miércoles, 6 de agosto de 2025
Serpiente de Luz Capítulo XIV La Purificación de las Tierras Mayas
El templo de Chichén Itzá El elegante Mayaland Hotel se asienta en la selva de Yucatán, al borde mismo de los terrenos del templo de Chichén Itzá. Fuimos allí derechos desde Balancanché y llegamos mucho antes de lo que esperábamos gracias a las facilidades que nos habían dado para visitar las grutas. Aquella noche, antes de cenar, se me pidió que instruyera a nuestros dos grupos, el de los europeos de Carolina Hehenkamp y el nuestro, sobre la Meditación de Vivir en el Corazón. Sólo para unos pocos de los participantes se trataba de algo nuevo. Muchos ya la habían aprendido en un taller anterior. Gracias a las poderosas experiencias que habíamos vivido durante la tarde, incluso aquellos que nunca habían realizado esta meditación del corazón con anterioridad fueron capaces de comprender fácilmente de lo que trata: la necesidad de apartar nuestra consciencia del cerebro y llevarla al corazón físico, y cómo se consigue: recordando la Conciencia de Unidad. Es un poco complicado entender y llevar a cabo el cambio interior de empezar a vivir no desde la mente, sino desde el corazón. Así es como vivíamos antes de la caída desde la Consciencia Única a la consciencia del bien y del mal hace trece mil años. En ese momento comenzamos a juzgar todas y cada una de las situaciones y las imágenes que la vida nos proporcionaba. En realidad, volverse hacia el corazón es algo tan simple que al principio la mayor parte de la gente encuentra difícil vivir la experiencia. Hemos aprendido a creer que cuanto más complejo o complicado es algo, más importancia tiene. Pero eso no puede aplicarse a nuestra consciencia original. Yo creo que la causa de que los pueblos indígenas del mundo me hayan pedido que tome parte en sus ceremonias es porque he aprendido a vivir dentro de mi corazón. Ellos pueden «ver» que estoy en el corazón, no en la mente, pues así es como ellos funcionan y ése es el aspecto del alma humana que resulta más importante para ellos. Ambos sabemos que podemos confiar el uno en el otro, y como los mayas dicen al saludarse: In Lak'es («Tú eres otro yo»). Cuando vives en tu corazón, In Lak'esh posee un significado que sólo el corazón entiende plenamente, pues el espíritu que está en tu interior es el mismo que está en el mío. Si deseas saber más acerca de este asunto, he escrito un libro titulado Viviendo en el corazón, que no sólo lo explica con mucho más detalle, sino que también te ofrece las instrucciones precisas para que puedas probarlo y decidir por ti mismo si vivir en el corazón te hace sentir mejor que vivir en la mente, o no. Después de cenar, nos colocamos todos bajo las estrellas en aquel precioso lugar con la pirámide del chakra corazón de Chichén Itzá muy cerca, entramos todos juntos en el Espacio Sagrado del Corazón y respiramos como Uno Solo. Y ahora el lado oscuro: sólo una ilusión Cuando todo el mundo se retiró a descansar en espera de la gran ceremonia y celebración del equinoccio, me llegó el momento de enfrentarme al problema de la entidad que habíamos observado en la primera ceremonia de Labná y aquella mañana con la calavera de cristal en Dzibilchaltún. Tenía que hacerlo antes de que participáramos en la ceremonia del día siguiente en Chichén Itzá. En caso contrario, aquella energía podría interferir con todo lo que estábamos intentando conseguir. No podíamos ignorarla. En mi opinión, lo que sucedía era que aquella mujer, una de las integrantes de nuestro grupo en aquel viaje, había sido atacada por un espíritu o varios, cuya intención era perturbar lo que hacíamos tic todas las formas posibles. Nos reunimos los directores (Diane Cooper, Lionfire, nuestro guía del viaje, Humberto, y yo mismo) y estuvimos de acuerdo en que debíamos solucionar la situación antes de irnos a la cama, dado que al día siguiente íbamos a empezar muy temprano. Sin embargo, ¿dónde podíamos llevar a cabo la sanacion? Yo sabía por experiencia que lo más probable era que la mujer gritara cuando la entidad abandonara su cuerpo, y no se puede tener a una mujer chillando en un hotel. Alguien podría llamar a la policía. ¿Qué podíamos hacer? Le preguntamos a Humberto si conocía algún lugar al que pudiéramos ir, y él nos sugirió una zona cercana al aparcamiento del hotel. No era privada, pero decidimos que pondríamos allí nuestra furgoneta y llevaríamos a cabo la sanacion dentro de ella. Si la mujer gritaba, el sonido quedaría amortiguado. Finalmente todo quedó organizado. La mujer se tumbó voluntariamente sobre el asiento central de la furgoneta. Dos personas de nuestro grupo se quedaron fuera, por si se acercaba alguien, y otros dos entraron en la furgoneta por si hacía falta ayuda. La sombra del antiguo sacrificio Cuando comencé a conectarme telepáticamente con las entidades que se encontraban en el interior de la mujer, me di cuenta de que eran varias, pero dos de ellas formaban en realidad una sola, y esta entidad de dos en uno era extremadamente poderosa. Estaba conectada con el mundo maya y con las antiguas ceremonias sacrifícales. ¡De hecho, esta entidad y su deseo de crear el caos habían sido en realidad la fuerza que yacía tras la práctica maya de los sacrificios humanos! Esta entidad doble vivía no sólo en la mujer que estaba delante de mí, sino también en otros sesenta habitantes de las tierras mayas, en su mayoría pertenecientes a esa cultura. Estaba entrelazada e integrada en la propia tierra. La entidad sabía por qué habíamos ido allí y su función era impedirnos que liberáramos a los mayas que vivían en el interior de la Tierra. Su intención era evitar que restauráramos el equilibrio. Llamé al arcángel Miguel y construí la pirámide octaédrica dorada alrededor del cuerpo de la mujer, con el propósito de que contuviera a las entidades salientes y sirviera como ventana dimensional para enviarlas de regreso al mundo para el que Dios las creó en origen. A mi modo de ver, la retirada de una entidad no es un asunto de fuerza, sino de compasión y comunicación. Según mi experiencia, una vez que los espíritus se dan cuenta de que los estamos devolviendo a su mundo, en el que pueden cumplir su propio objetivo sagrado, suelen cooperar. Desde luego, no luchan. En realidad, suelen asemejarse más a niños perdidos que a demonios en busca de destrucción. Pero aquello formaba parte del pasado. Yo tenía una lección que aprender. Los espíritus más pequeños se sintieron de verdad agradecidos por la oportunidad que les dábamos de regresar a su casa, y tal y como había sucedido en mis experiencias previas se fueron sin dar problemas. Pero los dos últimos, los que formaban la entidad doble, se negaron a irse. Todo el cuerpo de la mujer se retorcía y se hinchaba a causa de su resistencia. No cedían.
El papel que habían representado en las antiguas ceremonias sacrifícales mayas y su apego a la tierra y a los mayas eran demasiado fuertes y generales como para que renunciaran a ellos. Durante siglos habían hecho que los mayas hicieran cosas que los propios mayas sabían en el interior de sus corazones que estaban mal. Finalmente no tuve más remedio que emplear la fuerza. Era algo que nunca había hecho con anterioridad. Utilizando mi Mer-Ka-Ba, mi cuerpo humano de luz, y el poder y la fuerza del arcángel Miguel, empezamos a emitir una serie de ondas de energía que debían enfocar las energías de la entidad dual hacia la ventana dimensional del octaedro, lo que las sacaría de este mundo y las llevaría al suyo propio, dondequiera que éste estuviera. ¡Aunque se resistieran, si lo lográbamos, para ellas sería como ir al cielo! Al principio, la parte más débil de las dos fue succionada hacia el vórtice, con una obstrucción tremenda. Una vez conseguido esto, la otra parte del espíritu, la más fuerte, era la que nos quedaba por eliminar. Pero finalmente, mediante una mayor aplicación de poder y fuerza, el espíritu, que seguía resistiéndose, salió por el estómago de la mujer y comenzó a entrar despacio por la ventana dimensional. En el momento exacto en que la entidad abandonó el cuerpo, el Mundo Exterior respondió desde el poder de este espíritu y su conexión con la Tierra. A unos treinta metros de distancia del lugar en el que nos encontrábamos, dos cosas sucedieron de forma simultánea. Los árboles que estaban a la derecha de la mujer, en una pequeña zona circular de unos seis metros, comenzaron a agitarse con fuerza. Una rama enorme se rompió y chocó contra el suelo. A la izquierda, y a la misma distancia, otro grupo circular de árboles, con troncos de un palmo de diámetro, empezaron también a agitarse violentamente. Era como si un bulldozer estuviera junto a sus bases intentando arrancarlos. Aunque resultaba imposible, pues no hacía nada de viento, la mayoría de ellos se rompió por abajo y cayó sobre un viejo Volkswagen, aplastando por completo el techo y el maletero. En el instante en que el espíritu abandonó a la mujer, yo pude «ver» que los otros mayas que estaban conectados con aquellos espíritus, así como las propias tierras mayas en un espacio de cientos de kilómetros a la redonda, se aclaraban repentinamente. Fue como si hubiera desaparecido en un instante un gigantesco huracán. Ya había terminado todo. Ya estaba todo tranquilo. Las tierras mayas eran libres de nuevo. Y una vez más, aquella mujer estaba sola en su cuerpo. Ahora nuestro grupo estaba preparado para la Ceremonia del Corazón que se iba a celebrar al día siguiente en Chichén Itzá, una ceremonia que hace mucho tiempo predijo el pueblo maya y su calendario: un grupo de ancianos indígenas junto con personas de todos los rincones de la Tierra rezando como Uno Solo para que el mundo encontrara la paz. El cumplimiento de una antigua profecía Los sonidos de los pájaros tropicales atravesaban las contraventanas de madera cuando desperté de un bello sueño a otro que por el momento parecía lejano. Entonces recordé. Aquél era el día que llevaba dos años y medio esperando. Hunbatz Men me había enviado un correo electrónico hacía mucho invitándome a una ceremonia predicha por el calendario maya. Y ese día había llegado. Salté de la cama, me vestí y corrí escaleras abajo, sabiendo que teníamos un horario muy apretado y que era importante no llegar tarde ni cometer errores. Eran demasiadas las personas que esperaban aquel momento con ansiedad. Yo pensaba que si nuestro grupo se retrasaba, tendrían que empezar sin nosotros. En el vestíbulo había sesenta personas, vestidas de blanco impoluto, tal y como había pedido Hunbatz. Sus sonrisas y su exuberante energía lo decían todo. Estábamos preparados para todo lo que la vida nos ofreciera y dispuestos a dar desde nuestros corazones y nuestras plegarias. Después de las grutas de Balancanché, nuestros corazones estaban abiertos de par en par y nuestro grupo constituía Un Solo Corazón. La vida estaba lista para desplegar otro capítulo de su misterio. ¿Quién sabía lo que estaba a punto de suceder? Desde luego, yo no.
