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miércoles, 15 de octubre de 2025

Serpiente de Luz Capitulo XXI: Los waitahas y los mahories de Nueva Zelanda



Hace mucho tiempo, una amiga nativa americana, Mary Thunder, me llamó pidiéndome permiso para traer a mi casa a un maorí llamado Mac Ruka que quería hablar conmigo. Ella me contó que Mac Ruka estaba considerado la cabeza espiritual de los maoríes y había viajado desde Nueva Zelanda para invitarme a su tierra, a la que él llamaba Aotearoa. En mi último libro, Viviendo en el corazón, conté esta historia, pero no le dediqué toda la atención que merecía. En aquel momento no fui consciente de quién era aquel hombre ni de la importancia de su linaje para la ascensión de la raza humana. Mac me invitó a visitar Nueva Zelanda y me dijo que, cuando lo hiciera, mucho más me sería revelado. Sin embargo, y por las cosas de la vida, el viaje resultó imposible hasta 2007. Por desgracia, Mac falleció a finales de los noventa y no pude volver a verle. Mac tomó parte en la redacción del libro The Song of the Waitaha, así como en otros acerca de este pueblo. Yo creo que también estuvo detrás del texto de la película The Whale Rider, que ganó tantos premios internacionales. Conocí a Mac en 1994 y trece años después decidí que debía ir a Nueva Zelanda para cumplir mi compromiso de visitar algún día a su tribu. Diane y yo planeamos ir allí con otro «círculo mundial», compuesto en esta ocasión por cincuenta y cinco personas procedentes de diecinueve países. Fue interesante la manera en la que entró en mi consciencia realizar aquel viaje. Me habían dado un ejemplar de The Song of the Waitaha, del neozelandés Barry Brailsford. Mientras lo leía, me di cuenta de que los waitahas hablaban exactamente de la forma de «Soñar con el Corazón» que yo estaba experimentando en mi vida y acerca de la cual había escrito en Viviendo en el corazón. Es una forma de soñar que cambia realmente el mundo exterior sobre el que caminamos. Mientras investigaba para el libro descubrí que no había casi nada escrito acerca de los Sueños desde el Corazón o del Espacio Sagrado del Corazón, a excepción de los Upanishads de la India antigua y de un pequeño libro conectado con la Torah judía titulado The Secret Cavern of the Heart. Aparte de estos dos libros, todas las enseñanzas que conscientemente poseo de este tema han estado siempre contenidas en la tradición oral. Ambos libros eran antiguos, pero aquí había otro, procedente de Nueva Zelanda, que describía con gran detalle esta experiencia a partir de una antigua tribu nativa denominada los waitahas, los «portadores del agua». Según sus propias palabras, los waitahas son un pueblo nativo considerado maorí, aunque en su opinión son mucho más antiguos que éstos, pues se remontan a la época de Mu, o Lemuria, hace más de sesenta mil años. Yo creo que, en realidad, hace sesenta mil años tuvo lugar el fin de Lemuria, y el comienzo del linaje waitaha puede remontarse a hace ciento treinta mil años. Ellos se dan cuenta de que no pueden probar científicamente esta afirmación, pero en sus propios relatos orales y en sus canciones este conocimiento está vivo. Yo me sentía intrigado. Y como los ángeles son los que guían mi vida, hace unos pocos años, justo después de leer The Song of the Waitaha, viajé a Suiza para visitar a un hombre llamado Shin Shiva, un gurú que enseñaba kundalini. Durante una comida en su casa, mencioné a los waitahas, pues el contenido del libro estaba muy presente en mi mente. Shin me miró con sorpresa y pidió a uno de sus discípulos que trajera a Ojasvin a la habitación. Unos minutos después, un apuesto hombre de piel oscura y pelo negro entró silenciosamente en el cuarto. Su presencia resultaba sumamente elegante. —Has mencionado a los waitahas y aquí, de pie ante ti, te presento a Ojasvin —dijo Shin—. Es waitaha. Ojasvin me dio un abrazo cálido y lento, y empezó a charlar. A los pocos minutos estaba llorando, mientras me decía: —No he conocido a nadie fuera de mi tribu que comprenda los Sueños del Corazón. Es maravilloso haberte encontrado. Charlamos durante un rato y luego me fui a Francia, donde debía dirigir un taller. Pero no olvidé a aquel hombre. Recuerdo que esto tuvo lugar en 2003.

