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miércoles, 20 de agosto de 2025

Serpiente de Luz Capitulo XVI Kohunlich y el Tercer ojo



Cuando el grupo llegó a Kohunlich, los recuerdos que tenía de mi anterior viaje con Ken estaban vivos en mi mente. Las preguntas se atropellaban. ¿Estaría igual? ¿Estarían allí todavía la escalera y el agujero triangular? Aún no había relatado al grupo lo sucedido entonces. Comenzamos caminando hasta la pirámide principal, la que tenía los enormes rostros humanos sobre sus paredes. En aquel momento estábamos sólo haciendo turismo, explorando y sintiendo las energías de aquel lugar sagrado. Entonces les conté a todos la historia del extraño agujero y el árbol con el otro agujerito pequeño delante. Finalmente, nos pusimos a buscar la escalera de mármol. Pero Kohunlich había cambiado. Yo había esperado encontrar la pirámide en la que había colocado el cristal con Ken años atrás y rememorar aquellos recuerdos, pero no iba a ser así. Ahora el lugar estaba surcado de caminos, que se extendían muchos kilómetros a la redonda, con mapas en diversos sitios. Seguimos los caminos durante un rato, yendo en una dirección, volviendo y probando otro nuevo, pero no éramos capaces de encontrar la pirámide especial ni el agujerito frente a ella en el que yo había depositado el cristal hacía ya tantos años. Finalmente llegamos a una ancha y antigua escalera de piedra construida sobre una colina bastante empinada. No se parecía en nada a la de mármol que Ken y yo habíamos encontrado, pero el lugar me llamaba. Todos nos sentimos empujados hacia lo que pudiera haber en su parte superior. Cuando llegamos arriba, pude comprobar que en lugar de tratarse de una pirámide o de un edificio sagrado, aquella zona había sido en realidad una residencia de los antiguos mayas. Había diminutas habitaciones por todas partes, organizadas de una forma muy bella, y patios abiertos donde las personas podían congregarse. Y parecía el lugar perfecto para lo que habíamos ido a hacer. Así que abandoné la idea de la pirámide y el agujero triangular y encontramos el lugar perfecto bajo unos árboles, que nos aportaban sombra contra el sol abrasador. Extendimos un «lienzo del sol» sobre el suelo, elegimos un punto central y nuestro altar comenzó a formarse a medida que las personas le fueron colocando cristales y objetos sagrados. El grupo se reunió en círculo alrededor del altar y de nuevo cuatro personas, dos hombres y dos mujeres, fueron elegidos para sellar las cuatro direcciones. Tal y como había sucedido en Tulum, el sumo sacerdote maya apareció desde el interior de la Tierra frente a mí, elevó los brazos hacia el cielo y colocó a cuatro de sus propias gentes detrás de nuestros guardianes de las cuatro direcciones. Pero a continuación, muchísimos mayas comenzaron a surgir del suelo, formando un círculo ligeramente mayor que el nuestro. Al principio sólo sus cabezas sobresalían del suelo, dibujando una espiral alrededor del círculo. Después, lentamente, mientras seguían formando el círculo, sus cuerpos empezaron a emerger de la Madre Tierra. Finalmente, los mayas estuvieron sobre la superficie en nuestro mundo. Habían asignado a uno de ellos para que permaneciera con cada uno de los integrantes de nuestro grupo durante toda la ceremonia. Estaban vestidos con túnicas de vivos colores y plumas en el pelo, y habían dibujado formas geométricas sobre sus rostros. Su energía era eléctrica. Pude sentir que aquella ceremonia era algo que habían predicho hacía mucho tiempo y que poseía para ellos una gran importancia. Estaban muy serios. El desarrollo de la ceremonia fue muy diferente al de Tulum. Allí se habían creado muchas pirámides de energía cubriendo una gran distancia para devolver el equilibrio a la Tierra y traer las lluvias. En esta ocasión se creó una sola, pero inmensa. Su propósito, según me comunicó el jefe de forma telepática, estaba relacionado con el despertar psíquico de los mayas. No soy capaz de comprender realmente todo lo que transpiraban aquellos antiguos mayas durante la ceremonia. Lo que sí sé es que mi corazón se sentía cada vez más ligero. Lionfire dice que los mayas que estuvieron en Kohunlich se llevaron con ellos, al irse, toda la energía negativa con la que habíamos estado luchando en nuestro grupo hasta entonces y la habían enterrado en las profundidades