro del círculo, representando las direcciones de arriba y abajo, y elevé oraciones para sellar aquel espacio interior. Ahora voy a describir las cosas que tuvieron lugar en aquella ceremonia tan poderosa, en los «planos interiores». A los pocos minutos de haber comenzado, algunos de los mayas que vivían en el interior de la Tierra establecieron contacto conmigo y me pidieron permiso para tomar parte en la ceremonia. Tres mayas muy ancianos aparecieron, literalmente, frente a mí; sus cuerpos eran translúcidos, pero yo podía verlos con claridad. Me miraron a los ojos y con gran respeto preguntaron telepáticamente si podían entrar en la ceremonia. Se unieron a nosotros y a continuación llegaron más. Para ayudar a aquellos integrantes del grupo que no podían «ver», comencé a hablar y a describir lo que estaba ocurriendo en uno de los sóbretenos invisibles de la tercera dimensión que nos rodea. En primer lugar, los tres ancianos mayas que acababan de pedir el permiso entraron en nuestro círculo desde el norte y se colocaron de pie frente al altar. Era evidente que el mayor de los tres, el que estaba en el centro, era el dirigente. Comenzó a hablar en lengua maya, pidiendo a los demás miembros de su tribu que emergieran. A continuación vinieron otros cuatro, dos hombres y dos mujeres, y se colocaron detrás de los de nuestro grupo en cada una de las cuatro direcciones, sellando el espacio interior aún más con su conocimiento y su comprensión. Luego vinieron alrededor de treinta más, que se dispersaron alrededor de nuestro círculo. Tras esto comenzó un intercambio entre nuestro grupo y el suyo. Su interés primordial era obtener el control del medio, y en especial de la lluvia, para aportar equilibrio tanto al Mundo.
Exterior como al Interior, pues ambos estaban desequilibrados. De hecho, la península del Yucatán estaba atravesando un periodo de gran sequía. Llevaba meses sin llover. Los mayas comenzaron a «construir» una inmensa pirámide energética que se extendía en las cuatro direcciones. Al principio la hicieron pequeña, aproximadamente del tamaño y área de la zona sobre la que se encontraba el grupo, y luego la agrandaron con sus mentes hasta que llegó a medir unos cinco kilómetros por cada lado. Lo hicieron exactamente de la misma forma que me habían enseñado a mí los taos pueblo de Nuevo México. «Vieron» o dibujaron en sus mentes aquella pirámide en el espacio de la tercera dimensión (nuestro mundo) y luego, con su intención, la hicieron realidad. También le dieron su aliento para otorgarle energía de fuerza vital, que es lo que realmente hace que el entorno reaccione como si se tratase de una pirámide tridimensional real. Una persona normal no habría sido capaz de ver aquella pirámide, pero el entorno no conoce la diferencia. Y una pirámide actúa exactamente igual que una montaña en la naturaleza. Atrae las nubes y la lluvia. Las pequeñas no producen demasiado efecto, pero las grandes, especialmente cuando alcanzan un tamaño de cinco kilómetros, afectan al entorno como si fuesen montañas gigantescas. Aquella pirámide se convirtió en la «montaña» central para traer la lluvia. Los mayas del interior de la Tierra podían controlar la altura de la montaña, y con ello la cantidad de lluvia que debía llegar a aquella parte de la península. Para aumentar aún más la zona de influencia de la pirámide, los mayas hicieron más y las colocaron una junto a otra, como una sierra que se extendiera muchos kilómetros hacia el norte. Cuando aquello terminó, el anciano maya del centro anunció que llovería antes del día siguiente y que la sequía había pasado. Para terminar la ceremonia, el anciano maya nos pidió que cantáramos al Sol pronunciando su nombre, Kin. Todos, tanto los mayas espectrales como los integrantes de nuestro grupo, entonamos varias veces el nombre del Sol. Con la última