Exterior como al Interior, pues ambos estaban desequilibrados. De hecho, la península del Yucatán estaba atravesando un periodo de gran sequía. Llevaba meses sin llover. Los mayas comenzaron a «construir» una inmensa pirámide energética que se extendía en las cuatro direcciones. Al principio la hicieron pequeña, aproximadamente del tamaño y área de la zona sobre la que se encontraba el grupo, y luego la agrandaron con sus mentes hasta que llegó a medir unos cinco kilómetros por cada lado. Lo hicieron exactamente de la misma forma que me habían enseñado a mí los taos pueblo de Nuevo México. «Vieron» o dibujaron en sus mentes aquella pirámide en el espacio de la tercera dimensión (nuestro mundo) y luego, con su intención, la hicieron realidad. También le dieron su aliento para otorgarle energía de fuerza vital, que es lo que realmente hace que el entorno reaccione como si se tratase de una pirámide tridimensional real. Una persona normal no habría sido capaz de ver aquella pirámide, pero el entorno no conoce la diferencia. Y una pirámide actúa exactamente igual que una montaña en la naturaleza. Atrae las nubes y la lluvia. Las pequeñas no producen demasiado efecto, pero las grandes, especialmente cuando alcanzan un tamaño de cinco kilómetros, afectan al entorno como si fuesen montañas gigantescas. Aquella pirámide se convirtió en la «montaña» central para traer la lluvia. Los mayas del interior de la Tierra podían controlar la altura de la montaña, y con ello la cantidad de lluvia que debía llegar a aquella parte de la península. Para aumentar aún más la zona de influencia de la pirámide, los mayas hicieron más y las colocaron una junto a otra, como una sierra que se extendiera muchos kilómetros hacia el norte. Cuando aquello terminó, el anciano maya del centro anunció que llovería antes del día siguiente y que la sequía había pasado. Para terminar la ceremonia, el anciano maya nos pidió que cantáramos al Sol pronunciando su nombre, Kin. Todos, tanto los mayas espectrales como los integrantes de nuestro grupo, entonamos varias veces el nombre del Sol. Con la última nota, levantamos las manos al aire y abrimos los ojos mirando hacia el cielo para dar fin a aquella poderosa ceremonia. Cuando abrimos los ojos con la última nota del sagrado nombre maya del Sol, miramos hacia el cielo y fuimos testigos de un signo deliberado y sagrado que indicaba que habíamos realizado la ceremonia correctamente. Alrededor del Sol, en aquel día claro y sin nubes, pudimos contemplar un arco iris circular, perfecto y brillante, tanto que cada color resaltaba como si se tratara de luz eléctrica. En aquel momento supimos que lo que acabábamos de hacer, y todo lo que estábamos haciendo durante aquel viaje, era bendecido por el Gran Espíritu. Mi corazón se abrió tanto que creí que me derretiría en la Tierra junto con los mayas, que estaban retornando a sus Mundos Interiores. Fue precioso. Me pregunto lo que debieron pensar los cientos de turistas con sus niños cuando nos vieron abrazándonos, llorando y sonriendo de oreja a oreja mientras hablábamos entre nosotros en cuatro o cinco idiomas diferentes. En aquel momento, sin embargo, yo no era consciente de que hubiera más personas por allí. La mayoría de nosotros corrimos hacia el mar y saltamos a las maravillosas aguas color turquesa, que nos columpiaron como a los corchos de una red de pesca. Los que no habían llevado el bañador se metieron vestidos, y todos chapoteamos, reímos y jugamos. ¡Era fantástico! ¡La vida era estupenda! Y todavía, en el cielo, el mágico arco iris seguía rodeando al brillante Sol. Duró muchísimo tiempo. Aparece otra calavera de cristal Un rato después llegó el momento de volver al autobús..., o al menos eso era lo que creíamos. Sin embargo, Dios consideraba que todavía no habíamos concluido aquel día. Cuando cruzaba los terrenos del templo de Tulum, de camino hacia el aparcamiento, me paró el mexicano que me había entregado la calavera blanca en Dzi-bilchaltún. Tenía en las manos otra antigua calavera maya de cristal que me atraía como la llama a una mariposa. Aquélla era verde como el jade y ligeramente transparente. Cuando me conecté con el cristal, me presentó a un único hombre que vivía en su interior. Este me volvió a demostrar cómo los antiguos mayas utilizaban aquellos cristales.