de la Madre Tierra. Fuera lo que fuese lo que sucedió, lo cierto es que nos hizo a todos muy felices. Recuerdo que miré hacia arriba, nada más terminada la ceremonia, y observé que todos y cada uno de nosotros estábamos sonriendo y llenos de luz. Lo que sucedió entonces fue un reflejo de lo anterior; puede que Lionfire tenga razón acerca del efecto de limpieza. Las personas comenzaron a abrazarse unas a otras y a jugar. Flotaba en el aire una tremenda sensación de bienestar entre todos nosotros. Al mirar, me di cuenta de lo perfecto que era que estuviéramos haciendo aquello en las mismas viviendas de los antiguos mayas, en sus hogares. Pero tenía claro que, aunque los mayas habían ayudado a eliminar la energía negativa de nuestro grupo, todavía no habíamos alcanzado la parte más profunda de nuestro cuerpo psíquico y emocional: nuestros trastornos sexuales. Resolver aquello era algo que debíamos hacer nosotros. Y era algo que requería un profundo perdón. Al día siguiente, con aquella luz recién encontrada, volveríamos a acometer un difícil trabajo interior. Ese día, sin embargo, nuestro trabajo estaba terminado. Con alegría nos dirigimos de vuelta al autobús. Sí, yo seguía buscando la pirámide con la escalera de mármol y el agujero triangular. Pero de algún modo, sabía que no iba a encontrarla. Era algo que debía permanecer en secreto. Los templos del perdón El siguiente día de nuestro viaje a Yucatán fue único para mí. Nunca había visto los templos a los que íbamos a ir. Aquellos templos representaban el lado oscuro de las energías masculina y femenina. Allí debíamos realizar dos increíbles ceremonias o procesos para eliminar para siempre de nuestro ser las polaridades masculino-femeninas, dejándonos libres, con toda nuestra fuerza divina. Nuestro propósito al visitar aquellos lugares estaba totalmente relacionado con el Ahora, con el Fin de los Tiempos, como lo denominan los mayas, y con las correcciones que debían hacerse en nuestra consciencia de la polaridad para que pudiéramos pasar a un nivel superior de consciencia. Aquello debía completarse o no podríamos seguir avanzando. Ese estado equilibrado no iba a durar para siempre, pues cada vez que respiramos y actuamos creamos más karma, pero sí lo suficiente como para permitirnos terminar nuestro trabajo. Antes de aquel viaje a las tierras mayas, no sospechábamos que ese tipo de terapia equilibradora ceremonial fuera a formar parte de nuestra experiencia. Sencillamente se fue desplegando ante nuestros ojos y nuestros corazones. Aquella fase de nuestro sagrado viaje a tierras mayas parecía un patrón para la preparación que todos estamos llevando a cabo en la Tierra. En los dos días de viaje entre Tulum y Palenque, todo el grupo pasó por una serie cohesionada de experiencias y ceremonias que parecían haber sido específicamente diseñadas por los mayas para acelerar nuestra salida de la polaridad y nuestra entrada en la Unidad, tanto si queríamos como si no. La preparación: comenzamos en Becán Al salir aquella mañana del hotel, ninguno de los miembros del grupo, a excepción quizá de Lionfire, sabíamos el cambio tan total que aquel día iba a suponer para las vidas de muchos de nosotros. Había sido él quien había elegido aquellos tres templos, y él era el único de todo el grupo que parecía tener una premonición de lo que nos iba a acontecer. Lionfire había estado profundamente conectado con los enormes acontecimientos energéticos relacionados con el lado oscuro de las energías masculino-femenino que le estaban sucediendo a nuestro grupo. Él lleva en su propio ser chamánico una manifestación energética de las energías duales, una especie de kachina, que es oscuridad absoluta por un lado y luz total por el otro. Forma parte de su viaje en esta vida el armonizar y equilibrar estos dos lados, y su presencia ayudó a combinar esta energía en nuestro grupo con el lugar donde los aspectos negativos pudieran ser eliminados. Nuestro comienzo en Becán tenía en sí mismo el espíritu de diversión y juego. Era una perfecta preparación para las ceremonias que llevaríamos a cabo más adelante. Becán fue la capital regional del antiguo imperio maya; fue construida alrededor del año 600 a.C., pero su momento de mayor actividad tuvo lugar entre los años 600 y 1000 d.C. Es uno de los yacimientos arquitectónicos más importantes de Campeche.