nota, levantamos las manos al aire y abrimos los ojos mirando hacia el cielo para dar fin a aquella poderosa ceremonia. Cuando abrimos los ojos con la última nota del sagrado nombre maya del Sol, miramos hacia el cielo y fuimos testigos de un signo deliberado y sagrado que indicaba que habíamos realizado la ceremonia correctamente. Alrededor del Sol, en aquel día claro y sin nubes, pudimos contemplar un arco iris circular, perfecto y brillante, tanto que cada color resaltaba como si se tratara de luz eléctrica. En aquel momento supimos que lo que acabábamos de hacer, y todo lo que estábamos haciendo durante aquel viaje, era bendecido por el Gran Espíritu. Mi corazón se abrió tanto que creí que me derretiría en la Tierra junto con los mayas, que estaban retornando a sus Mundos Interiores. Fue precioso. Me pregunto lo que debieron pensar los cientos de turistas con sus niños cuando nos vieron abrazándonos, llorando y sonriendo de oreja a oreja mientras hablábamos entre nosotros en cuatro o cinco idiomas diferentes. En aquel momento, sin embargo, yo no era consciente de que hubiera más personas por allí. La mayoría de nosotros corrimos hacia el mar y saltamos a las maravillosas aguas color turquesa, que nos columpiaron como a los corchos de una red de pesca. Los que no habían llevado el bañador se metieron vestidos, y todos chapoteamos, reímos y jugamos. ¡Era fantástico! ¡La vida era estupenda! Y todavía, en el cielo, el mágico arco iris seguía rodeando al brillante Sol. Duró muchísimo tiempo. Aparece otra calavera de cristal Un rato después llegó el momento de volver al autobús..., o al menos eso era lo que creíamos. Sin embargo, Dios consideraba que todavía no habíamos concluido aquel día. Cuando cruzaba los terrenos del templo de Tulum, de camino hacia el aparcamiento, me paró el mexicano que me había entregado la calavera blanca en Dzi-bilchaltún. Tenía en las manos otra antigua calavera maya de cristal que me atraía como la llama a una mariposa. Aquélla era verde como el jade y ligeramente transparente. Cuando me conecté con el cristal, me presentó a un único hombre que vivía en su interior. Este me volvió a demostrar cómo los antiguos mayas utilizaban aquellos cristales.
Un individuo era elegido para morir, afirmó. Entonces su espíritu entraba en el cristal y residía en él hasta que el propósito de éste se cumplía. En el cristal blanco lechoso de Dzibilchaltún, los residentes de la calavera habían sido una pareja, hombre y mujer, y una abuela. Si en ésta había otra abuela, yo no la vi. Puede que estuviera allí pero que no se dejara ver. Parece ser que los propósitos de los cristales están siempre relacionados con guardar y mantener los antiguos conocimientos y recuerdos mayas hasta el Final de los Tiempos..., este momento que estamos viviendo ahora. Yo no sabía lo que significaba que tantas calaveras de cristal penetraran en las energías de nuestro pequeño grupo. Normalmente solía aparecer una, como lo hizo en Dzibilchaltún, y una vez que había revelado lo que deseaba revelar, desaparecía de nuevo en la selva. Entonces aparecía otra, interactuaba con nuestro grupo y volvía a desaparecer para no ser vista nunca más. Esto sucedía de continuo, tal y como Hunbatz Men, en su sabiduría maya, había predicho cuando estuvimos tomando el té juntos en Mérida. Aquella noche, poco después de llegar a nuestro bonito hotel, el cielo se abrió y la lluvia comenzó a caer en auténtico diluvio, respondiendo al anuncio del anciano maya de que «llovería antes de mañana». Miré hacia los cielos, cerré los ojos y di gracias a Dios por su bendición y por aquel segundo reconocimiento hacia nuestras oraciones y nuestra ceremonia. No pude evitar volver a sentir, como ya había hecho con anterioridad, que aquél era el grupo «correcto» para lo que estábamos haciendo. Debíamos llevar a cabo dos