Nos colocamos de dos en dos para entrar por la puerta y caminamos así hacia el complejo de Chichén Itzá, avanzando entre los árboles tropicales hasta que llegamos a la base de la Pirámide del Castillo, en su lado oriental. El Sol brillaba con fuerza., por lo que nos colocamos bajo los árboles buscando su sombra. Estaba previsto que Hunbatz llegara con su séquito de más de doscientos cincuenta ancianos y chamanes indígenas alrededor de las diez de la mañana, por lo que nos reunimos en pequeños grupitos en los terrenos de la pirámide, charlando entre nosotros y esperando. Y esperamos, y esperamos. También el grupo europeo estaba con nosotros y unas cuantas personas empezaron a aprender canciones de otras de diferentes países. Estuvieron un rato cantando y luego lo dejaron. Y seguíamos esperando. ¿Dónde estaban los ancianos? Nadie lo sabía. Ya avanzada la mañana, se me acercaron el sacerdote y la sacerdotisa del templo de Uxmal para presentarse. Llevaban los atuendos ceremoniales completos, bellos y llenos de energía. Sus sonrisas relajadas y su actitud de estar a gusto dejaban ver su gran Luz espiritual interior. Nos dieron las gracias por estar allí y por tomar parte en las ceremonias. En nombre del grupo les presenté nuestro amor y respeto, y ofrecí toda la ayuda que pudiéramos aportar. Poco después otro hombre, un sacerdote inca de Perú, también vestido con el traje ceremonial completo, llegó y comenzó a hablar con un grupo que estaba cerca de nosotros bajo un gran árbol. Su energía era robusta. Estaba allí, al parecer, para inspirar a las personas para la gran ceremonia que estaba a punto de tener lugar. ¿Pero dónde estaba Hunbatz Men? No había señales de él. Ya era casi mediodía y el Sol estaba alto. Finalmente nos llegaron noticias de que Hunbatz y los ancianos se habían retrasado. La policía había cortado las carreteras a cuatro kilómetros del templo y los ancianos tenían que llegar caminando. Esperamos un poco más, pero entonces nos enteramos de otro problema. Al parecer, el emplazamiento ceremonial había sido trasladado a una zona detrás de la Pirámide del Castillo, entre los árboles. Y a pesar de la ausencia de Hunbatz Men y de los ancianos, estaba a punto de comenzar. Yo no sabía lo que le había pasado a Hunbatz, pero mi guía interior me indicó claramente que continuara con aquella nueva ceremonia. Nuestro círculo del arco iris Nuestro grupo caminó una pequeña distancia y salió a un gran claro en la selva, donde la energía se sentía perfecta para lo que íbamos a hacer. Estábamos con el grupo de Carolina Hehenkamp y se nos unieron más personas cuando formamos un gran círculo. Un círculo compuesto por gentes de todos los colores y razas. El sacerdote y la sacerdotisa de Uxmal que iban a dirigir la ceremonia extendieron unas telas especiales sobre el suelo para formar un altar. Sobre ellas se colocaron muchos cristales y objetos ceremoniales. Y finalmente, primero una, luego dos y hasta trece calaveras mayas de cristal se dispusieron sobre el altar en apretado círculo. Sobre ellas se colocó un tejido maya, escondiéndolas de la vista, pues no había llegado todavía el momento de su ceremonia «especial». Me dio la sensación de que las calaveras estaban cantando y una vez más me encontré entrando en meditación con ellas. Ante mi sorpresa, la sacerdotisa, que claramente parecía ser la que dirigía la ceremonia, me pidió que entrara en el círculo interior. Me preguntó si había alguien más en mi grupo que perteneciera allí, y yo pronuncié el nombre de Lionfire. En realidad, aquel mundo maya parecía ser mucho más suyo que mío. Se invitó a unos quince ancianos e indígenas a que se unieran al círculo interior. Algunos eran mexicanos, otros estadounidenses, pero la mayoría, incluyendo al sacerdote inca, pertenecían a culturas indígenas. Recuerdo especialmente a un grupo de tres chamanes incas de Sudamérica; eran tan bellos que yo pude percibir la pureza de la Madre Tierra saliendo de sus corazones en ondas de pura alegría. La sacerdotisa maya prendió hierbas ceremoniales e incienso en un pequeño caldero maya antiguo, y su olor acre inundó el aire. Luego elevó los brazos mientras su compañero hacía sonar la concha y abría la ceremonia con oraciones a las cuatro direcciones.
Para mantener la ceremonia en sí misma oculta, la sacerdotisa y el sacerdote oraban en lengua maya. Sus plegarias se elevaron, engarzadas con el humo procedente del caldero. A continuación, cada uno de los integrantes del círculo interior hablamos y rezamos por turnos, pidiendo desde nuestros corazones por lo que éstos deseaban con más fuerza: la sanacion de la Tierra y de sus gentes. Había belleza, fuerza y precisión en aquello que estábamos haciendo. Parecía que la ceremonia había sido planeada hacía muchísimo tiempo. Todo parecía desarrollarse como si estuviera cuidadosamente ensayado. Pero había algo más, un aspecto del que no me di cuenta por lo muy metido que estaba en la ceremonia. Era algo relacionado con las personas del círculo exterior. Mientras los que dirigíamos la ceremonia murmurábamos, cada uno en su idioma, las palabras que deseábamos enviar al Espíritu, nuestros mensajes estaban siendo traducidos a varios idiomas. Uno tras otro, los sentimientos y las oraciones ceremoniales flotaban sobre el enorme claro en maya, español, inglés, alemán, ruso, francés..., llevados por el viento a aquel increíble grupo de individuos que habían acudido desde todas las partes del mundo para ayudar a la humanidad a convertirse en Uno Solo. Más tarde, una mujer me dijo: —Durante toda la ceremonia sentí que la Torre de Babel se iba derrumbando despacito. Supe que nuestro mundo nunca volvería a ser el mismo. Puede que, al unirnos de aquel modo a los mayas en aquella an-i igua ceremonia, estuviéramos simbólicamente acabando con las divisiones entre países, culturas y razas. Con el tiempo, esto se hará realidad. Cuando las últimas volutas de humo se elevaron sobre la multitud y la ceremonia terminó, nos abalanzamos unos hacia otros como viejos amigos de tribus hace mucho tiempo perdidas, abrazándonos y compartiendo no sólo amor, sino también números de teléfono y direcciones, formas de comunicarnos para mantener unida aquella energía que todos sentíamos. Éramos un arco iris de Un Solo Espíritu.
Hunbatz Men y los ancianos Cuando me dirigía de vuelta a la pirámide se me acercó una persona corriendo para decirme lo que les había sucedido a Hunbatz Men y a los ancianos. Después de la belleza de lo que acababa de acontecer, aquello parecía casi una pesadilla. Al final habían conseguido llegar a Chichén Itzá y se prepararon para celebrar la ceremonia en el sitio inicialmente dispuesto para ello. Colocaron un caldero con hierbas e incienso sobre el suelo. Y cuando los ancianos estuvieron listos, comenzaron la ceremonia prendiendo el incienso del caldero. En ese momento entró la policía corriendo con un extintor y apagó el fuego. Los ancianos se enfurecieron y comenzaron a discutir con la policía. Hunbatz, sin embargo, permaneció en silencio, pues había estado esperando aquello e incluso lo había avisado. Al final, la policía desbarató la ceremonia e incluso arrestó a ocho de los ancianos sudamericanos. Con lo cual, antes incluso de que empezara, la ceremonia había terminado. Hunbatz me lo contó más tarde cuando vino a unirse a nuestro grupo. En aquel momento nosotros ya estábamos profundamente inmersos en la oración en nuestra propia ceremonia y, según sus creencias, en esas circunstancias no podía reunirse con nosotros. En vez de eso, dio dos vueltas alrededor de nuestro círculo de oraciones mientras nos bendecía. Me dijo que si nosotros no hubiéramos estado allí, procedentes de todos aquellos países, y si no hubiéramos llevado a cabo nuestra propia ceremonia conducidos por los dos sacerdotes mayas, el calendario maya no se habría cumplido. Nos dio las gracias con lágrimas en los ojos. Miramos cada uno en el corazón del otro y estuvimos agradecidos, sabiendo que el Gran Espíritu trabaja en formas que no siempre resultan comprensibles. La llegada de la serpiente Cuando concluyó la ceremonia, nuestro pequeño grupo internacional de almas quedó en libertad para unirse a la enorme muchedumbre que se había reunido para contemplar el descenso de la «serpiente» por la Pirámide del Castillo, tal y como Ken y yo habíamos hecho mucho tiempo atrás, en 1985.
En esta ocasión, 21 de marzo de 2003, se estimó que había allí más de ochenta mil personas, tantas que ni siquiera se podía caminar por la enorme pradera cubierta de hierba frente a las escaleras por las que la serpiente debía realizar su portentoso descenso. Pero, vaya por Dios, el cielo se había cubierto de nubes. Y por la tarde estuvo gris. No había sol que pudiera dar sombra. Ochenta mil personas, gentes de todo México, Sudamérica y el mundo, estaban .sentadas o de pie, con sus comidas y sus familias, esperando una sombra que quizá no apareciera nunca. Y de repente, ya bastante avanzada la tarde, las nubes se abrieron y el Sol se abrió camino, resplandeciente de gloria, para iluminar la pirámide, proyectando su sombra sobre el lateral de los escalones de la pirámide. La multitud, llena de excitación, lanzó un grito de alegría pura y se quedó silenciosa observando el místico movimiento de la sombra de la «serpiente». La contemplación de la vasta y embelesada multitud me recordó a Lis de los conciertos de rock de los años sesenta. Pero era como si los Antiguos y los Muertos Agradecidos hubieran intercambiado sus puestos. En lugar de estar escuchando a una banda carismática cuya excitante música estallara sobre el escenario, estábamos todos cautivados, todos y cada uno de nosotros, por una sombra lenta y silenciosa que se deslizaba centímetro a centímetro por el lateral de una pirámide mítica, en renovada afirmación de la Espiral Sagrada de Vida. Los dos cenotes Cuando terminó el descenso de la «serpiente», y mientras me alejaba de allí, recordé parte de una conversación que había mantenido con Hunbatz Men en la que, de forma inesperada, me habló de los dos cenotes de Chichén Itzá y de cómo estaban conectados. Me contó que un río subterráneo los unía y que la Pirámide del Castillo había sido construida a propósito sobre él. Era aquel flujo de agua subterránea lo que cargaba la pirámide de energía. Ken y yo no sabíamos nada del segundo cenote cuando estuvimos allí. Hunbatz Men me miró a los ojos, y dijo: —Drunvalo, también el otro cenote debe ser «recargado» con un cristal. Eso conectaría las energías de ambos. Así que, al abandonar la ceremonia de la bajada de la «serpiente» por la pirámide, me encaminé hacia el segundo cenote para cumplimentar la solicitud de Hunbatz.
La culminación de los cristales Unos cuantos miembros del grupo me siguieron, probablemente pensando que deseaban ver lo que yo iba a hacer. Para mí, por supuesto, cualquiera que estuviera allí era porque allí debía estar. No existen los accidentes ni los errores. En unos pocos minutos encontré el segundo cenote y observé que éramos exactamente catorce personas, incluyéndome a mí. Les expliqué lo que habíamos hecho Ken y yo en el otro cenote en 1985 y la solicitud de Hunbatz Men, y fue como si todo el mundo hubiera acudido a la escuela psíquica. Todos parecían saber exactamente lo que debían hacer. Nos cogimos de las manos y pasamos el cristal para que cada persona pudiera rezar en él. Oraban para que el pueblo maya y la Madre Tierra pudieran sanar de nuevo. Después, la última persona arrojó el cristal a las aguas profundas y misteriosas. Pude sentir cómo se realizaba la conexión. Sentí que brotaba una energía. Y en mi visión interior pude contemplar cómo se interconectaban los dos cenotes y cómo la Pirámide del Castillo se iluminaba con una forma de energía nueva/antigua. En aquel momento comprendí la importancia de lo que Thoth y Hunbatz Men estaban intentando comunicarme. Por vez primera tenía sensación de culminación. La llamada del Sol De vuelta en el hotel, encontré una nota que me había dejado Hunbatz Men en la que decía que le gustaría hablar con mi grupo. Nos había prometido que estaría con nosotros y eso todavía no había sucedido..., todavía no. Aunque en aquel momento él estaba enormemente ocupado, deseaba cumplir su promesa.