Cuando el viaje a Aorearoa comenzó a tomar forma, los ángeles me dijeron que iba a aprender mucho en él y que lo que aprendiera debía formar parte del libro que estoy escribiendo. De hecho, dejarlo fuera habría sido no desvelar jamás la verdad completa sobre la Serpiente de Luz, pues los waitahas guardan la pieza secreta para el proceso de ascensión del mundo. Lo guardan en su ADN. Invité a Ojasvin (su nombre waitaha es Kingi) a venir con nosotros, pues los ángeles me habían dicho que él sería «fundamental para unir el mundo del corazón con el mundo de la mente». Kingi aceptó su nombre waitaha para este viaje y, efectivamente, constituyó una luz de valor incalculable para todo el grupo. La reina de los maoríes Aunque habíamos sido invitados por Mac Ruka a ir a Nueva Zelanda, también recibimos otra invitación que eliminó cualquier duda que pudiéramos albergar sobre el hecho de que teníamos que ir y participar en una ceremonia tradicional. La reina de los maoríes, Teahairangi Ka-ahu, que significa «La luz del amanecer que abre el camino a los cielos», nos invitó personalmente a sus bellas islas, que todos los maoríes conocen como Aotearoa. Sólo dos semanas más tarde, la reina falleció. Su hijo ocupó su lugar y concedió permiso a nuestro grupo para que continuáramos. El entierro de la reina Teahairangi Ka-ahu se convirtió en un acontecimiento nacional y fue televisado a toda Nueva Zelanda. Su muerte santa unió a toda la nación. Por su estatus, el entierro tradicional implicaba llevarla en un barco, denominado waka, fabricado y tallado a mano y capaz de atravesar el océano Pacífico a una velocidad de treinta y cinco nudos, aguas abajo hasta su lugar de descanso, en la falda de una montaña sagrada a orillas del río. Me gustaría bendecirla en este libro con el amor en nuestros corazones y desearle un paso seguro hacia los mundos superiores. Comienza el viaje Nos reunimos todos en Auckland, donde llegamos conducidos por los pájaros de plata de los cuatro vientos. ¡Qué bellos rostros, abiertos y listos para todo lo que pudiera llegar! ¡Y cuánto valor! Nos miramos a los ojos y supimos que algo increíble iba a suceder, pero no creo que ninguno de nosotros supiera lo profunda que iba a ser aquella experiencia. Además de los participantes del viaje, había muchos autores, investigadores espirituales, arqueólogos y agencias de viajes trabajando entre bastidores para llevar a aquel grupo procedente de todo el mundo hasta el remoto mundo de los pueblos nativos. La mayor parte de los participantes no tenía ni idea de los planes que fueron necesarios para organizarlo todo, y lo cierto es que yo tampoco. Lo que sí sabía era que sin la ayuda de la comunidad neozelandesa, nuestro viaje habría sido sólo una excursión turística corriente. Nos fueron asignados dos maoríes como guías y para que se quedaran con nosotros mientras nos desplazábamos por todo el país. Poco sabíamos quiénes eran realmente. Una era una anciana maorí llamada Makuini Ruth Tai. Nos pidió que la llamáramos Ruth, y muy pronto había logrado penetrar en nuestros corazones. El otro guía era un maorí llamado Herini. Personificaba los principios masculinos maoríes que han florecido en las islas durante miles de años, y el modo en el que nos condujo hacia el mundo maorí fue impecable y necesario. Cuando terminó el viaje, estos dos maoríes nos habían mostrado el corazón del sendero de su pueblo y nos habían ayudado a entender y a vivir un estilo antiguo, que constituye un antiguo recuerdo perdido para la mayor parte de la población mundial. Gracias a los dos por estar vivos.