Esta antigua ciudad está rodeada por un foso, único en la región maya. De hecho, la palabra becan significa «garganta formada por el agua». Algunas personas creen que este foso servía como protección en caso de guerra. En opinión de otros, representaba una división de clases sociales: la élite construyó sus monumentales estructuras dentro de la zona rodeada por el foso y las clases inferiores vivían en el exterior. Un túnel en superficie, construido de piedra, une las dos plazas principales de la antigua ciudad, y en un punto se pueden ver sorprendentes máscaras pintadas. En uno de los altares pudimos «sentir» que había sido usado para sacrificios humanos. No sé si eso era cierto o no, pero sí es verdad que la cultura maya fue descarriada en un momento dado hacia estas horribles prácticas. Para nosotros, Becán constituía el templo para la integración del hombre con la mujer, un lugar de equilibrio. En palabras de Lionfire: Mientras muchos de nosotros charlábamos con Drunvalo en el altar de la integración de lo masculino con lo femenino, otros se fueron a jugar y bailar con las pirámides. Anteriormente, en Coba, yo había explicado cómo cada pirámide es como un instrumento musical y debe ser «tocada» de diferentes formas, dependiendo de cómo la «bailes». Cuando nos alejamos del altar y paseamos por los patios, vi con gran asombro que la mayor parte del grupo estaba bailando por encima, por debajo, alrededor y sobre las pirámides. ¡Qué alegría! Aquello era exactamente lo que necesitábamos: la diversión, al niño. Ésa era la preparación. El grupo había superado el miedo. Sobre la acrópolis de Becán podíamos ver con claridad en la distancia los templos de Xpuhil y Chicanná, los lugares en los que íbamos a efectuar ceremonias para honrar la unión de las energías masculina y femenina en nuestro interior. Xpuhil: la ceremonia de la integración masculina Desde Becán recorrimos el corto trayecto a Xpuhil. Allí fuimos caminando deprisa por un sendero rocoso a través de un bosque hasta que llegamos a un lugar cubierto de hierba, junto al templo de las tres torres, donde íbamos a llevar a cabo nuestra ceremonia. Xpuhil significa el «lugar de los juncos cola de gato». Sus asombrosas torres representan a Itzamna, el Dios Creador y primer chamán, como una serpiente celestial. El edificio principal de Xpuhil tiene doce habitaciones y plataformas, con tres enormes torres que se elevan hacia el cielo. En el centro hay un hueco rodeado por la cabeza de una serpiente. Este complejo integra energías masculinas bajas, medias y altas, centradas en el sexo cósmico y en el amor. Tanto la ceremonia de integración de la energía masculina que íbamos a llevar a cabo en aquel templo como la ceremonia de integración de la energía femenina que debíamos celebrar más tarde eran algo que yo no había experimentado jamás. No sabía cómo iban a funcionar ni lo que iba a suceder. Sencillamente me estaba permitiendo a mí mismo sentir lo que debía hacer y así lo dije, sin ideas preconcebidas. En primer lugar, encontré un punto en un prado frente al templo de Xpuhil y luego pedí a todos los hombres que se reunieran en grupo y se sentaran sobre la hierba, mientras las mujeres formaban de pie un círculo alrededor de ellos. Las mujeres se cogieron de las manos y establecieron la energía del grupo. Entonces me sentí guiado para construir formas de geometría sagrada alrededor de los hombres, concretamente el octaedro platónico con luz dorada; la punta estaba conectada con