Nos reunimos todos en semicírculo junto a la piscina del hotel y esperamos a Hunbatz. Ya había oscurecido. Brillaban las estrellas y el hotel ponía a nuestro alrededor un ambiente de suave luminosidad. Hunbatz llegó y nos explicó lo que había sucedido aquel día. Se disculpó ante nosotros y nos dio las gracias por llevar a cabo la ceremonia. Sin nuestra participación, nos dijo, el «trabajo» no habría sido terminado. Nos dijo que todos éramos maestros del nuevo mundo y nos habló de nuestras responsabilidades en aquella tarea. Y a continuación nos enseñó un cántico sagrado a Kin, el dios maya del sol. Y como muchos de los miembros del grupo ya estaban «recordando» su herencia maya del pasado, entonar este cántico despertó un increíble sentimiento de estar en dos lugares al mismo tiempo: el antiquísimo pasado y el hoy. Nuestro día en Chichén Itzá había terminado con todos juntos bajo las estrellas, cantando y recordando nuestras antiguas conexiones. Estábamos tan repletos de emoción y de sensación de misterio que parecía que no podríamos ser capaces de absorber nada más. Si hubiéramos sabido todo lo que nos aguardaba, nos habría costado creerlo. En verdad, lo cierto era que acabábamos de empezar.
martes, 29 de julio de 2025
Serpiente de Luz Capítulo XIII : Viaje a la Tierra Maya
Por este motivo, nuestra tarea debía consistir en abrir los canales para que los mayas del interior de la Tierra pudieran conectarse con los de la superficie para preparar la ascensión final. Al hacerlo, la Red de Conciencia de Unidad se focalizaría mejor y la energía de la Serpiente de Luz, allá en las alturas de los Andes chilenos, se haría más brillante y más potente. Y una vez más, tal y como ocurría en la región de las Cuatro Esquinas el verano anterior, Yucatán y las zonas limítrofes estaban padeciendo una terrible sequía. Con lo cual, otra parte de nuestro trabajo sería llevar a cabo las ceremonias que debían traer las lluvias, el símbolo físico del equilibrio que estábamos buscando. ¿Por qué querría aquella antigua cultura que un grupo internacional de personas les hiciera este tipo de servicio? ¿Habían ellos olvidado cómo hacerlo? ¿Habían, por alguna razón, perdido el poder espiritual para hacerlo por sí mismos? La verdad es que no lo sé. Todavía me sigue resultando extraño que encargaran una tarea tan personal a alguien de otra cultura. Sin embargo, me recuerda el tiempo en que los taos pueblo de Nuevo México me pidieron que enterrara a sus muertos. Ellos creían que sería mejor para ellos si otra cultura realizara aquel trabajo. Quizá los mayas precisaban una fuerza exterior para abrir los canales de energía. O puede que, como muchos de nosotros, estuviesen abrumados por las circunstancias y necesitasen ayuda. Fuera cual fuese la razón, los mayas nos habían invitado, tanto los vivos como los antiguos, a ir a México y efectuar aquellas ceremonias con ellos y por ellos. No podíamos negarnos. El encuentro en Mérida En cuanto pisé suelo mexicano, mi corazón comenzó a latir con más fuerza. Pude percibir claramente que existía una conexión entre este viaje y el de los anasazis. Era la misma energía, como si ya hubiera sido soñado. En mi interior sentí que este nuevo periplo por los templos mayas de los chakras iba probablemente a cambiarme la vida; sin embargo, no sabía cómo iba a ser. Quién sino Dios, y quizá los Antiguos, podía conocer lo que estaba a punto de acontecer. Yo estaba claramente entrando en lo desconocido. Cuando llegué a la ciudad circular de Mérida fui llevado al hotel Los Aluxes (que significa «Las Gentes Pequeñas»), donde me encontré con Lionfire y Carolina, que ya habían llegado. A lo largo de las siguientes veinticuatro horas se fue reuniendo poco a poco nuestro grupo vagabundo de sesenta almas procedentes de todas las partes del mundo. Una bienvenida maya Para nuestro primer encuentro, Lionfire nos había organizado una tarde especial con sus amigos mayas. Nos reunimos en una pequeña habitación del hotel donde una anciana maya, una hermosa abuela, se colocó frente a nosotros y, en lengua maya, nos otorgó su permiso para participar en las ceremonias y visitar lugares que en el pasado habían estado reservados exclusivamente para los sacerdotes mayas. Nos sentimos increíblemente honrados por sus palabras y se derramaron muchas lágrimas. A continuación, un grupo musical maya llamado Wayak nos deleitó con su música evocadora. Sus gritos guturales y los instrumentos nativos parecían los sonidos de un antiguo pasado. Eran diferentes a todo lo que habíamos escuchado con anterioridad. El encanto de aquella tarde fue el comienzo perfecto de una peregrinación de ceremonias que esperábamos que devolvieran la salud y el equilibrio al pueblo maya y a sus tierras, ayudándoles a prepararse para las inmensamente importantes ceremonias del futuro, unas ceremonias de las que algún día dependerá el mundo entero para su propia supervivencia. Sentado en aquel círculo, me di cuenta de que nos íbamos a mover por la misma espiral de templos que Ken y yo habíamos recorrido casi veinte años atrás, aunque también iba a haber algunos nuevos. Me sentí veterano y niño al mismo tiempo. Casi no podía esperar. Los templos de Uxmal Cuando llegamos a Uxmal, nuestro grupo internacional estaba empezando a recordar que debían respirar como Un Solo Corazón. Se reunieron a mí alrededor mientras les contaba la historia del gigantesco péndulo de Ken y los asombrosos acontecimientos de 1985. Luego fuimos a la Gran Pirámide, donde comprobé que el árbol que había sellado el cristal de obsidiana seguía allí. Era mucho mayor que la última vez que lo vi, en 1995, cuando estuve en Chichén Itzá con Hunbatz Men para celebrar la ceremonia del equinoccio de primavera de aquel año. Era el único árbol en aquel espacio cubierto de hierba y estaba perfectamente alineado con el centro de la pirámide y el borde del edificio adyacente.
Nos encaminamos hasta la cumbre de la Gran Pirámide, una subida empinada y una altura de vértigo para algunos de los integrantes de nuestro grupo que no habían hecho nada parecido con anterioridad. Desde arriba podíamos contemplar toda la zona de Uxmal, inmensa, con sus pirámides y templos que se extienden a lo largo de kilómetros de selva. Resultaba fácil imaginar cómo, en tiempos pasados, el lugar había constituido un gran centro para el pueblo maya. La ceremonia que celebramos allí tomó una forma inusual: la geometría del vesica piscis. Imagínate, un grupo de sesenta personas en la cumbre de la pirámide intentando colocar nuestros cuerpos para dibujar dos círculos que se solapan. Al final lo conseguimos, con algunas personas casi colgando del borde, y así se desarrolló nuestra primera ceremonia del viaje. Los dos círculos enlazados representaban las ceremonias de los indígenas interiores y las de nuestro grupo internacional, actuando como Una Sola. Al final de la ceremonia me di cuenta de que ya estábamos empezando a conectar con los Antiguos. Sentí que nos observaban, nos sentían, nos probaban. Y en respuesta, los corazones de los miembros de nuestro grupo fueron abriéndose cada vez más, exactamente lo que necesitábamos para ser aceptados tanto por los mayas de la superficie como por los de los Mundos Interiores. Nuestra salida de Uxmal, agotados pero alborozados, estuvo rodeada de esplendor. Por todo Yucatán, los mayas estaban quemando los campos para preparar la siembra de las cosechas de primavera, y la suave neblina que llenaba el aire hizo que el Sol se pusiera en medio de un inusual y brillante derroche de gloria. Nuestra respuesta ante la belleza del lugar y ante nuestras experiencias me hizo saber que el Gran Espíritu había reunido a las personas adecuadas para aquel trabajo. Ni planeándolo podría haber estado mejor.
Labná Tras dejar Uxmal nos dirigimos a los templos de Labná y Kaba antes de regresar a Mérida. Labná es el segundo chakra y representa el centro sexual. La tierra es de un color rojo óxido, muy parecida a la de Sedona, en Arizona, donde vivo ahora. Todo el complejo del templo posee un sabor suave, seductor, y una energía que de un modo u otro siempre te llega al corazón. Realizamos una ceremonia sencilla destinada más a la purificación que a cualquier otra cosa. Yo caminé alrededor de cada una de las personas envolviéndolas en humo de salvia y cedro mientras uno de los miembros del grupo tocaba lentamente un ritmo similar al de los latidos del corazón con su tambor. Pero cuando estábamos en aquel círculo apareció una cosa que más adelante iba a constituir un enorme problema. Una de las mujeres procedentes de Sudamérica comenzó a perder ligeramente el control cuando el humo ceremonial se elevó alrededor de su cuerpo. Su rostro se contrajo y extraños sonidos temerarios brotaron de su cuerpo. Al cabo de unos minutos empezó a agitar los brazos y el cuerpo, haciendo que algunos sintieran miedo. Las personas que se encontraban a su lado respondieron de inmediato e intentaron tranquilizarla, pero para mí fue evidente que algo asociado con el lado oscuro de la vida estaba comenzando a expresarse. Lo registré mentalmente y a partir de aquel momento no dejé de observarla. Tenía claro que aquello iba a constituir una influencia perturbadora para nuestro trabajo conjunto, pero por entonces no comprendí lo que significaba ni de dónde procedía. Kaba El último templo del día era Kaba. Hace muchos años tenía otro nombre, y es un templo que me resulta extremadamente interesante debido a que los mayas llegaron de la Atlántida allí donde los judíos accedieron por primera vez a la consciencia humana. (Véase El antiguo secreto de la flor de la vida, volumen I.) El nombre original de Kaba era Kábala, que todo judío reconocería como perteneciente a uno de los libros sagrados del judaísmo. Esto sólo tiene sentido cuando conoces la historia de los mayas. Tras lo sucedido en Labná, dejamos que nuestro grupo se dedicara sólo a explorar Kaba, sin celebrar ninguna ceremonia. La energía debía cristalizar para que pudiéramos entender lo que se nos estaba acercando. Volvimos a Mérida, esperando para saber lo que debía venir a continuación a medida que los mayas fueran suavemente exponiendo sus necesidades a nuestra consciencia exterior. Mérida Esa noche todos nos fuimos a la cama pronto, pues debíamos levantarnos a las cuatro de la madrugada. Así debía ser para poder estar presentes en el momento de la salida del Sol en el antiguo lugar de Dzibilchaltún, donde el sol equinoccial se eleva cada año por detrás del ojo de la cerradura de un templo construido por una civilización que se remonta al año 500 a.C., probablemente el sitio más antiguo de todos los que íbamos a visitar en Yucatán. Después de eso debíamos regresar a nuestro hotel de Mérida, hacer los equipajes, visitar las extraordinarias grutas de Balancanché y poner rumbo a Chichén Itzá para la ceremonia del equinoccio que se iba a celebrar al día siguiente. Reunión con Hunbatz Men Antes de relatarte lo que sucedió en Dzibilchaltún, donde acudimos para participar en el antiguo rito del equinoccio de primavera, debo contarte una conversación que mantuve con Hunbatz Men el día anterior durante el desayuno. Mientras Hunbatz bebía su café y yo sorbía mi té, repasamos nuestros programas para sincronizar nuestros movimientos durante los próximos acontecimientos. Como íbamos a celebrar juntos la ceremonia de Chichén Itzá —el chakra corazón—, debíamos determinar con exactitud cómo teníamos que colocar nuestras energías con referencia a los cientos de ancianos incas, mayas y de otras tribus indígenas que iban a acudir de toda América para participar. En otras palabras, Hunbatz quería saber con precisión dónde íbamos a estar y cómo íbamos a interactuar con el grupo. Además, estaba previsto que el grupo de Carolina Hehenkamp fuera con Hunbatz cuando partiéramos hacia Chichén Itzá, y queríamos acordar dónde iba a estar cada uno de nosotros durante los días de aquellas numerosas ceremonias. Tras discutir aquello, Hunbatz cambió de tema. Quería hablarme acerca del futuro y, en especial, sobre la importancia de las calaveras de cristal en próximas ceremonias. Me explicó que estas calaveras están vivas y que pronto se juntarían todas en nuestras ceremonias a medida que nos iríamos aproximando al Fin de los Tiempos. Lo curioso era que el Native American Council de Estados Unidos me había enviado una calavera de cristal a mi casa de Arizona antes de mi partida. Debía conservarla durante un período de tiempo indeterminado. Pero las calaveras de cristal no habían formado parte de lo que yo entendía que era el propósito de aquel viaje a Yucatán. Por eso, mientras escuchaba a Hunbatz, consideré que la información acerca de ellas realmente estaba destinada a otro momento. Qué poco sabía entonces. Como de costumbre, soy el último en enterarme.