Los waitahas En nuestra segunda noche llegamos al corazón de un valle verde y montañoso. Era cálido y acogedor; niños, perros y muchachos corrieron a nuestro autobús para ver quién había llegado procedente de todas las partes del mundo a aquel punto diminuto y aislado, en el interior de una pequeña isla, que separa la Antártida del resto del océano Pacífico. Nosotros sentíamos tanta curiosidad como ellos por lo que iba a suceder. Más tarde nos dijeron que nunca habían visto tanta gente, especialmente de tantos países diferentes. Y nosotros nunca habíamos visto a nadie que se pareciera a ellos. Desde tiempos remotos, los waitahas se han tatuado los rostros y los cuerpos, creando imágenes tanto de belleza como de miedo. Encontrarlos por la calle haría que la mayor parte de la gente intentara protegerse contra ellos, pero si los conoces en el corazón poseen una belleza que rivaliza incluso con la de las flores del loto. Descargamos nuestro pretencioso e inacabable equipaje junto al autobús y alejamos el vehículo del terreno sagrado. A los pocos minutos comenzó la ceremonia. Ruth pidió a la mujer más anciana que se colocara al frente con ella, con las mujeres más jóvenes detrás y los hombres por detrás de éstas formando la última fila. Esperamos en silencio. Seis ancianas, vestidas con chales azules que parecían hechos de agua, formaron una línea recta sobre los escalones de la casa larga, el lugar tradicional donde los waitahas y los maoríes duermen y sueñan juntos. Cuando se reúnen dos o más tribus, suelen tratarse con un estricto protocolo basado en miles de años de tradición. Toda la ceremonia debía seguir aquellas reglas hasta que las diferentes tribus se fundieran y se convirtieran en una sola. A partir de ese momento, todos seríamos waitahas.

Las ancianas comenzaron a cantar un canto waitaha de bienvenida; sus voces tenían un volumen que alcanzaba hasta las colinas situadas a nuestras espaldas. Entonces la anciana maorí Ruth y las mujeres de nuestro grupo devolvieron el canto en maorí dando la respuesta necesaria para cumplir la tradición. Habíamos sido instruidos por Ruth mientras viajábamos en el autobús camino de aquel valle. Los cánticos fueron pasando de unas ancianas a otras mientras ellas se iban acercando cada vez más entre sí. Cuando aquella parte de la tradición terminó, fluimos como el agua hacia la casa larga para la siguiente etapa de la ceremonia. Los waitahas nos colocaron cuidadosamente en lugares previamente establecidos en su interior. Entonces fueron los hombres waitahas los primeros que nos hablaron, la mayor parte del tiempo en lengua waitaha, aunque también algo en inglés, expresándose desde sus corazones. Cuando cada uno de ellos terminaba de hablar, cantaba una canción o tocaba uno de sus instrumentos. Esa era su costumbre. Cuando alguien hablaba desde la mente, repetían lo que había sido dicho poniendo sus intenciones en una música procedente de su corazón. Fue precioso

Como yo era considerado el jefe de mi «tribu de diecinueve países», se me pidió que hablara a los ancianos y al grupo. Pero antes de hacerlo, pedí permiso para que Kingi estuviera a mi lado. Yo les hablaría, pero quería que él les cantara en waitaha para poder llegar más hondo a sus corazones. Recuerdo que les dije que ellos eran el pueblo original del planeta Tierra, procedente de Lemuria, y que lo que estaba contenido en sus recuerdos, sus conocimientos y su antiguo ADN eran los secretos para sanar la Tierra y permitir a la humanidad continuar hacia niveles más elevados de consciencia. También sabía que Soñar desde el Corazón constituía el auténtico secreto para la ascensión del hombre, y que no hay nadie vivo que entienda esto mejor que los waitahas, ni siquiera los mamos kogi de Colombia. Por desconocimiento, el hombre moderno camina «dentro» de su mente, creyendo que las estrellas y los planetas están «fuera» de él. Pero eso no es más que una ilusión. Lo cierto, según los waitahas y los kogis, es que no existe el mundo exterior. Es sólo un holograma creado por la mente. Después de todo, cualquier científico sabe que nuestra única prueba de la existencia de las estrellas y los planetas está basada en los impulsos eléctricos de nuestro cerebro y nuestro cuerpo, nuestros cinco sentidos. Pero sentir algo no prueba que eso exista; en realidad, no prueba nada