el Padre Cielo, la mitad inferior completamente introducida en la Madre Tierra y la punta inferior conectada energéticamente con la propia Madre Tierra. Yo sentía que aquellas formas adquirían vida con prana, la energía de la fuerza de la vida. Pedí a los hombres que liberaran toda la parte negativa de su energía masculina hacia esos dos polos y que visualizaran aquella energía abandonando sus cuerpos mentales, emocionales y físicos, y fluyendo como agua por aquellas dos puntas. Las energías mentales debían subir y ser liberadas hacia el Padre Cielo. Las energías más físicas y emocionales bajarían hasta las profundidades de la Madre Tierra. Y para que lo sepas, esta energía negativa no constituye ningún problema para nuestra Madre y nuestro Padre Divinos. Sencillamente la reequilibran y la vuelven a usar para la Vida. Me quedé en silencio y dejé que empezara.

Aquel día hacía mucho calor en Xpuhil y estábamos al sol. Antes de la ceremonia éramos muy conscientes de la temperatura, y después de ella volvió a asaltarnos con su presencia casi tangible. Pero mientras la ceremonia estaba teniendo lugar, no creo que ni uno solo de los miembros de nuestro grupo se diera cuenta de nada que no fueran las energías espirituales que estábamos moviendo y cambiando. Todos podíamos sentir lo que estaba ocurriendo mientras los hombres soltaban los aspectos masculinos negativos de toda nuestra historia, representados en sus propios cuerpos y campos de energía aquí y ahora. El principio fue lento, pero a medida que los hombres fueron dándose cuenta de lo que les estaba ocurriendo, la liberación fue haciéndose más fácil y rápida. Yo puedo ver esos tipos de energías en movimiento, y lo que contemplé resultó al mismo tiempo precioso y escalofriante. De los hombres salían en espiral dibujos de energía fundamentalmente rojos, negros y de un color verde amarillento, pero en realidad todo estaba sucediendo al mismo tiempo. Pude ver reflejado en sus rostros el dolor que les producía desprenderse de algo a lo que llevaban aferrándose miles de años, una vida tras otra; una energía que había estado afectando seriamente a sus propias relaciones con sus mujeres, con sus hijas y con sus amigas en aspectos que no eran capaces de controlar, todo antiguo y más allá de su pensamiento consciente. Todas las violaciones, y los asesinatos, y la violencia, y el dolor que el hombre colectivo ha infligido a mujeres y niños inocentes fueron revelados y trasladados a los corazones de nuestros Padres Divinos, que con su divina compasión estaban sanando las almas de aquellos hombres. En un momento dado se produjo un cambio. Casi pudimos escuchar una especie de suspiro colectivo brotando del grupo al unísono. Y muy poco después todo quedó hecho. Me gustaría decir que aquél fue el grupo de hombres más fuerte de todos aquellos con los que he estado. Había una proporción de hombres mayor de lo habitual, y ellos mismos eran extremadamente poderosos, pues muchos eran chamanes de alto nivel y sanadores por derecho propio. Debido a su nivel espiritual, aquellos increíbles hombres estaban extremadamente abiertos. No sólo tenían la intuición, sino también la capacidad de hacer lo que yo les pedía. Cuando dije: «Hemos terminado», la mayoría de ellos, sentados en el centro del círculo de las mujeres, estaban llorando. Pedí a las mujeres que abrazaran a los hombres, y aquellos abrazos duraron mucho tiempo. Los hombres iban de una mujer a otra, con lágrimas en los ojos, abrazando. Dando