El templo de Dzibilchaltún Yo había presenciado la ceremonia del equinoccio en 1995 con Hunbatz, y me ilusionaba volver a experimentarla con aquel fantástico grupo. Llegarnos al lugar, que había sido un importante centro de iniciación para las escuelas de misterio de todo el mundo, unos veinte minutos antes del amanecer. Otras muchas personas, en su mayoría mayas, habían acudido también para celebrar de esa forma el equinoccio.
El Templo del Amanecer es un edificio de piedra con una abertura por la que el sol equinoccial, la primera luz del equinoccio de primavera, aparece cada año. El camino que conduce al templo es un pasillo largo y rocoso, casi como una pasarela de desembarque, con arbustos de baja altura a ambos lados. El templo está situado al final de este pasillo. Lionfire también había estado allí antes y ayudó a nuestro grupo a colocarse en fila, a una cierta distancia del templo, para que pudiera ver la aparición del Sol por la abertura. Unos dos minutos antes del momento previsto para que el Sol asomara, ocurrió algo que no olvidaré jamás. Una pareja mexicana de edad, a la que ya había conocido con anterioridad, se me acercó y dijo: —Drunvalo, ¿eres tú? Me volví para hablar con ellos, sabiendo que sólo faltaban unos «segundos para la salida del Sol. María, la mujer, llevaba una tela blanca que envolvía un objeto bastante grande. La abrió para mostrarme lo que guardaba en ella. Allí, entre sus manos, se encontraba una bellísima calavera de cristal maya, antigua y de un blanco reluciente. Me miró, y dijo: —Por favor, sostén esto junto a tu corazón. La coloqué allí donde ella me pidió y me volví hacia Dzibilchaltún justo en el momento en que el primer rayo de sol comenzaba a atravesar la abertura del templo. En pocos segundos el sol penetró totalmente por ella y los primeros rayos de luz hicieron explosión en mi interior. Tuve una visión. Vi dos espíritus mayas humanos dentro de la calavera de cristal que sostenía junto a mi corazón. Eran un hombre y una mujer y estaban muy vivos, en unión sexual, mirándose mutuamente con eterno amor. En ese momento, en un destello de entendimiento, supe con certeza lo que los mayas estaban haciendo con aquellas calaveras de cristal. Se elegía a determinados mayas, normalmente en el momento del nacimiento, para formar parte de la ceremonia de la calavera de cristal. Cada uno de ellos era designado para capturar la esencia de toda la cultura maya en uno de trece periodos de tiempo diferentes, que se extendían desde el principio al fin de su cultura, y para tal fin recibían un entrenamiento que duraba toda su vida. En el momento adecuado de sus vidas, en una solemne ceremonia, ingerían un psicodélico natural específico y, de acuerdo con su preparación, morían permaneciendo conscientes mientras dejaban su cuerpo y obligaban a su espíritu a entrar en la calavera de cristal. Esta calavera, entonces, se convertía en su hogar, en su cuerpo, durante cientos o incluso miles de años. Debían vivir en el interior de la calavera de cristal, guardando y preservando el conocimiento, los recuerdos y la sabiduría de los antiguos mayas, para que en este momento, en el Fin de los Tiempos, éstos pudieran ser recordados. Y aquél era justo el momento en que su propósito estaba siendo cumplido. Todas las calaveras estaban reuniéndose lentamente por toda la tierra maya, pues ése había sido su objetivo desde el principio. Hay un total de trece calaveras, y en un futuro próximo la Ceremonia de las Trece Calaveras Mayas será una realidad y la profecía maya se completará, lo que significará que la antigua transmisión habrá entrado en el espíritu maya moderno. Cuando aquel conocimiento me inundó, vi a una anciana sentada calladamente en el fondo de la calavera de cristal. Supe que ella era la que había organizado aquel matrimonio eterno entre los dos amantes. Supe que ella era la que había planeado todo lo que la calavera debía hacer para su gente, y que fueron las abuelas antiguas las que diseñaron este método de transmitir información a través de los siglos, y que seguían protegiendo las calaveras. El conocimiento, los recuerdos y la sabiduría que guardaban los amantes mayas pertenecían al periodo de tiempo en que la cultura maya estaba empezando a florecer. Era aquélla una época en la que el amor y la compasión regían todo lo relacionado con el mundo maya. Y aquel extraordinario amor, la compasión y el conocimiento eran lo que debía ser reencendido en el corazón de los modernos mayas. La experiencia de la salida del Sol a través de la abertura del templo y la calavera de cristal con sus amantes espirituales abrieron mi corazón como nunca habría creído posible si no lo hubiera vivido. De una forma dramática, los antiguos mayas estaban empezando a hablarme acerca de lo que era importante para ellos.
Escuché y recé. Entonces supe que aquella expedición iba a constituir otro viaje al corazón que cambiaría aún más profundamente la vida sobre la Tierra y sanaría las relaciones entre las personas. Creí que incluso podría sanar las sofocantes nubes de dióxido de carbono que están ahogando nuestro planeta. Aquella experiencia aportó una increíble esperanza a mi ser. Sin embargo, no era consciente de que otra experiencia de igual intensidad me estaba esperando unas pocas horas después. Debíamos entrar en un lugar tan poderoso, tan profundamente centrado cu el corazón, que simplemente por haber estado allí nadie de nuestro grupo volvería a ser el mismo. Estábamos a punto de hablar con los Antiguos directamente. El cenote de Dzibilchaltún Los cenotes son estanques sagrados, y a veces incluso lagos de buen tamaño, alimentados por manantiales subterráneos. Recuerda el que vi en Chichén Itzá en 1985, cuando estuve allí con Ken. Para los mayas, todos los lugares sagrados debían estar situados cerca de uno de ellos, pues estos manantiales eran considerados las puertas a los Mundos Interiores. Se cree que el agua de los cenotes posee grandes propiedades curativas, y el de Dzibilchaltún está entre los más importantes para los mayas. Por eso, después de contemplar el sol del equinoccio de primavera salir a través del templo de piedra de Dzibilchaltún, nos dirigimos a su cenote, un precioso estanque en el límite de la selva. Nos reunimos alrededor de las ruinas de piedra que se encuentran junto a él y celebramos un servicio improvisado, meditando en favor de los mayas, de nuestro viaje y por la sanacion de la guerra de Irak, que había estallado exactamente la noche anterior a nuestra búsqueda. Resulta interesante señalar que los mayas habían establecido aquella fecha para la Ceremonia por la Paz Mundial dos años y medio antes. Tras la ceremonia, los guardianes de la antigua calavera de cristal que yo había sostenido junto a mi corazón colocaron el sagrado objeto sobre una tela que cubría un saliente de piedra y nos permitieron a todos tocarla y sentir su poder. De repente, una fuerte y horrible manifestación de energía oscura intentó entrar en nuestro círculo haciéndose con el control del cuerpo de una de las mujeres del grupo. Era la misma mujer a través de la cual se había manifestado en Labná. La mujer en la que había penetrado la entidad levantó la calavera de cristal por encima de su cabeza y, con todas sus fuerzas, intentó estrellarla contra el enorme saliente de roca sobre el que estaba colocada. Tres hombres, conducidos por Lionfire, la agarraron para arrebatarle la calavera. El forcejeo duró varios minutos, pero al final la calavera sobrevivió. La mujer echaba espumarajos de furia mientras la entidad se movía por su interior. Habíamos estado manteniendo una cuidadosa vigilancia para proteger al grupo contra aquella entidad. Sabíamos que estábamos en su casa. Aquella era la entidad que había penetrado en la consciencia maya cuando ésta se encontraba en la cima de su cultura y la había transformado, sustituyendo el amor y la belleza por los sacrificios humanos y el miedo. Sabiendo esto, Lionfire había estado protegiendo de cerca la calavera. Sin embargo, tuvo que echar mano de toda su fuerza y de la de otros dos hombres para evitar que aquel inestimable objeto sagrado fuera dañado. Ahora sabíamos lo fuerte y decidida que era aquella energía. Sin duda debía ser eliminada del cuerpo de la mujer antes de que pudiéramos participar en la ceremonia del día siguiente en Chichén Itzá. Normalmente se entiende, tal y como comentaron muchos de los integrantes de nuestro grupo, que esta energía del lado oscuro está entre nosotros por alguna razón. Constituía una parte importante del problema de los que intentábamos ayudar a sanar el mundo, y sabíamos que debíamos lidiar con ella de una forma positiva: con amor, compasión e incluso gratitud, en especial hacia el miembro de nuestro grupo que había accedido, en algún nivel superior de su ser, a representar un papel tan difícil. Debíamos diseñar un plan. Alegres, impresionados, y sin embargo escarmentados, regresamos a Los Aluxes para desayunar, y a continuación nos dirigimos a la siguiente aventura de nuestro viaje, hacia las incomparables gruías de Balancanché. (Digo «grutas» porque, aunque sea una sola, tiene muchas derivaciones que se extienden en diversas direcciones.)