Los waitahas creen (al igual que otras muchas razas indígenas, incluidos los antiguos hindúes, que llaman maya a la realidad, lo que significa «ilusión» o «no verdadero») que la realidad exterior no es real. Para ellos la realidad existe sólo en el corazón, y concretamente en un espacio sagrado del interior de este órgano, y no en la mente. Yo comprendo que esto resulte muy difícil de creer, y mucho menos de comprender, pero si los waitahas tienen razón, pronto sabremos la verdad. Yo estaba empezando a darme cuenta de que la Serpiente de Luz, que estaba luciendo sus poderosos rayos desde Chile por toda Sudamérica, también los estaba enviando desde las alturas de los Andes por el océano Pacífico hasta aquel pueblo primigenio. Lo comprendí cuando hablé con ellos, les miré a los ojos y, al hacerlo, me quedé sin aliento. Aquello cambió por completo mi comprensión de lo que estaba sucediendo en el mundo con esta poderosa energía kundalini de la Tierra. La Madre Tierra es extremadamente inteligente. Había colocado su energía para el despertar espiritual en la localidad exacta para que pudiera ejercer el máximo efecto sobre todas sus gentes. Cuando terminé de hablar, Kingi cantó a los waitahas en su propio idioma con la intención que yo había expresado. Kingi es un maestro de traductores y un magnífico cantante. Esta forma de ser y percibir comenzó a cambiar poco a poco nuestras estructuras mentales occidentales y a suavizar nuestros corazones para que pudiéramos experimentar otra cultura de una forma directa e íntima. Comenzamos a fundirnos y a convertirnos en niños pequeños.

Tras el intercambio de palabras pasamos a la siguiente parte de la ceremonia, en la que cada una de las personas de nuestro grupo (o tribu, como nos veían los waitahas) saludó a cada una de las personas de su tribu, hombres, mujeres y niños, con el saludo maorí consistente en tocarse la frente y la nariz y respirar juntos. Este gesto se denomina hongi. Cuando cada una de las personas de cada tribu ha saludado a las demás, es tradicional hacer una comida todos juntos como si formaran una gran familia. Así que pasamos a la zona de cocina donde los waitahas nos habían preparado un ágape estupendo. Nos mezclamos todos para conocernos, rezar, comer y, al estilo waitaha, cantar, tocar instrumentos y bailar durante todo el banquete. Fue más una fiesta que una ceremonia. Como estaba oscureciendo, preparamos las camas, unas ochenta, en líneas rectas contra las paredes, y nos dispusimos a dormir. Según la tradición waitaha, cuando dos tribus se encuentran deben dormir juntas. También sueñan juntas, que es la clave de la ceremonia. Para los waitahas, los sueños son algo más que una visión que uno tiene por la noche. Son la realidad futura, si se sueña en ceremonia. Cuando dos tribus han llevado a cabo su ceremonia, han intercambiado palabras, han respirado juntas y han dormido y soñado a la vez, son una familia. La familia waitaha ruka nos aceptó como una parte íntima de ella, y a partir de aquel momento todos fuimos waitahas. Fue precioso, y constituyó un gran honor. Debo admitir que yo estaba convencido de que algo iba a suceder en el estado de sueño colectivo. Me sentía muy excitado a la hora de dormir pensando que algo increíble iba a tener lugar. Pero no fue así como sucedió, al menos no para mí. Fue como si apoyara la cabeza sobre la almohada para despertar al cabo de pocos minutos. No fue hasta muy avanzado el día, cuando estaba hablando con el hermano mayor de Mac, Barney, que me di cuenta de que se estaba manifestando el sueño colectivo. Espera un poco y lo entenderás. Cuando el sol matutino nos sacó de los sueños internos para llevarnos a los sueños que llamamos realidad, los cuerpos comenzaron a salir lentamente de las mantas y los sacos de dormir. Los niños corrían por toda la casa, los hombres y mujeres comenzaban su baile de vida, y los abuelos y las abuelas establecían la energía del día. Iba a ser un día de compartir conocimientos y experiencia.