silenciosamente las gracias a la Mujer por el amor que ella sigue manteniendo, a pesar del abismo que ha existido entre los sexos a lo largo de tantos milenios. Pidiendo perdón en silencio. Permitiéndose a sí mismos sentirse vulnerables. Permitiéndose a sí mismos ser alimentados. Abandonando el núcleo de rigidez y soledad que ha constituido la carga masculina a lo largo de los siglos. Todos hablamos del sentimiento que aquella liberación había producido no sólo en nosotros, sino también en toda la Tierra. De una forma u otra habíamos creado un camino para que los demás lo pudieran seguir, en un proceso que iba a continuar creciendo durante los siguientes días, meses y años hasta que la integración estuviera realmente completa para toda la humanidad. De vuelta al autobús, todos estábamos muy callados. Nadie podría haber predicho lo poderosa que iba a ser aquella ceremonia de integración. Y todo el mundo pareció saber que llegar a aquella experiencia había sido una de las principales misiones de esta vida. Cada uno de nosotros pertenecíamos allí. Todos éramos únicos y preciosos y necesarios para el conjunto. En esta atmósfera de silenciosa Unidad, nos dirigimos hasta los templos de Chicanná, sin sospechar ni por lo más remoto la explosión que nos aguardaba. Chicanná: la ceremonia de la integración femenina Teníamos el tiempo muy ajustado, pues debíamos llegar a Palenque aquella misma noche. Sintiendo todavía la emoción de la ceremonia de Xpuhil, caminamos por los senderos rocosos y cubiertos de hojas de Chicanná en busca de un lugar donde celebrar nuestra siguiente ceremonia. Hacía aún más calor, así que buscamos una sombra.

Lionfire nos contó que Chicanná era muy diferente a los demás yacimientos mayas, pues su estilo arquitectónico era elaborado, barroco. Como pudimos observar, los edificios son pequeños, con puertas en las que aparece la boca de Itzamná, pero esta vez con la forma de un monstruo de la Tierra cuyas fauces abiertas representan la entrada a Xibalbá, el inframundo maya. Se dice que a menudo los iniciados sienten aquí los cambios dimensionales y la sensación de estar caminando entre las estrellas. Es un lugar de intensa magia oscura femenina. Chicanná equilibra e integra las energías femeninas y masculinas en las mujeres. Aquí era donde íbamos a celebrar la ceremonia de integración de la energía femenina. Llegamos a una pequeña pirámide con un patio frente a ella y una pared de piedra baja, semicircular, cerca del límite del bosque. De ahí que los árboles le dieran sombra. Pedí a las mujeres que se congregaran en una zona a lo largo de la pared y frente a ella, y que se sentaran cómodamente formando un semicírculo. A continuación, indiqué a los hombres que se colocaran de pie frente a las mujeres en línea recta, de un extremo de la pared al otro. Habíamos formado un cuenco largo, poco profundo y con tapadera, con las mujeres en su interior y los hombres representando la tapadera. Los hombres se cogieron de las manos y sellamos la energía del espacio. Yo construí los mismos octaedros platónicos de geometría sagrada, pero esta vez con una suave luz rosa alrededor de las mujeres para que ellas también pudieran liberar sus energías hacia arriba, hacia el Padre Cielo, y hacia abajo, al corazón de la Madre Tierra. Y entonces comencé a hablar. No sabía lo que iba a decir. Al principio mis indicaciones para las mujeres fueron muy similares a las que había dado a los hombres. Y entonces se me ocurrió pedir a las mujeres