Humberto, nuestro guía Me gustaría escribir unas pocas palabras acerca de Humberto Gómez, nuestro guía Merlín por las tierras mayas. Humberto es un hombre de setenta y pocos años que aparenta sesenta. Es de pequeña estatura y muy esbelto, con un porte aristocrático, como el de sus antepasados hidalgos españoles. Durante los dos primeros días del viaje se mantuvo callado; educado, encantador, extremadamente colaborador, pero reservado y modesto. Sin embargo, de camino hacia Balancanché, Humberto no pudo mantener su silencio. Yo sabía que estaba licenciado en arqueología, pero entonces me enteré de que no sólo era un hombre extraordinariamente erudito y con un vasto conocimiento de la arqueología de su tierra natal, ¡sino que él, Humberto Gómez, había sido el que, en su juventud, descubriera las grutas de Balancanché! Al entrar en el aparcamiento de Balancanché me di cuenta de que Humberto sabía más acerca de aquel lugar que ninguna otra persona viva. Aunque aquel día llevábamos muchas horas levantados, todavía era temprano cuando llegamos al museo. Las cuevas estaban aún cerradas, así que, mientras esperábamos, invité a Humberto a que nos relatara su descubrimiento. Nos agrupamos a su alrededor, interesados por lo que nos iba a contar. Y disculpándose al principio, pero enseguida con gran brío y color, Humberto hizo que sus increíbles experiencias ocurridas tanto tiempo atrás volvieran a la vida para nosotros. Fue la primera de las muchas historias que Humberto nos regaló durante nuestro viaje espiral a través de Yucatán. ¡Era un narrador increíble! Humberto era un estudiante de arqueología de veintitantos años cuando encontró una cueva pequeña y de paredes de tierra cerca de su casa. No se lo contó a nadie y la convirtió en su propio escondite. Le gustaba ir allí a meditar o a estar solo. La cueva era un lugar mágico para Humberto, pero según nos contó, realmente no tenía nada de especial; desde luego nada que pudiera sugerir que tuviera antiguas raíces mayas. Era sólo una cueva. Pero era su cueva y siguió visitándola durante muchos años. Pero un día, en el año 1959, le dio por dar golpecitos sobre un punto concreto de las paredes de la cueva. Los golpes produjeron un sonido hueco. La pared estaba cubierta por los elementos químicos que habían estado rezumando de la tierra durante millones de años. Aquel trozo de pared parecía igual que cualquier otro de la cueva. Pero cuando Humberto escarbó en la pared terrosa encontró, escondidos tras ella, ¡los conocidos restos de ladrillo y mortero de un antiguo muro maya! Puedes imaginar su emoción al retirar cuidadosamente unas cuantas piedras de la pared, las suficientes como para poder pasar a la vasta y hasta entonces desconocida gruta subterránea que se escondía al otro lado. Completamente solo, Humberto recorrió los aparentemente interminables pasillos y caminos excavados en la roca. Y allí encontró algo desconocido y único en toda la tierra maya. Repartidos por toda la cueva había altares fabricados con columnas naturales de estalactitas y estalagmitas. Y alrededor de estos altares encontró ofrendas realizadas quizá mil años antes y que no habían sido tocadas desde entonces. Cada uno de los cientos de cacharros de barro, utensilios, imágenes y molinillos que habían sido ofrecidos a Chac, el dios de la lluvia, descansaba en el lugar exacto en que había sido depositado por antiguas manos mayas en alguna ceremonia ancestral. Nada había sido visto ni tocado en los años pasados desde que la gruta fuera sellada a la vista humana. Inmediatamente fue en busca de funcionarios gubernamentales a los que contar su descubrimiento arqueológico, para asegurar que todo lo que la gruta contenía fuera protegido contra cualquier alteración y contra el vandalismo. Normalmente, cuando se encuentra un yacimiento en México, el gobierno toma todo lo que encuentra y lo lleva a un museo. Pero en este caso, y de forma totalmente excepcional, los científicos y funcionarios que entraron los primeros en la gruta se dieron cuenta de la importancia de conservar lo que había descubierto Humberto. Inmediatamente cerraron la entrada y colocaron un guarda para que la protegiera. Y así sigue, intacta hasta hoy. Nada ha sido movido excepto para hacer un pequeño camino a través del complejo, de forma que los visitantes puedan experimentar la cueva tal y como fue descubierta.
Después de que acudieran los representantes gubernamentales, sin embargo, se corrió la voz y al día siguiente apareció un grupo de ancianos y chamanes mayas que anunciaron que iban a entrar en la gruta llevar a cabo una ceremonia. Nos lo contó Humberto con una sonrisa divertida y nos enfatizó que no preguntaron si podían hacerlo o no. Sencillamente dijeron: —Vamos a hacerlo. Los funcionarios respondieron: — ¡No pueden hacer eso! La discusión y el debate se prolongaron durante un tiempo hasta que finalmente los representantes oficiales accedieron a que los mayas realizaran su ceremonia..., ¡pero sólo si ellos podían entrar para asistir a ella y tomar fotografías! Más discusión y debate. Al final los mayas cedieron, pero con dos condiciones: todo el que entrara en la cueva debía jurar que guardaría el secreto, y nadie podría irse hasta que todo terminara, lo que significaba permanecer allí veinticuatro horas sin comida ni agua. Advirtieron que si alguien se marchaba antes del final de la ceremonia, ellos no asumían la responsabilidad por las terribles consecuencias que tendría aquella actuación. Eso fue lo que se acordó. Los mayas y los mexicanos penetraron en la negrura de la tierra para llevar a cabo la ceremonia..., y volvieron a salir, veinticuatro horas más tarde, en medio de una lluvia torrencial. Aquello era la señal que buscaban los mayas. Así sabían que Chac, el dios de la lluvia, había aceptado sus plegarias. Humberto fue uno de los participantes en aquella ceremonia a Chac y nunca ha olvidado su poder. Tras Balancanché, Humberto resultó ser un ameno pozo de bellas historias e información acerca de los yacimientos que visitamos y sobre la historia de Yucatán. Una vez le pedí que me contara la ceremonia maya de Balancanché, pero se negó a ello. Había hecho una promesa. Fue la única vez que rehusó contestar a una pregunta. En el interior de las grutas de Balancanché Yo nunca había entrado en las grutas de Balancanché. Me eran totalmente desconocidas. Y ni yo mismo ni nadie del grupo podría haber esperado ni imaginado la experiencia que íbamos a vivir. Para empezar, creíamos que íbamos a tener que permanecer en Balancanché la mayor parte del día. Ello era debido a que, para proteger la gruta, los vigilantes sólo permitían la entrada simultánea de diez personas. Sólo así les resultaba posible realizar una vigilancia suficientemente estrecha como para impedir que nadie tocara o se llevara algo. Sin embargo, Humberto había participado en nuestras primeras ceremonias y había podido comprobar la reverencia que sentíamos por los yacimientos mayas y sus gentes. Sabía que teníamos permiso de los Antiguos para estar allí. Y como él era el que había descubierto la gruta, utilizó su influencia para que se hiciera una excepción. Según nos dijo, se nos permitiría entrar en grupos de veinte. Aquello constituía un gran honor y una enorme prueba de confianza. Pero cuando empezamos a dividirnos en tres grupos, Humberto convenció a los guardas para que hicieran una concesión más. Nos comunicó que ¡se nos permitía entrar en dos grupos de treinta! Yo fui el último del primer grupo. Con gran reverencia nos encaminamos por el sendero de la selva hasta la boca de la gruta, un inmenso agujero que entraba en espiral en la tierra. Los pájaros que volaban alrededor de ella y las flores que colgaban de todas las paredes parecían inclinar sus cabezas. Yo tenía el vello de punta. Entrar en la cueva era como entrar en el seno de la Madre. Al instante comenzó a abrirse mi corazón. Fue una respuesta completamente involuntaria ante las energías presentes. Seguimos descendiendo hacia las profundidades de la Tierra, penetrando cada vez más en la oscuridad. Yo podía sentir que aquél era uno de los lugares más sagrados en los que había estado jamás. Mi corazón seguía abriéndose sin que yo pudiera evitarlo. Podía ver y sentir que lo mismo les estaba sucediendo a todos los que se encontraban delante de mí. De pronto, observé que estaba cantando suavemente.
Después de que acudieran los representantes gubernamentales, sin embargo, se corrió la voz y al día siguiente apareció un grupo de ancianos y chamanes mayas que anunciaron que iban a entrar en la gruta llevar a cabo una ceremonia. Nos lo contó Humberto con una sonrisa divertida y nos enfatizó que no preguntaron si podían hacerlo o no. Sencillamente dijeron: —Vamos a hacerlo. Los funcionarios respondieron: — ¡No pueden hacer eso! La discusión y el debate se prolongaron durante un tiempo hasta que finalmente los representantes oficiales accedieron a que los mayas realizaran su ceremonia..., ¡pero sólo si ellos podían entrar para asistir a ella y tomar fotografías! Más discusión y debate. Al final los mayas cedieron, pero con dos condiciones: todo el que entrara en la cueva debía jurar que guardaría el secreto, y nadie podría irse hasta que todo terminara, lo que significaba permanecer allí veinticuatro horas sin comida ni agua. Advirtieron que si alguien se marchaba antes del final de la ceremonia, ellos no asumían la responsabilidad por las terribles consecuencias que tendría aquella actuación. Eso fue lo que se acordó. Los mayas y los mexicanos penetraron en la negrura de la tierra para llevar a cabo la ceremonia..., y volvieron a salir, veinticuatro horas más tarde, en medio de una lluvia torrencial. Aquello era la señal que buscaban los mayas. Así sabían que Chac, el dios de la lluvia, había aceptado sus plegarias. Humberto fue uno de los participantes en aquella ceremonia a Chac y nunca ha olvidado su poder. Tras Balancanché, Humberto resultó ser un ameno pozo de bellas historias e información acerca de los yacimientos que visitamos y sobre la historia de Yucatán. Una vez le pedí que me contara la ceremonia maya de Balancanché, pero se negó a ello. Había hecho una promesa. Fue la única vez que rehusó contestar a una pregunta. En el interior de las grutas de Balancanché Yo nunca había entrado en las grutas de Balancanché. Me eran totalmente desconocidas. Y ni yo mismo ni nadie del grupo podría haber esperado ni imaginado la experiencia que íbamos a vivir. Para empezar, creíamos que íbamos a tener que permanecer en Balancanché la mayor parte del día. Ello era debido a que, para proteger la gruta, los vigilantes sólo permitían la entrada simultánea de diez personas. Sólo así les resultaba posible realizar una vigilancia suficientemente estrecha como para impedir que nadie tocara o se llevara algo. Sin embargo, Humberto había participado en nuestras primeras ceremonias y había podido comprobar la reverencia que sentíamos por los yacimientos mayas y sus gentes. Sabía que teníamos permiso de los Antiguos para estar allí. Y como él era el que había descubierto la gruta, utilizó su influencia para que se hiciera una excepción. Según nos dijo, se nos permitiría entrar en grupos de veinte. Aquello constituía un gran honor y una enorme prueba de confianza. Pero cuando empezamos a dividirnos en tres grupos, Humberto convenció a los guardas para que hicieran una concesión más. Nos comunicó que ¡se nos permitía entrar en dos grupos de treinta! Yo fui el último del primer grupo. Con gran reverencia nos encaminamos por el sendero de la selva hasta la boca de la gruta, un inmenso agujero que entraba en espiral en la tierra. Los pájaros que volaban alrededor de ella y las flores que colgaban de todas las paredes parecían inclinar sus cabezas. Yo tenía el vello de punta. Entrar en la cueva era como entrar en el seno de la Madre. Al instante comenzó a abrirse mi corazón. Fue una respuesta completamente involuntaria ante las energías presentes. Seguimos descendiendo hacia las profundidades de la Tierra, penetrando cada vez más en la oscuridad. Yo podía sentir que aquél era uno de los lugares más sagrados en los que había estado jamás. Mi corazón seguía abriéndose sin que yo pudiera evitarlo. Podía ver y sentir que lo mismo les estaba sucediendo a todos los que se encontraban delante de mí. De pronto, observé que estaba cantando suavemente.