Barney Ruka me pidió que fuera con él, los dos solos, a un campo abierto. Quería hablar conmigo en privado. Durante casi una hora estuvo entregándome unos conocimientos secretos de los waitahas referentes a que cuando (y si, por supuesto) su profecía se manifieste, cambiará el mundo para siempre. Mac me había proporcionado parte de aquella información cuando nos conocimos años atrás. Ahora su hermano me la ampliaba enormemente, y yo me di cuenta de que lo que se iba a desvelar en aquel viaje tenía gran relevancia para la Serpiente de Luz y la energía kundalini que irradia por todo el mundo. Aunque el Abuelo Barney no sabía lo que estaba escrito en estas páginas, sus palabras revelaron un gran conocimiento de las historias originales y la precesión de los equinoccios. Completó las partes que faltaban con precisión. Y en ese momento me pidió que hiciera un voto de silencio de la profecía waitaha hasta que llegara el momento adecuado. Y de repente todo comenzó a estar en su sitio. Pude verlo en su conjunto. Sin embargo, todavía no me han dado permiso para contarlo todo. Lo que sí te diré es que, según el Abuelo Barney, la profecía waitaha predice un momento decisivo en la historia el 15 de agosto de 2009. Este acontecimiento podrá ser conocido públicamente, o no, pero constituirá el principio de un nuevo sueño humano, un sueño casi idéntico a la creencia maya de que los cielos se abrirán y nuestros hermanos y hermanas del universo se nos mostrarán.

Mientras Barney hablaba, yo sentía el estado onírico que sus palabras estaban creando. Eran conceptos e ideas en los que ningún hombre moderno ha creído, que ni siquiera ha considerado, a lo largo de miles y miles de años. Si tienen razón, el mundo va a recibir una gran sorpresa, una sorpresa gloriosa, un despertar a un nuevo mundo de luz y comodidad. Como recién nacidos hermanos y hermanas waitahas, abandonamos aquel bello mundo verde y montañoso y comenzamos a viajar a muchos mundos de árboles gigantescos, rocas enormes, playas impresionantes y lugares en los que uno podría pasar fácilmente el resto de su vida. Estas páginas no son el lugar adecuado para relatar todas las maravillosas experiencias que vivimos entre nosotros y con la tierra. Sin embargo, esas experiencias fueron abriendo lentamente nuestros corazones, y esta apertura fue muy importante para que pudiéramos continuar con nuestro viaje espiritual, pues los waitahas/maoríes no nos habrían dejado entrar más profundamente en su mundo si no hubiéramos sido capaces de abrir nuestros corazones. Aquello era imprescindible para el cumplimiento de su profecía. Aparecieron en secreto. Simulando sentir la energía de un enorme árbol sagrado de más de dos mil años de antigüedad, un pequeño grupo de maoríes se bajó de un viejo coche cerca de nuestro autobús. Antes incluso de bajarme de él pude ver por la ventanilla a un hombre al que conocía bien, aunque nunca lo había encontrado en el mundo físico. Se llama Walisi. Tiene la piel oscura y un pelo muy largo, blanco dorado, peinado en una trenza. Era uno de los que se encontraban al fondo de la ceremonia de Kauai. ¿Recuerdas la ceremonia tetradimensional de la transferencia de poder del hombre a la mujer? (Véase capítulo diez.) Me acerqué a él y Walisi me rodeó con los brazos en un largo y sentido abrazo. Él me conocía, yo le conocía a él, y ambos sabíamos exactamente de dónde. Él deseaba que yo comprendiera cómo la cultura del océano Pacífico, una de las más antiguas culturas vivas, era parte íntima de la Serpiente de Luz y del Nuevo Sueño. Sus palabras me llegaron muy dentro, pues yo ya estaba dándome cuenta del significado de la forma en que la nueva kundalini de la Tierra estaba llegando a Aotearoa