que emplearan esta oportunidad para liberarse de todas las cosas innombrables que se les han hecho a las mujeres a lo largo de siglos de civilización, que la aprovecharan para liberarse y perdonar. Cuando pronuncié estas palabras, muchas mujeres me miraron boquiabiertas. Algo cambió en nuestro campo de energía, como si se hubiera abierto una especie de grieta en el cuenco humano que habíamos formado. A continuación, me quedé en silencio y dejé que el proceso comenzara. Lo que sucedió fue bastante diferente de lo que había pasado con los hombres. Las mujeres estaban intentando permitirse a sí mismas entrar en contacto con el dolor y el horror que nunca antes habían sido capaces de afrontar o sentir. Una a una fueron entrando en la realidad de lo que la vida había sido para ellas en las épocas en las que habían sido tratadas como objetos o aún peor. Mucho peor. Las mujeres necesitaban ayuda para continuar. Intervine y pedí a los hombres que se acercaran a ellas, que les acariciaran la cara, las miraran a los ojos y les ofrecieran la ternura, el amor y la comprensión que necesitaban en aquel momento. Me uní a los hombres y fuimos de una mujer a otra, consolándolas, ayudándolas a atravesar los enormes asaltos de dolor y pesar emocionales que estaban experimentando e intentando liberar. Aquello duró mucho tiempo. Las mujeres chillaban, sollozaban, con un pesar profundo que les partía el alma y al que nunca antes habían sido capaces de enfrentarse. Y los hombres las sostenían, las consolaban, las amaban. Un par de mujeres se colocaron en posición fetal y fueron sostenidas y consoladas con increíble ternura, como si fueran niñas pequeñas. Una mujer me contó más tarde que había pasado los primeros diez minutos del proceso con ganas de vomitar. Según me confió, aquello era una experiencia nueva para ella. Nunca había sido capaz de comprender por qué los personajes de los libros hablaban acerca de sensaciones nauseabundas a la vista de profanaciones del cuerpo humano, pero que en aquel momento se dio cuenta de que su falta de comprensión había sido debida a que ella nunca había sido capaz de «ir allí» con anterioridad. En aquel día, y con el admirable apoyo de los demás (las mujeres, que habían tenido el valor de entrar en contacto las primeras con sus verdaderos sentimientos, y los hombres del grupo, que acababan de adquirir su propia fortaleza), por fin se había permitido a sí misma afrontar y experimentar unos sentimientos que había apartado a un lado una vida tras otra. Cuando por fin se efectuó el pleno contacto emocional, sintió que se doblaba, sobrecogida. Y entonces, con el consuelo que recibió de los hombres, el dolor fue eliminado y se sintió completa; por primera vez en miles de años.

En conclusión En silencio y con los ojos enrojecidos por el llanto, emocional-mente exhaustos, nos encaminamos hacia nuestro querido autobús y pusimos rumbo hacia el suroeste, a Palenque y la ceremonia final que iba a celebrar nuestro grupo por la espiral de templos que Thoth me había entregado. Tengo la sensación de que la integración que realizamos aquel día todavía está teniendo lugar. Siento que continúa nuestra aquiescencia a la plena experiencia de las energías masculinas y femeninas, la liberación de toda la ira, el miedo y el odio. Pero en verdad creo que aquel día en Campeche creamos un sendero para que los demás pudieran seguirlo, un camino que conduce a una nueva forma de ser para los hombres y las mujeres sobre la Madre Tierra.