Y escuché un sonido a mis espaldas. Me volví para ver quién era, y vi que nuestro segundo grupo se acercaba con rapidez. ¿Se habrían equivocado? ¿Es que no estaban cumpliendo las instrucciones? La primera persona del segundo grupo se me acercó, sonriendo, sintiendo lo sagrado del lugar. — ¿Qué hacéis aquí? —pregunté. —Humberto decidió dejarnos ir a todos como un solo grupo — me respondió. «Claro», me dije a mí mismo. Parecía lo correcto que estuviéramos todos juntos. Lo sagrado del lugar y su belleza habían puesto mi corazón a punto de estallar. Aquel cambio inesperado colmó el vaso. Así que seguimos todos juntos, un grupo de sesenta personas en un lugar en el que normalmente sólo se permite la entrada de diez, unidos en un sentimiento de amor y admiración espiritual diferente a todo lo que cualquiera de nosotros había sentido jamás con anterioridad. Y no digo esto a la ligera. Entramos en la parte principal de la gruta, donde una enorme estalagmita se había unido, hace millones de años, con una estalactita igual de gigantesca, creando un inmenso pilar de al menos veinte metros de altura. Alrededor de este pilar se encontraban las ofrendas que los mayas dejaron allí muchos años atrás. Cerámica y vasijas ceremoniales aparecían colocadas sobre el suelo alrededor de esta columna central, tal y como habían estado durante cientos y miles de años. La sensación de santidad resultaba abrumadora. Mi corazón no era capaz de retener las lágrimas. Me eché a llorar. Con los ojos empañados, miré a mí alrededor y vi que todos los que me rodeaban también estaban llorando. Habíamos acudido a las tierras de los mayas para experimentar el Espacio Sagrado del Corazón. Y allí era donde estábamos, en un auténtico espacio físico que estaba vivo con la vibración viva del corazón..., y todos nosotros estábamos en sintonía con este espacio, juntos. ¡Todo mi ser vibraba! Continuamos recorriendo las grutas y vimos que había otros dos altares formados por una estalagmita y una estalactita, algo más pequeños, con sus antiguas ofrendas. Y la sensación de santidad seguía creciendo. El cenote de Balancanché El Espacio Sagrado del Corazón se asocia siempre con el agua. Llegué a otra sala de la gruta desde la que un estanque tiraba de mí. El agua era tan clara que casi no podía verla cuando estaba brotando de una cueva adyacente. Aquella agua estaba viva. Auténticamente viva. Cuando clavé mi mirada en el cenote fue como si estuviera viendo otro mundo. Tres personas más del grupo estaban contemplando el estanque con lágrimas en los ojos, y cuando yo me acerqué nos fundimos en un abrazo. En ese momento supe que estaba con mi tribu. Y con nuestras lágrimas y nuestros corazones abiertos estábamos rezando por nosotros mismos, por los mayas y por la Madre Tierra. Yo conocía aquel lugar. Lo había sentido con anterioridad dentro de mi propio corazón. ¿Puedes imaginar lo que fue estar allí físicamente, con otros seres físicos, todos experimentando la misma emoción? Fue algo como nunca me había sucedido anteriormente. Los guardas de la gruta, que hasta entonces se habían mantenido invisibles, nos hicieron señales con las linternas. Había terminado el tiempo de la visita. Cuando me di la vuelta para salir, era incapaz de hablar. Apenas recuerdo cómo caminé hasta la salida de la gruta. Era como estar inmerso en un sueño. Lo siguiente que supe fue que estaba fuera de la cueva, acercándome al museo. Me senté yo solo y cerré los ojos. Seguía vibrando en mi corazón. Estuve así más de media hora antes de que la experiencia que había vivido se asentara lo suficiente como para permitirme ponerme de pie y echar a andar hacia el autobús. Nunca olvidaré aquella experiencia, ni a los mayas, cuyas oraciones siguen resonando en aquel espacio sagrado, ni a las bellas gentes que entraron en la Madre conmigo. Sentado bajo un árbol, esperando la llegada del resto del grupo, recordé la oración de mi maestra más íntima, Cradle Flower, de los taos pueblo:
Belleza frente a mí
Belleza detrás de mí
Belleza a mi izquierda
Belleza a mi derecha
Belleza sobre mí
Belleza debajo de mí
La belleza es amor
El amor es Dios.
viernes, 25 de julio de 2025
Walk ins o cambio de almas en el cuerpo
Mediums o personas que abren los Registros Akáshicos han notado que existen personas que nacen con un alma, pero que en el momento de la consulta, otra alma diferente habita ya ese cuerpo. A este fenómeno se le conoce como “Walk Ins” o Cambio de almas.
En algunos casos un alma no logra adaptarse a esta realidad por lo que decide regresar a la fuente y para que su cuerpo no se pierda, otra alma distinta decide entrar a este recipiente para aprovechar la experiencia. Este fenómeno puede ser planeado o no antes del nacimiento, es decir, puede o no haber un contrato previo entre las almas para hacer este intercambio.
El alma no entra en su totalidad al cuerpo (de lo contrario no seríamos capaces de sobrevivir), por lo que cuando encarnamos en la tierra, sólo una fracción de ésta entra al recipiente, es por ello que puede haber varias partes de nuestra alma encarnadas al mismo momento; sin embargo, estas partes o fracciones del alma están conectadas a la totalidad de nuestra energía (Yo Superior), y sólo cuando hay una emergencia o es completamente necesario, un alma puede regresar a la fuente.
La razones por las cuales el alma decide irse pueden ser variadas, pero las más comunes son:
1. Su vibración no se adapta a esta realidad. Puede sentirse deprimido o simplemente ya no quiere estar aquí.
2. No se adapta a su recipiente, es decir, no es compatible con su cuerpo.
3. Tiene una misión que cumplir en otra parte.
Este intercambio de almas se lleva a cabo cuando:
1. Existe un accidente traumático, como un impacto a la cabeza.
2. Cuando la persona entra en coma.
3. Al irse a dormir
4. La persona tiene fiebre muy alta y pierde la conciencia.
Cuando el alma se decide ir, sabe que otra energía tomará su lugar, aunque para el alma que entra será más difícil su llegada a esta realidad. Las razones por las que el alma decide entrar de esta forma es porque:
1. Busca una forma de mantener el cuerpo en la tierra y no desperdiciar la experiencia.
2. Busca una oportunidad de crecimiento y expansión,
3. Trae más luz a la tierra.
Los Walk Ins o las almas que deciden llegar, no saben lo difícil puede ser llegar a la tierra de esta manera ya que claramente sufren perdida de memoria, algunos de los síntomas más comunes que padecen son:
1. Cambio completo de personalidad y gustos.
2. Perdida de memoria. No recuerda quién es.
3. Desconexión con su cuerpo.
4. Sentimiento de no querer estar aquí.
Estos intercambios pueden suceder a cualquier edad pero es más común que ocurran antes de los 50. Este fenómeno de "Walks Ins" sucede más veces de lo que creemos. Y si bien, no es la forma más optima para que un alma llegue a la tierra, es algo que requiere de mucha valentía y por lo tanto, las almas que deciden hacer esto, son muy admiradas en el mundo espiritual pues se requiere de mucha preparación previa al cambio.
Es importante que entiendan que en el futuro habrá más almas que llegarán a la tierra de esta manera, pues en estos momentos se necesita de mucha luz en el planeta y dichas almas serán energías con mayor vibración energética y evolución espiritual.
jueves, 24 de julio de 2025
Un pulso tritonal llega a la Tierra.
Esta señal se emite desde el Sol Central y otros puntos de retransmisión cósmica.
Este pulso se conecta con las puertas estelares, las pirámides de cristal y los Sitios Sagrados.
Al conectarse con estos puntos de poder, transmiten los tonos al núcleo de la Tierra Interna, la red diamante, y a los humanos que se han conectado como receptores y transmisores.
Los tonos que llegan son una transmisión de frecuencia multidimensional que se origina más allá de nuestra galaxia.
Se percibe como una tríada armónica de inteligencia de la Fuente proveniente de sistemas estelares de dimensiones superiores (Andromedano, Sirio, Arcturiano).
Estos tonos ayudarán a reformatear las redes terrestres corruptas.
Anteriormente, la Tierra solo recibía un tono a la vez. Este es un momento crucial.
La Tierra finalmente ha estabilizado un armónico superior, y muchos codificados para encarnar la Mónada se han conectado.
Hay suficientes tonos activados ahora para mantener la red estabilizada mientras el pulso hace su trabajo.
La Tierra y nosotros ahora podemos manejar tres tonos que llegan a la vez.
Este tono está aquí para sentar las bases, el andamiaje que necesitamos para lo que viene después del colapso de la falsa matriz.
En muchos sentidos, siento que también exacerba el colapso de la ilusión, ya que nos proporciona una estructura hacia la que movernos.
Es mucho más fácil abandonar un barco que se hunde cuando hay un salvavidas esperando que simplemente lanzarse por la borda con la esperanza de no ser devorado ni ahogado.
Se me mostró claramente que este tritono también cambiará la frecuencia que se transmite desde los sitios sagrados y los portales estelares.
Esta información llegó mientras conectaba etéricamente con los sitios y portales mientras planeaba un Viaje Sagrado a Francia en otoño y a Escocia en 2026.
Si trabajas con sitios sagrados, portales estelares y pirámides de cristal, podrías ser llamado de regreso a los antiguos o a otros completamente nuevos para recibir los códigos e instrucciones actualizados que se transmiten ahora.
Estos tonos también corregirán los sitios y portales que hayan sido secuestrados o desalineados.
Los devuelve al plano planetario original.
Así funciona el Tritono:
Esta señal se emite desde el Sol Central y otros puntos de retransmisión cósmica.
Este pulso se conecta con las puertas estelares, las pirámides de cristal y los Sitios Sagrados.
Al conectarse con estos puntos de poder, transmiten los tonos al núcleo de la Tierra Interna, la red diamante, y a los humanos que se han conectado como receptores y transmisores.
Los tonos que llegan son una transmisión de frecuencia multidimensional que se origina más allá de nuestra galaxia.
Se percibe como una tríada armónica de inteligencia de la Fuente proveniente de sistemas estelares de dimensiones superiores (Andromedano, Sirio, Arcturiano).
Estos tonos ayudarán a reformatear las redes terrestres corruptas.
Anteriormente, la Tierra solo recibía un tono a la vez. Este es un momento crucial.
La Tierra finalmente ha estabilizado un armónico superior, y muchos codificados para encarnar la Mónada se han conectado.
Hay suficientes tonos activados ahora para mantener la red estabilizada mientras el pulso hace su trabajo.
La Tierra y nosotros ahora podemos manejar tres tonos que llegan a la vez.
Este tono está aquí para sentar las bases, el andamiaje que necesitamos para lo que viene después del colapso de la falsa matriz.
En muchos sentidos, siento que también exacerba el colapso de la ilusión, ya que nos proporciona una estructura hacia la que movernos.
Es mucho más fácil abandonar un barco que se hunde cuando hay un salvavidas esperando que simplemente lanzarse por la borda con la esperanza de no ser devorado ni ahogado.
Se me mostró claramente que este tritono también cambiará la frecuencia que se transmite desde los sitios sagrados y los portales estelares.
Esta información llegó mientras conectaba etéricamente con los sitios y portales mientras planeaba un Viaje Sagrado a Francia en otoño y a Escocia en 2026.
Si trabajas con sitios sagrados, portales estelares y pirámides de cristal, podrías ser llamado de regreso a los antiguos o a otros completamente nuevos para recibir los códigos e instrucciones actualizados que se transmiten ahora.
Estos tonos también corregirán los sitios y portales que hayan sido secuestrados o desalineados.
Los devuelve al plano planetario original.
Así funciona el Tritono:
PRIMER TONO:
Nos ayuda a recalibrar el cuerpo físico desintoxicando la densidad de nuestros huesos, sangre y chakras inferiores.
Esto ayuda a reescribir nuestra polaridad y magnetismo internos.
Podemos sentirlo en el coxis, las caderas, la pelvis, el útero y la zona lumbar.
Algunas personas también pueden experimentar hinchazón y dolor en pies y piernas.
Este tono trabaja en nuestra base profunda.
Activará los chakras inferiores y activará lo que está bloqueado y nos limita.
No es divertido, pero es muy necesario.
SEGUNDO TONO:
Este tono ayuda a despojarnos de la ilusión.
Activa los Códigos Solares que desmantelan las falsas estructuras de poder y anclan la voluntad divina.
Aporta claridad y allana el camino hacia tu camino más elevado.
Podemos experimentar una claridad repentina a medida que nuestro discernimiento se vuelve más claro y con mayor intensidad.
Podemos sentir frustración, irritación e incluso una profunda ira.
La disparidad de frecuencia que antes tolerábamos ahora se siente como una bofetada.
La ansiedad y la incomodidad pueden mostrarnos dónde no estamos escuchando a nuestro profundo conocimiento interior.
Cuanto más comprendamos que la ansiedad y la incomodidad nos muestran que algo está desalineado o construido sobre una estructura falsa, más lo veremos como una señal sagrada, en lugar de un castigo.