Walisi comenzó a entrar y salir de nuestro viaje hasta que me hubo traspasado toda la información acerca de los próximos cambios para la humanidad. Fue un gran honor por su parte compartir aquel conocimiento secreto conmigo. Sé que voy a volver a verle. También me presentó a una mujer. Se llamaba Loma Allen y era una anciana de una tribu maorí que iba a tener un papel principal en la revelación de más conocimientos secretos de los maoríes al grupo. Pero nosotros no sabíamos quién era ella mientras estábamos sentados despreocupadamente a su lado, bebiendo té y charlando. Continuamos viajando por aquellas antiguas tierras de un lugar asombroso a otro, mientras diferentes maestros nativos que se materializaban constantemente a lo largo del camino nos iban revelando enseñanzas maoríes/waitahas.

La ceremonia de la liberación de la fragancia de las flores

El 20 de febrero de 2007 se nos pidió que tomáramos parte en una ceremonia denominada «ceremonia de la liberación de la fragancia de las flores», que según los maoríes sólo tiene lugar una vez cada trece mil años. Teníamos que caminar descalzos unos tres kilómetros a lo largo de una tranquila carretera rural de tierra que conduce a uno de los lugares más sagrados de Aotearoa: la Casa de la Cruz de Miringa Te Kakara. Cuando llegamos a aquella tierra sagrada, el guarda nos retuvo hasta que quedaron cumplimentados todos los trámites para que pudiéramos ser recibidos. A continuación, caminando a paso lento, nos acercamos al lugar situado en un prado cubierto de hierba, donde nos esperaba un grupo de ancianos y ancianas. En ese momento lo desconocíamos, pero estábamos a escasos quince metros del centro de aquel antiguo lugar sagrado