viernes, 15 de agosto de 2025

Serpiente de Luz Capítulo XV El Arcoiris Circular



Al día siguiente de la celebración del equinoccio en Chichén Itzá, y con las ceremonias y las oraciones resonando aún en nuestros corazones, dejamos el Mayaland Hotel y dirigimos nuestros pasos hacia Quintana Roo. Ese día íbamos a viajar hacia el emplazamiento maya del quinto chakra, situado en Tulum. De camino hacia el hotel, un centro turístico en el Caribe mexicano, debíamos visitar Coba, quizá el mayor yacimiento de Yucatán, aunque gran parte de sus restos aún no han sido excavados. A última hora de la tarde teníamos previsto recorrer el camino hasta uno de los cientos de cenotes de Quintana Roo, situado en tierras particulares y escondido en las selvas cercanas a Tulum. Mientras recorríamos lentamente el largo camino hasta Coba, y después de haber vivido tantas sorpresas, habíamos dejado de pensar en lo que podíamos encontrar. Como niños, nos limitábamos a mantener el corazón y los ojos abiertos. Esperábamos sencillamente que Dios nos mostrara nuestra siguiente responsabilidad. La antigua ciudad de Coba En Coba encontramos un área llena de pequeños establecimientos al aire libre, cubiertos con techados de palma, donde comimos. Una de las especialidades era la leche de coco fresca, que se sorbía con una paja procedente del mismo coco. Tras la comida, penetramos en el recinto del templo de Coba. Este templo abarca casi ochenta kilómetros cuadrados y en un tiempo fue el hogar de una población estimada de cuarenta mil mayas. La antigua ciudad que en origen rodeaba Coba era tan grande que si la hubiéramos podido ver como era hace mil años, probablemente habríamos cambiado nuestro concepto de quiénes eran los mayas. Desde la parte superior de la Gran Pirámide de Coba, Nohoch Mul, podíamos comprobar que allí estuvo establecida una civilización muy avanzada. Nuestro guía, Humberto, nos dijo que Coba era el centro de un sistema de sofisticadas carreteras antiguas denominadas sacbe. Estas carreteras de piedra alcanzaban una altura de uno o dos metros y estaban cubiertas de mortero. En la actualidad, la mayor parte de este mortero ha desaparecido, pero muchas de las piedras permanecen en su sitio, Humberto nos las había estado señalando a lo largo del viaje. En la cumbre de la civilización maya, todas las sacbe conducían a Coba. Como nos comentó Humberto, la razón de ser de estas carreteras constituye un enigma, pues los mayas carecían de medios de transporte sobre ruedas y tampoco tenían caballos. Puede que se utilizaran para procesiones religiosas. Lo cierto es que, según nuestro guía, los dibujos que forman las carreteras están relacionados con el calendario maya. Parecen ser partes de una gigantesca «máquina del tiempo» astronómica, pero no quedó claro cómo pensaba Humberto que funcionaba todo aquello. Es una de esas cosas que alguien debería investigar. Uno de los encantos de Coba son los bicitaxis. Aquellos visitantes que no desean hacer a pie el largo trayecto desde la entrada hasta la Gran Pirámide pueden hacerlo montados en estos vehículos. Carecen de motor y son muy parecidos a rickshaws de cuatro ruedas, pero el conductor va pedaleando en lugar de tirar de ellos a pie. No los vimos en ningún otro lugar de Yucatán. Al acercarme a la Gran Pirámide, Nohoch Mul, me pregunté si se parecería en algo a lo que Ken y yo habíamos visto hacía tantos años. En 1985 allí no había más que una pequeña casa de piedra en lo alto de una gran colina. En la actualidad, ya totalmente descubierta, es la pirámide más alta de Yucatán. Otros muchos de los seis mil templos, pirámides y demás estructuras que se estima que puede haber en el lugar habían sido excavados desde mi visita anterior. Ahora la Gran Pirámide, a pesar de su tamaño, parece algo casi sin importancia entre todas las de este vasto complejo. Resultaba sorprendente ver tantas construcciones descubiertas y dibujadas en los mapas, unas construcciones que anteriormente habían estado escondidas. La energía del lugar era fantástica.