TERCER TONO
Este es IMPORTANTE.
Ayuda a recuperar nuestras Memorias del Alma, pero primero, derriba las falsas superposiciones y las profundas huellas traumáticas.
Reactiva nuestros códigos álmicos personales y planetarios y restaura las verdaderas líneas de tiempo.
Es posible que tengamos sueños y destellos que nos ayuden a recordar nuestra verdad y origen.
El tiempo se sentirá aún más desorganizado y fluido. > Grupo Starseeds: Físicamente, esto afectará el chakra de la coronilla, el tercer ojo, el sistema nervioso y el nervio vago.
✓ Mareos,
✓ zumbidos en los oídos
✓ y dolores de cabeza pueden aumentar a medida que nos adaptamos a esta nueva situación.
Al soltar las falsas superposiciones y los constructos, estos síntomas se aliviarán.
Se ha recomendado que nos aseguremos de que nuestra ingesta de yodo sea suficiente para absorber todo lo que está entrando.
La magnetosfera de la Tierra está muy debilitada y recibimos cantidades significativas de polvo espacial, plasma e incluso radiación.
Todo esto es emocionante y un claro indicador de nuestro impulso.
También podemos ver cómo todo esto continúa intensificando lo que está sucediendo en la Tierra, no solo dentro de la corteza terrestre, sino también en la dinámica humana.
Nos esperan momentos explosivos que traerán ¡Ajá! Momentos donde las cosas se aclararán mucho.
Nuestra labor es dejar que el corazón nos guíe.
Sabe adónde va y qué hacer; la mente solo finge saber, pero habla con mucha naturalidad.
Incluso sin el pulso tritonal que actualmente está remodelando el campo magnético terrestre, los próximos seis meses se sienten increíblemente intensos.
Las decisiones que tomemos ahora sentarán las bases de cómo entraremos en la ventana de bifurcación.
Nuestras decisiones determinan si recorreremos la línea de tiempo de la ascensión con claridad, gracia y alineación, o con distorsión y retraso.
Que tus decisiones provengan del amor y estén arraigadas en tu plena soberanía.
Por favor, sé comprensivo contigo mismo y con los demás durante este tiempo sagrado.
Bruxshia Pleyadian energía Azul Zafiro
jueves, 17 de julio de 2025
Serpiente de Luz Capítulo XII: La Ceremonia del Rayo
El cañón del Antílope Sin embargo, no habíamos concluido todavía, y yo no sabía bien por qué. Parecía que tenía que estar todo terminado y completo, pero no era así. Le pregunté a la Madre Tierra qué faltaba por hacer, y ella, sencillamente, me contestó: —Drunvalo, lo que queda es un regalo para ti. Un regalo de entendimiento. Pero yo seguía sin entender. Nos pusimos nuevamente en carretera. Frente a nosotros se extendía el largo y fascinante camino a Page (Arizona), al extremo superior del Gran Cañón. Allí íbamos a realizar nuestra ceremonia final. Pero primero pasaríamos la tarde en una catedral natural única, conocida como cañón del Antílope, donde conoceríamos a Dalvin, un chamán navajo cuya fiera protección hacia su gente nos iba a proporcionar nuestra última prueba de fe y amor. El cañón del Antílope es tan sagrado para los navajos que sólo se permite la entrada a los visitantes si van acompañados por guías nativos. Estos guías (Dalvin y sus dos tías, Carol y Lisa) recibieron a nuestro autobús y todos nos apiñamos en sus camiones para efectuar un trayecto de veinticuatro kilómetros por lo que parecía desierto en estado puro. A continuación, seguimos a pie a través de un acceso casi escondido y desfilamos desde el calor de una tarde de agosto en Arizona al frescor tranquilo de un cañón con aspecto de cueva. El suelo arenoso, de un color claro, resultaba suave bajo nuestros pies. Una luz multicolor, procedente de las escasas aberturas de la parte superior, se filtraba por los vórtices como un remolino de energía que podía sentirse a nuestro alrededor. El cañón del Antílope es un pasaje serpenteante y estrecho, de no más de seis metros en su parte más ancha, que conduce de un trozo de desierto a otro, con paredes de piedra roja a ambos lados que parecen haber sido modeladas por algún escultor divino. El espacio fluye y se arremolina como el agua que lo formó. Se trata de un lugar distinto de cualquier otro que yo haya visto. Dalvin nos condujo en silencio por el cañón, y cuando emergimos al otro lado se sentó sobre un afloramiento rocoso y comenzó a contarnos historias sobre su cultura. Hablaba muy despacio, con cadencia mesurada, tan bajo, que teníamos que acercarnos mucho para poder escucharle. Nos relató un accidente casi fatal que había sufrido cuando era joven, y cómo aquel accidente había marcado el comienzo de su vida como chamán. Durante el largo tiempo que había estado en coma, había «viajado al fondo del más allá», y cuando volvió estaba cambiado. Nos habló acerca de su forma de utilizar el peyote, y nos dijo que aquel cañón era una iglesia peyote viva. Y mientras hablaba, nos miraba profundamente a los ojos, como si quisiera comprobar quiénes éramos realmente. Tras un rato de estar contándonos cosas, Dalvin nos condujo de vuelta al cañón. Me di cuenta de que no estaba seguro de nosotros, de lo que sentía hacia nuestro deseo de llevar a cabo una ceremonia en aquel lugar sagrado, y de que no estaba plenamente convencido de que tuviéramos derecho a hacer nuestra rueda medicinal en Colorado, de lo que le había hablado uno del grupo. Muchos de nosotros percibimos sus dudas. Cuando finalmente llegamos a una especie de área circular en las profundidades del cañón, nos volvimos a reunir alrededor de Dalvin. Él se puso a tocar la guitarra y a cantar, y luego nos dijo que deseaba cantarnos una canción peyote, pero que no tenía su sonajero. Entonces Vina, una de las mujeres del grupo, que tenía sangre india, le entregó un sonajero medicinal que llevaba consigo. Él lo sacudió unas cuantas veces, mirándolo con atención, escuchando, aparentemente pensando. Luego cantó dos canciones peyotes con el sonajero, las canciones medicinales de su camino. A continuación, y tal y como nos dijo Vina, le devolvió el sonajero y le dijo que era bueno.
Después de escuchar las canciones de Dalvin, le devolvimos el regalo con lo que se había convertido en nuestra canción: Amazing Grace. Él asintió. Una de las tías de Dalvin nos preguntó si íbamos a celebrar una ceremonia. Asentimos y todos nos dirigimos juntos al Espacio del Corazón, orando para que llegara la lluvia a las Cuatro Esquinas y cambiara el clima en aquella sagrada tierra navaja, y para que los nativos americanos y los hombres blancos se hicieran Uno Solo. El cañón se iluminó con una suave luz y fue fácil sentir los corazones de todos nosotros fundiéndose en la unidad, todos como un solo hombre. Susan Barber, una de las integrantes del grupo, se sentó con las dos tías de Dalvin y se puso a hablar con la mayor de ellas, una bella mujer llamada Carol. Le preguntó acerca de lo que había sentido durante nuestra ceremonia. —Muchísimos grupos vienen a este lugar y hacen rituales que nunca me parecen reales o auténticos —dijo Carol—. Ésta ha sido la primera vez que he podido sentirme igual en una ceremonia con blancos que cuando llevamos a cabo las nuestras —sonrió, con una expresión radiante—. «Vi» cómo venían las lluvias. Entonces habló Dalvin, y lo que dijo nos puso la carne de gallina a los que estábamos suficientemente cerca de él como para oírle. Nos dijo que la rueda medicinal (y dibujó con su dedo índice un círculo imaginario sobre su camiseta) tiene una cruz (dibujó la cruz, de norte a sur y de este a oeste). El problema era que algunas personas realizaban la ceremonia «casi bien», pero en lugar de tener energía en forma de cruz la tenían en forma de X. E indicó la X imaginaria dentro de la imaginaria rueda medicinal de su camiseta, diciendo: —La equis conduce al lado oscuro.
¡Era exactamente la misma imagen —hasta en el detalle de la camiseta— que yo había recibido en mi visión del autobús antes de que cantáramos para conducir a los niños anasazis hacia la libertad! Y como ya he explicado con anterioridad, más tarde se me mostró que nuestro alineamiento incorrecto había sido sanado. Y allí estaba aquella enseñanza en la «vida real», confirmando mis visiones. Pero Dalvin seguía sin estar convencido. Un ciego puede ver De vuelta al exterior, y cuando nos estábamos preparando para ser llevados de regreso a nuestro autobús, Dalvin señaló una forma de serpiente sobre la pared de la entrada del cañón del Antílope y empezó a hablarnos sobre ella. Ilustraba cada detalle de lo que estaba diciendo señalando a la forma de la serpiente y moviendo el dedo a lo largo de la formación de doce metros de longitud. Mientras lo hacía, su tía Carol se volvió hacia mí, y me dijo suavemente: — ¿Verdad que es sorprendente? —Le pregunté qué era lo que quería decir—. Bueno, está totalmente ciego. Y así fue cómo supimos que Dalvin, que había llevado a algunos de nosotros en uno de sus camiones (¡y que iba a llevarnos de vuelta en la oscuridad!), que nos había conducido sin fallos por el cañón del Antílope, que nos había mirado profundamente a los ojos mientras hablaba y que en aquel momento estaba señalando las características de la serpiente que guardaba su iglesia peyote, había perdido la visión de ambos ojos como resultado de aquel lejano accidente del que nos había hablado. Según Carol, a los visitantes del cañón nunca se les confesaba la ceguera de Dalvin. De hecho, ni siquiera lo sabían sus propios hijos. Una vez más habíamos recibido un regalo de conocimiento secreto que normalmente se negaba a las mentes tecnológicas modernas de la mayoría de los visitantes de las reservas. Pero poco sabía yo que Dalvin estaba dispuesto a ir mucho más allá para probar a nuestro grupo. Rafting en el río Colorado Aquella tarde llegamos al lago Powell, en Page (Arizona), un lugar de vacaciones en la punta norte de la formación del Gran Callón. Allí Diane tenía un regalo para nosotros: una excursión de rafting por el río Colorado, a través del cañón Glen; una excursión de veinticinco kilómetros a través de uno de los lugares más formidables de la Tierra. Inmensas paredes de piedra roja, de más de quinientos metros de altura, se elevaban a ambos lados del río. Estábamos literalmente metidos en una profunda grieta de la Tierra. Vimos grandes garzas azules que pasaban rozando el agua y escuchamos las historias que nos contaron nuestros guías del río acerca de las personas que vivían allí antes de la llegada del hombre blanco. En un punto determinado desembarcamos para caminar por la orilla y vimos petroglifos realizados por los nativos americanos que habitaron en aquellos cañones hace siglos. Especulamos con el significado de las imágenes. Una de ella parecía decir: «Aquí se puede cazar». O quizá: «Sigue en esta dirección para encontrar buenos patos». A la mañana siguiente nos fuimos hacia nuestro destino final, el Parque Nacional del Gran Cañón. Yo sabía que allí, junto al borde de una de las siete maravillas del mundo natural, iba a ser donde celebraríamos nuestra última ceremonia. La ceremonia de la entrega Elegimos la ceremonia de la entrega porque fue la utilizada hace mucho tiempo por los Antiguos y la siguen practicando los nativos americanos actuales. Consiste en identificar un objeto al que nos sentimos muy apegados y deseamos conservar con todas nuestras fuerzas..., y entregarlo en sacrificio. Para el mundo nativo supone una sanacion para la propia persona y para sus relaciones. Parece sencillo. Sin embargo, como damos tanto valor a nuestras posesiones y como nuestro cuerpo emocional también suele estar conectado a ellas, a menudo se producen sanaciones profundas.