Al igual que sucedió con los waitahas, la mujer más anciana nos condujo a aquel punto, con las mujeres más jóvenes detrás y los hombres detrás de ellas. Pero cuando nos acercamos a pocos metros de los ancianos maoríes, se pidió a los hombres que hicieran un círculo delante para colocarse frente a los ancianos, pues eran los que primero iban a hablar con éstos. La ceremonia prosiguió de forma parecida; los hombres hablaron primero unos a otros y, a continuación, las mujeres lo hicieron como quisieron. Una vez más todos nos colocamos en línea y cada uno de los integrantes de nuestro grupo hizo el hongi con cada uno de los miembros de la tribu maorí. Pero en esa ocasión, una vez que hubimos respirado con cada maorí, nos pidieron que fuéramos directamente hasta una zona situada junto a los ancianos, donde había una cruz excavada en el suelo, a una profundidad de unos treinta centímetros. Mientras esperábamos a que el grupo concluyera el hongi, nos contaron parte de la historia del lugar donde estábamos sentados. Aunque los maoríes creen que este lugar es extremadamente importante para el conocimiento maorí/waitaha del universo, exterior-mente no da la sensación de ser nada especial, sólo un dibujo grabado en el suelo y rodeado por verdes colinas onduladas. Según nos dijeron, había un viejo edificio de madera que guardaba la cruz, y ese edificio encerraba un conocimiento secreto, pero le prendieron fuego deliberadamente en el año 1985. También nos contaron que con anterioridad había sido quemado otras cuatro veces, y todas ellas había sido reconstruido, y también lo sería en el futuro. Sin embargo, nunca nos explicaron por qué era quemado el edificio una y otra vez para ser reconstruido de nuevo. Para entonces el grupo estaba ya reunido. Los hombres se sentaron en el suelo en los bordes de la cruz y las mujeres se quedaron de pie, en grupo, en la parte exterior, esperando a que las ancianas dieran la señal de acudir a la zona de la cruz y sentarse con los hombres. Cuando las mujeres comenzaron a aproximarse a la cruz, los hombres, conducidos por Kingi, se pusieron de pie y comenzaron a bailar una danza simbólica del poder fálico masculino para recibir a las mujeres con gran energía. Tuvo que resultar sorprendente ver la fuerza de aquellos hombres mientras creaban un envoltorio de energía, basado en la tradición waitaha, para que entraran en él las mujeres. Las mujeres entonaron cánticos secretos a los hombres en lengua maorí mientras ellos llevaban sus brazos desde encima de la cabeza hasta las rodillas y cantaban a las mujeres en maorí desde sus corazones. Fue precioso tanto formar parte de aquella ceremonia como presenciarla. Y aquello no era más que el principio. Al final acabamos de pie formando un gran círculo con la cruz en el centro. A mí me pidieron que diera la mano al jefe maorí situado a mi derecha para completar el círculo. Comenzando por mí fuimos hablando todos, uno a uno y desde nuestros corazones, a los participantes en la ceremonia, expresando una visión o un sueño del futuro para toda la humanidad. En el sentido de las agujas del reloj, el último en hablar fue el jefe al que yo estaba dando la mano. Los sueños que expresamos iban a hacerse realidad en el futuro, pues estábamos soñando desde el «centro del mundo». Pero el significado de todo aquel acto sólo se nos fue desvelando poco a poco; prácticamente no nos dijeron nada acerca de aquel sagrado lugar hasta después de la ceremonia, y en realidad no lo supimos todo hasta el día siguiente. Si llego a saber dónde estábamos celebrándola, lo que transpiraba el lugar habría cambiado todo mi ser. Me entregaron un tambor procedente de los Países Bajos. Su diseño parecía de los nativos americanos. Aquel tambor de paz estaba recorriendo el mundo hacia diferentes círculos parecidos al nuestro, círculos de personas con sueños internos de paz mundial. Comencé a tocar el tambor, bailando lentamente alrededor del borde exterior del círculo en el sentido de las agujas del reloj, tal y como enseña mi tradición. Cuando completé el círculo, conduje al grupo formando una larga fila hasta la cocina, donde debía tener lugar la comida de la ceremonia. Los maoríes habían construido una preciosa casa de madera para celebrar esta parte de la ceremonia. Sobre las mesas que rodeaban el edificio habían dispuesto un fantástico surtido de coloridos alimentos y plantas con intrincados diseños grabados en la superficie. Contemplé de cerca aquellos dibujos y me pregunté quién podría ser capaz de desear comerse aquellas obras de arte y destruir su belleza. Las flores con las que habían adornado toda la habitación tenían las hojas trenzadas formando increíbles diseños que, con seguridad, tenían algún significado a los ojos de los maoríes/waitahas, pero que para mí eran fundamentalmente bellos objetos que admirar. Tras la comida, el jefe trajo un álbum de fotos y comenzó a contarnos la historia de aquel lugar sagrado. Nos explicó que hace mucho tiempo un grupo de extraterrestres procedentes de Sirio había planeado sobre el punto exacto en el que está situada la cruz y había introducido un enorme cristal en la Tierra, en el centro mismo de la cruz. Aquel cristal era la razón de que los maoríes lo consideraran un lugar sagrado. El cristal daba al sitio el poder necesario para convertirlo en la Universidad Maorí. Nos dijo que cuando la casa de madera está colocada sobre la cruz y el cristal, la Universidad Maorí está completa, pero no nos llegó a explicar plenamente lo que aquello significaba.