ceremonias concretas más antes de regresar a Uxmal y Marida. Pero primero debían tener lugar dos procesos para que nos preparáramos a nosotros mismos, y quizá al mundo, liberando nuestras energías negativas masculinas y femeninas de los últimos miles de años. Aquellos dos «procesos» se parecían bastante a una ceremonia, pero de hecho estaban más cerca de la terapia moderna. Cada miembro del grupo había acudido a Yucatán con graves trastornos emocionales internos asociados con sus energías sexuales. Esto le sucede prácticamente a todas las personas. Para explicarlo de forma breve, cuando los chakras sexual, corazón y pineal —el situado en el centro de la cabeza— están alineados, trabajan juntos como si fuesen uno solo. La falta de alineamiento provoca trastornos emocionales, y estos trastornos emocionales provocan la falta de alineamiento. Había que reequilibrar aquellos trastornos en nuestro grupo antes de que pudiéramos llevar a cabo las dos últimas ceremonias, o seríamos incapaces de terminar nuestro trabajo. Para muchas personas, estos dos procesos, que debían tener lugar tras completar nuestro trabajo en Kohunlich, el templo del tercer ojo, constituyeron las experiencias más sentidas de todas las que vivimos a lo largo de nuestro viaje. La energía se había acumulado de tal manera en Tulum que todos sabíamos que nuestro viaje seguiría desarrollándose de una manera milagrosa que estaba fuera de nuestro control. Sólo la Madre Tierra y los antiguos mayas sabían lo que iba a suceder o a dónde conducía aquello. Y eso es exactamente lo que los mayas actuales nos han estado diciendo a todos. En palabras crípticas nos contaron, en agosto de 2003, que el 15 de diciembre de ese mismo año íbamos a entrar en un nuevo mundo. Y que, mientras tanto, puede que estuviéramos rodeados por el caos. Yo sentí que nuestro viaje por tierras mayas estaba demostrando la naturaleza de este cambio que vamos a experimentar todos nosotros. Pues lo cierto es que nuestro mundo es un sueño, y que su naturaleza onírica se está haciendo cada vez más evidente. De hecho, el Soñador está a punto de despertar y darse cuenta de que está soñando. Y lo que es aún más importante, el propio Sueño de vivir en este planeta puede ser ahora cambiado. ¡Ésa es la clave! Después del 8 de noviembre de 2003, momento en el que se produjo un eclipse total de Luna y una gran conjunción planetaria (el acontecimiento astrológico fue denominado Concordancia Armónica), todos debemos ir lentamente dándonos cuenta de que el Sueño es en realidad «sólo luz e intención». Eso es lo que yo creo, aunque sé que todavía va a tardar un tiempo. El portal hacia la cuarta dimensión comenzará a abrirse de par en par para aquellos que saben. ¿Qué es lo que esto significa? Significa que estamos fuera de tiempo. Debemos asumir la responsabilidad de nuestros pensamientos, sentimientos y emociones. Cada uno de nosotros es el Soñador. Y lo que soñemos se hará real en este mundo. Esto es lo que creen los mayas: a medida que nos acercamos al 21 de diciembre de 2012 y al 19 de febrero de 2013, el poder del Soñador se va haciendo cada vez más fuerte.
Los Mundos Interiores y el Mundo Exterior comenzarán ahora a fundirse en uno solo. Esto lo creen no sólo los mayas, sino también muchos otros grupos y profetas indígenas. Y para crear esta unidad, primero debemos quemar la escoria de la dualidad, la nega-tividad con la que hemos vivido tanto tiempo. De acuerdo con eso, la siguiente fase de nuestro viaje sagrado por tierras mayas parecía ofrecernos un patrón para esta preparación que todos estamos experimentando ahora. En los dos días que tardamos en ir de Tulum a Palenque, todos experimentamos una serie de experiencias y ceremonias que parecían diseñadas para conducirnos a todos al siguiente nivel de ser.

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