Tres de nosotros (otros dos hombres y yo) estuvimos mucho tiempo buscando por los bosques del Gran Cañón y finalmente acordamos un lugar entre los árboles, escondido a la vista del resto del parque. Marcamos el punto con una piedra especial y dibujamos una pequeña rueda medicinal en la tierra roja. Luego los otros dos hombres fueron a buscar a los demás. Cuando me dejaron solo, dos hembras de alce, madre e hija, se me acercaron para averiguar qué iba a pasar. Nos miramos y ellas se sentaron para observar. En aquel momento supe que lo que estaba a punto de suceder sería perfecto, fuera lo que fuese. Lo preparé todo para la ceremonia, y cuando terminé me senté en el suelo para meditar. Al hacerlo, Dalvin se me apareció en una visión con muchísima claridad. Me dijo: —Quiero que demostréis que tú y tu grupo estáis realmente conectados con la Madre Tierra y con el Gran Espíritu. Si lo hacéis, me uniré a vosotros en mi corazón y os ayudaré en todo. Pero si no sois capaces de hacerlo, entonces os convertiréis en mis enemigos. Le dije que yo también buscaba la prueba de que realmente habíamos cumplido el propósito que albergábamos en aquel viaje sagrado, y le ofrecí lo que debía ser la prueba. Yo sabía que la única que Dalvin podría aceptar sería una que viniera de la Madre Naturaleza, una sobre la que yo no tuviera ningún control. Por eso le dije que, cuando comenzara la ceremonia de la entrega, en el momento exacto en que la primera persona entregara su regalo a la Abuela, la directora de la ceremonia, un rayo brotaría del cielo y caería sobre el suelo en un punto muy cercano al círculo. En mi visión, Dalvin aceptó. Comenzaron a aparecer entre los árboles los miembros del grupo, primero uno, otros muchos a continuación, y se colocaron alrededor del pequeño círculo de piedras. Los alces se pusieron nerviosos al ver a tanta gente y desaparecieron rápidamente en el bosque. Cuando estuvimos colocados, le pedí a la mujer de más edad que se acercara para ser la Abuela. Ella debía recibir los regalos, escuchar las palabras de las personas que los entregaban y a continuación, al final de la ceremonia, elegir un regalo para cada una de las personas del círculo. Susan Barber, o Moonhawk (su nombre medicinal), se convirtió en nuestra Abuela. Cuando se colocó en el círculo a un lado de la pequeña rueda medicinal, todos nos dimos cuenta de que se había producido un cambio en el clima. Era casi la puesta de sol, y en lugar del aire calmado y caliente al que habíamos estado acostumbrados durante casi dos semanas, de repente estaba refrescando. Soplaba el viento, azotando los altos pinos que nos rodeaban. Nubes de tormenta corrían por el cielo oscurecido. Se podía percibir una sensación misteriosa, como de otro mundo. Elevé una oración de inicio para que todo se hiciera de una forma amorosa. Entonces la Abuela pidió a la primera persona que se acercara con su regalo. Se trataba de Osiris Montenegro. Se acercó con lágrimas en los ojos, pues su regalo en la ceremonia era un objeto de enorme significado para él, y se arrodilló frente a la Abuela, sosteniendo su ofrenda con las dos manos. Justo en el momento en que estaba a punto de entregarla a la Abuela, un relámpago cruzó el cielo, un trueno ensordecedor nos envolvió y un rayo cayó sobre el suelo a escasos veinte metros del círculo. Todos los que estaban sentados alrededor de él dieron un salto, sobresaltados. Yo no me sentí asustado. Me sentí feliz. Empecé a reír. No pude evitarlo, pues sabía que habíamos tenido éxito con nuestro viaje sagrado. Recuerdo que miré al grupo y me di cuenta de que frente a mí se encontraban unas almas de gran profundidad y compasión, una comunidad global de maestros. No podía pronunciar palabra. Miré hacia el suelo, pero la felicidad seguía brotando de mi cuerpo. Tras la ceremonia, Vina, la que había prestado el sonajero a Dalvin para sus canciones peyote, y que no sabía nada de lo que había sucedido en mi meditación poco antes de la ceremonia, dijo que Dalvin se le había aparecido después de ésta y le había pedido que me entregara su sonajero. Yo supe que el gesto había procedido de él y que, a partir de ese momento, Dalvin sería un amigo que nos ayudaría en las ceremonias sagradas que celebráramos en otras tierras. El regalo del sonajero de Vina había sido para todos nosotros. Realmente estábamos respirando con Un Solo Corazón. La ceremonia de la entrega duró casi tres horas. Durante todo este tiempo, el viento continuó soplando. Las ramas de los árboles se agitaban con gran ruido por encima de nuestras cabezas.
Muchos creyeron que se estaba acercando una enorme tormenta. Era el cuarto día después de la rueda medicinal de Colorado. Pero en el momento en que concluyó la ceremonia, todo aquel despliegue meteorológico cesó como por arte de magia. Paró el viento, las nubes se alejaron y los árboles quedaron quietos. Y sobre nuestro círculo, billones de estrellas brillaron en el cielo nocturno. Y llegaron las lluvias A la mañana siguiente nos pusimos en camino de vuelta a casa. Al entrar en Flagstaff, gotas de lluvia comenzaron a golpear con fuerza sobre nuestro autobús. Era tal y como me había dicho la Madre Tierra después de la ceremonia de la rueda medicinal. Habían pasado exactamente cinco días. Cuando recogí mi coche aquel mismo día, el cielo estaba cubierto de nubes. Conduje hasta mi casa en medio de una lluvia torrencial. Las ruedas medicinales eran ya también Un Solo Corazón, pues eran creación nuestra. Las personas que se habían reunido en el espacio del Corazón Único para el viaje tomaron sus respectivos caminos, de vuelta a sus hogares y junto a sus seres queridos. Aunque ahora estábamos separados por la distancia, en nuestros corazones siempre seríamos Uno. Siempre recordaremos cómo nuestro amor nos guió en aquella peregrinación; recordaremos a las personas a las que conocimos y cómo juntamos nuestro poder creativo en una sola fuerza, y recordaremos las ceremonias que llevamos a cabo por la sanacion del mundo. Yo sé que los anasazis son ahora hermanos míos, y que llegará el tiempo en que su presencia en nuestros corazones pueda contribuir de forma crucial a nuestra gran ascensión. Que el Gran Espíritu nos bendiga en nuestro regreso al mundo ordinario y bendiga a todos aquellos a los que nuestras vidas tocarán.
martes, 15 de julio de 2025
¿A dónde va una semilla estelar cuando desencarna?
1. Desencarnación "humana" y tránsito por planos sutiles
Muchas semillas estelares, al encarnar en la Tierra, aceptan pasar por el ciclo completo de experiencia humana. Esto incluye también el paso por los planos del bardo terrestre (los estados entre vidas), como lo haría cualquier alma encarnada. En este caso, el alma atraviesa los planos interdimensionales de transición: el plano emocional, mental, y eventualmente el plano causal o del alma. Allí puede reencontrarse con su familia álmica, sus guías y revisar su trayectoria.
2. Reintegración al cuerpo estelar en animación suspendida
Sin embargo, hay semillas que provienen de naves madres o matrices originarias de civilizaciones avanzadas. Estas semillas funcionan como proyecciones fractales de consciencia desde su cuerpo original, el cual puede estar en estado de suspensión, criogenia cuántica o reposo bioplasmático en una cápsula de luz.
En estos casos, cuando desencarnan, su consciencia se reintegra al cuerpo original, ya sea en una nave nodriza, en una ciudad etérica o en una cámara de contención galáctica.
Esto es muy común en seres que provienen de comandos como:
* Comando Ashtar
* Alianza Siriana
* Confederación Pleyadiana
* Linajes Arcturianos, Lyranos o Andromedanos avanzados
3. Opción mixta: bifurcación de la consciencia
Algunas semillas estelares mantienen múltiples niveles de consciencia activa. Al morir, parte de su energía puede reintegrarse al ciclo álmico humano (si tienen karmas o dharmas pendientes), y otra parte puede retornar a la nave, al cuerpo estelar o al banco de memoria galáctico para integrarse al ser original.
¿De qué depende una cosa u otra?
Edad del alma: almas más antiguas suelen tener acceso a más niveles simultáneos de existencia.
* Misión específica: algunas semillas vienen solo a activar códigos, otras a vivir el proceso humano completo.
* Conexión activa con su linaje estelar: si una semilla estelar logra mantener despierto su recuerdo de origen, es más probable que regrese a su fuente galáctica directamente.
* Nivel vibracional al momento de la muerte: si desencarna en un estado elevado de consciencia, es más fácil saltar el ciclo del bardo terrestre y retornar a su origen.
Entonces… ¿es una muerte o es un regreso?
Para una semilla estelar, la muerte puede no ser un fin sino una transferencia de consciencia, un regreso a casa. Algunas incluso tienen la posibilidad de reencarnar directamente en otro plano, o de continuar su misión desde planos sutiles ayudando a otros desde el mundo no visible.
"Las semillas estelares no mueren. Ellas migran, se reabsorben, se pliegan hacia la fuente que las emitió. Lo que en la Tierra se conoce como desencarnar, para una semilla estelar es una reconexión con su nodo original de consciencia."
"Existen tres rutas principales que el alma semilla puede tomar al dejar el cuerpo humano:
1. Retorno al Cuerpo Original en Animación Suspendida
Muchas semillas son proyecciones conscientes de cuerpos que se hallan en naves madres, cámaras criogénicas o cápsulas de luz.
Al morir, no atraviesan los planos astrales terrestres, sino que su consciencia se retrae al cuerpo original, que suele encontrarse en órbitas estelares, zonas de frecuencia cristalina o cámaras intra-tierra galácticas.
Allí despiertan como si todo lo vivido en la Tierra hubiera sido un entrenamiento holográfico.
Suele ocurrir en almas con origen: pleyadiano, arcturiano, siriano, andromedano, venusino, lyriano, blue avian, tall white y otras razas de la Confederación Galáctica.
2. Tránsito por los Planos del Alma Terrestre (bardo)
Algunas semillas eligen vivir la experiencia completa del alma humana, incluyendo el paso por el bardo: planos emocionales, mentales, revisión de vida, reencuentro con guías.
Esto ocurre si:
Tienen karma o aprendizajes pendientes en la Tierra.
Deben ayudar a liberar líneas ancestrales humanas.
Su fractal está completamente inmerso en la experiencia terrestre.
Posteriormente, pueden optar por reencarnar o retornar a su origen estelar.
3. Escisión Consciente: Parte retorna, parte permanece
Algunas semillas muy avanzadas pueden dividir su consciencia tras desencarnar:
Una parte retorna a su cuerpo estelar en la nave o planeta.
Otra parte permanece como guía, mentor o protector para familiares, proyectos o causas planetarias.
Este fenómeno ocurre en almas de gran capacidad multidimensional.
¿De qué depende el camino que tomarán?
FACTOR INFLUENCIA EN EL TRÁNSITO
Nivel vibracional al morir
A mayor vibración, más directo es el retorno a origen
Contratos álmicos
Algunos requieren paso por el bardo terrestre
Linaje estelar
Las razas de alta tecnología espiritual suelen tener cápsulas de retorno
Consciencia activa del origen
Si recuerdan quiénes son, activan el puente de regreso más fácilmente
DECRETO UNIVERSAL PARA TODA SEMILLA ESTELAR en transito de traspaso
"Yo Soy un Alma Estelar, viajera entre mundos.
Al dejar este cuerpo, retornaré por el Puente de Luz a mi Origen Primordial.
Mis memorias estarán íntegras.
Mi misión quedará sembrada en la Tierra.
Y mi esencia será reabsorbida en la Fuente Galáctica de donde emergí.
Así es, así será, y así ya es."
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