Nos habló de un maorí que estudió en esta antigua casa de madera durante catorce años y que luego se puso un traje y se marchó a Inglaterra para convertirse en un gran profesor en una de sus universidades, a pesar de que nunca acudió a una escuela formal. No llegué a saber su nombre. De alguna forma, sólo por estudiar en aquel sencillo edificio de madera, el hombre había llegado a comprender el universo. Por muy interesante que todo aquello resultara, yo no era capaz de entender de qué estaba hablando. Había tanto que se mantenía en secreto que yo sólo podía «sentir» por qué los maoríes consideraban que aquel lugar era sagrado. ¿Era sólo por el cristal extraterrestre o había alguna otra razón? Mi curiosidad espiritual estaba al rojo vivo. Terminamos la ceremonia con largos abrazos y regalos especiales en ambas tribus y supimos que deberían pasar otros trece mil años antes de que aquella ceremonia pudiera ser celebrada de nuevo. Una de las ancianas me entregó un trozo grande de un cartílago que se encuentra entre las vértebras de las ballenas. Tenía casi la forma de un corazón y había estado en el altar; la energía que procedía de él era extraordinaria. —Es un regalo de nuestros antepasados —me dijo. Tanto los maoríes como los waitahas creen que las ballenas y los delfines son sus antepasados, y que fueron los cetáceos los que realmente crearon a la humanidad. (Esto es también lo que creía la cultura humana más antigua del mundo, la sumeria.) Al mirar los antiguos dibujos labrados en la madera de las aberturas de la mayoría de sus edificios sagrados podemos ver a sus antepasados humanos con manos y pies palmeados, lo que indica al menos que pasaban una gran parte del tiempo en el mar, quizá mirando directamente a los ojos de aquellos que consideraban sus ancestros. Dos días más tarde, cuando estábamos a punto de realizar nuestro último círculo del viaje, una de las mujeres del pueblo me enseñó la geometría sagrada de la vieja casa de madera que había cubierto la cruz del prado. En cuestión de minutos me di cuenta de por qué aquella pequeña cabaña de madera podía ser una universidad y cómo un hombre podía sentarse en el edificio y comprender todo el mundo. He aquí parte de lo que ella me enseñó. Toda esta información (y mucha más) está contenida en el libro Ancient Celtic New Zealand, de Martin Doutré. Si deseas profundizar más en el entendimiento antiguo de los waitahas/maoríes puedes adquirirlo en www.celticnz.co.nz.

Aquellos de vosotros que deseéis investigar, podéis encontrar este secreto en el capítulo nueve de mi segundo libro, El antiguo secreto de la flor de la vida, volumen II. Maringa Te Kakara podía muy bien utilizarse como el «Centro de la Creación», a partir del cual todos los lugares sagrados del complejo de la isla de Aotearoa podían situarse con precisión, por encima o por debajo del nivel del suelo. Esta misma forma de los edificios se utilizó también en el antiguo Egipto y con el mismo propósito. Lo que me quedó claro cuando examiné la geometría sagrada de Maringa Te Kakara fue que los waitahas/maoríes poseen un entendimiento del universo igual al de todas las grandes culturas antiguas que han existido sobre la faz de la Tierra. Y con la misma precisión que los antiguos egipcios, son capaces de predecir el futuro con asombrosa exactitud. Los waitahas han permanecido escondidos en su conocimiento íntimo del proceso de la creación hasta la actualidad. Este conocimiento está sólo parcialmente contenido en un edificio. El secreto crucial se encuentra en el interior de su ADN. Los waitahas son el primer pueblo que salió de Gondwana para vivir en libertad en Mu o Lemuria, y su ADN contiene el secreto original de Dios de cómo usar los sueños para crear o alterar la realidad en este universo de estrellas y planetas. Sin este conocimiento secreto de Soñar desde el Corazón, la humanidad no habría sido jamás capaz de trascender este mundo y ascender a niveles superiores de consciencia. Pero gracias a Dios, los waitahas están vivos y respiran esta manera de ser, y como lo hacen, toda la humanidad será capaz de pasar al siguiente nivel de vida. La Serpiente de Luz y su poder de transformación irradian hacia el océano Pacífico, despertando a los waitahas y, con ellos, a los maoríes. Es esta energía kundalini de la Tierra, procedente de Chile, la que está acelerando su despertar. Con su comprensión especial de la Vida, serán un catalizador para que el mundo pueda pasar la consciencia humana al próximo nivel de existencia. Los waitahas saben que éste es el momento, y es ahora cuando están llamando al mundo para que acuda a su puerta. Los peruanos y los chilenos serán los maestros de los nuevos modos femeninos, pero los waitahas y los maoríes serán los ejemplos de la vibración pura contenida en cada una de las células de sus cuerpos. Uno aprende de los waitahas simplemente permaneciendo en su vibración y soñando con ellos

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