Un individuo era elegido para morir, afirmó. Entonces su espíritu entraba en el cristal y residía en él hasta que el propósito de éste se cumplía. En el cristal blanco lechoso de Dzibilchaltún, los residentes de la calavera habían sido una pareja, hombre y mujer, y una abuela. Si en ésta había otra abuela, yo no la vi. Puede que estuviera allí pero que no se dejara ver. Parece ser que los propósitos de los cristales están siempre relacionados con guardar y mantener los antiguos conocimientos y recuerdos mayas hasta el Final de los Tiempos..., este momento que estamos viviendo ahora. Yo no sabía lo que significaba que tantas calaveras de cristal penetraran en las energías de nuestro pequeño grupo. Normalmente solía aparecer una, como lo hizo en Dzibilchaltún, y una vez que había revelado lo que deseaba revelar, desaparecía de nuevo en la selva. Entonces aparecía otra, interactuaba con nuestro grupo y volvía a desaparecer para no ser vista nunca más. Esto sucedía de continuo, tal y como Hunbatz Men, en su sabiduría maya, había predicho cuando estuvimos tomando el té juntos en Mérida. Aquella noche, poco después de llegar a nuestro bonito hotel, el cielo se abrió y la lluvia comenzó a caer en auténtico diluvio, respondiendo al anuncio del anciano maya de que «llovería antes de mañana». Miré hacia los cielos, cerré los ojos y di gracias a Dios por su bendición y por aquel segundo reconocimiento hacia nuestras oraciones y nuestra ceremonia. No pude evitar volver a sentir, como ya había hecho con anterioridad, que aquél era el grupo «correcto» para lo que estábamos haciendo. Debíamos llevar a cabo dos ceremonias concretas más antes de regresar a Uxmal y Marida. Pero primero debían tener lugar dos procesos para que nos preparáramos a nosotros mismos, y quizá al mundo, liberando nuestras energías negativas masculinas y femeninas de los últimos miles de años. Aquellos dos «procesos» se parecían bastante a una ceremonia, pero de hecho estaban más cerca de la terapia moderna. Cada miembro del grupo había acudido a Yucatán con graves trastornos emocionales internos asociados con sus energías sexuales. Esto le sucede prácticamente a todas las personas. Para explicarlo de forma breve, cuando los chakras sexual, corazón y pineal —el situado en el centro de la cabeza— están alineados, trabajan juntos como si fuesen uno solo. La falta de alineamiento provoca trastornos emocionales, y estos trastornos emocionales provocan la falta de alineamiento. Había que reequilibrar aquellos trastornos en nuestro grupo antes de que pudiéramos llevar a cabo las dos últimas ceremonias, o seríamos incapaces de terminar nuestro trabajo. Para muchas personas, estos dos procesos, que debían tener lugar tras completar nuestro trabajo en Kohunlich, el templo del tercer ojo, constituyeron las experiencias más sentidas de todas las que vivimos a lo largo de nuestro viaje. La energía se había acumulado de tal manera en Tulum que todos sabíamos que nuestro viaje seguiría desarrollándose de una manera milagrosa que estaba fuera de nuestro control. Sólo la Madre Tierra y los antiguos mayas sabían lo que iba a suceder o a dónde conducía aquello. Y eso es exactamente lo que los mayas actuales nos han estado diciendo a todos. En palabras crípticas nos contaron, en agosto de 2003, que el 15 de diciembre de ese mismo año íbamos a entrar en un nuevo mundo. Y que, mientras tanto, puede que estuviéramos rodeados por el caos. Yo sentí que nuestro viaje por tierras mayas estaba demostrando la naturaleza de este cambio que vamos a experimentar todos nosotros. Pues lo cierto es que nuestro mundo es un sueño, y que su naturaleza onírica se está haciendo cada vez más evidente. De hecho, el Soñador está a punto de despertar y darse cuenta de que está soñando. Y lo que es aún más importante, el propio Sueño de vivir en este planeta puede ser ahora cambiado. ¡Ésa es la clave! Después del 8 de noviembre de 2003, momento en el que se produjo un eclipse total de Luna y una gran conjunción planetaria (el acontecimiento astrológico fue denominado Concordancia Armónica), todos debemos ir lentamente dándonos cuenta de que el Sueño es en realidad «sólo luz e intención». Eso es lo que yo creo, aunque sé que todavía va a tardar un tiempo. El portal hacia la cuarta dimensión comenzará a abrirse de par en par para aquellos que saben. ¿Qué es lo que esto significa? Significa que estamos fuera de tiempo. Debemos asumir la responsabilidad de nuestros pensamientos, sentimientos y emociones. Cada uno de nosotros es el Soñador. Y lo que soñemos se hará real en este mundo. Esto es lo que creen los mayas: a medida que nos acercamos al 21 de diciembre de 2012 y al 19 de febrero de 2013, el poder del Soñador se va haciendo cada vez más fuerte.
Los Mundos Interiores y el Mundo Exterior comenzarán ahora a fundirse en uno solo. Esto lo creen no sólo los mayas, sino también muchos otros grupos y profetas indígenas. Y para crear esta unidad, primero debemos quemar la escoria de la dualidad, la nega-tividad con la que hemos vivido tanto tiempo. De acuerdo con eso, la siguiente fase de nuestro viaje sagrado por tierras mayas parecía ofrecernos un patrón para esta preparación que todos estamos experimentando ahora. En los dos días que tardamos en ir de Tulum a Palenque, todos experimentamos una serie de experiencias y ceremonias que parecían diseñadas para conducirnos a todos al siguiente nivel de ser.