No íbamos a celebrar ninguna ceremonia en Coba, sólo queríamos sentir y estar en comunión. De ahí que todos los integrantes del grupo tuvieran libertad para explorar y, como agua que se evapora, rápidamente desaparecieron entre los árboles para investigar por todo el lugar. Luego, como la niebla que se separa y vuelve a juntarse, se volvían a encontrar descubriendo lugares intrigantes, meditando. Me divertí muchísimo. Todo aquello producía una sensación maravillosa. Tulum: el arco iris circular En los dieciocho años que habían pasado desde que caminé sobre la hierba de Tulum, el gobierno había arreglado la zona para poder controlar con más facilidad a los turistas; y aquel fin de semana había muchos. Sin embargo, nada de eso me importaba; ni las masas de gente, ni los cambios. Podía sentir que lo que iba a suceder allí tendría significado y sería importante para el equilibrio de las energías mayas. Al principio todos nos fuimos en direcciones diferentes, explorando, mientras yo intentaba recordar el lugar en el que habíamos colocado el cristal. Hacía tanto tiempo..., pero al cabo de unos veinte minutos lo encontré. Supe de inmediato que aquél era el lugar cuando miré hacia el interior y vi los frescos. De pie en aquel templo recorrí con la mirada la zona de Tulum, buscando un lugar en el que realizar nuestra ceremonia. Enseguida observé, en una extensión de hierba que rodeaba los templos de Tulum, una zona que parecía brillar más que ninguna otra. Caminé directamente hasta ella. Para entonces el grupo se había congregado y todos me siguieron. El lugar era perfecto. Qué era o por qué lo era, no tengo ni idea, pero era perfecto. A continuación, elegí el lugar que debía marcar el centro de nuestro círculo, coloqué un trozo de tela sobre el suelo para formar el altar y señalicé las cuatro direcciones. Alguien del grupo me entregó un cristal de gran tamaño y lo situé en el centro del altar. Luego los demás fueron añadiendo sus propios artículos y cristales. Muy pronto todo quedó preparado para nuestra ceremonia. Entre los que se ofrecieron voluntarios, elegí a cuatro personas, dos hombres y dos mujeres, para las posiciones de las cuatro direcciones. Los cuatro se colocaron en las direcciones que representaban, de cara al centro del círculo. Por turnos, pronunciaron sus plegarias y «se convirtieron» en aquella dirección, proporcionando protección al círculo interior. Entonces yo me arrodillé en el centro del círculo, representando las direcciones de arriba y abajo, y elevé oraciones para sellar aquel espacio interior. Ahora voy a describir las cosas que tuvieron lugar en aquella ceremonia tan poderosa, en los «planos interiores». A los pocos minutos de haber comenzado, algunos de los mayas que vivían en el interior de la Tierra establecieron contacto conmigo y me pidieron permiso para tomar parte en la ceremonia. Tres mayas muy ancianos aparecieron, literalmente, frente a mí; sus cuerpos eran translúcidos, pero yo podía verlos con claridad. Me miraron a los ojos y con gran respeto preguntaron telepáticamente si podían entrar en la ceremonia. Se unieron a nosotros y a continuación llegaron más. Para ayudar a aquellos integrantes del grupo que no podían «ver», comencé a hablar y a describir lo que estaba ocurriendo en uno de los sóbretenos invisibles de la tercera dimensión que nos rodea. En primer lugar, los tres ancianos mayas que acababan de pedir el permiso entraron en nuestro círculo desde el norte y se colocaron de pie frente al altar. Era evidente que el mayor de los tres, el que estaba en el centro, era el dirigente. Comenzó a hablar en lengua maya, pidiendo a los demás miembros de su tribu que emergieran. A continuación vinieron otros cuatro, dos hombres y dos mujeres, y se colocaron detrás de los de nuestro grupo en cada una de las cuatro direcciones, sellando el espacio interior aún más con su conocimiento y su comprensión. Luego vinieron alrededor de treinta más, que se dispersaron alrededor de nuestro círculo. Tras esto comenzó un intercambio entre nuestro grupo y el suyo. Su interés primordial era obtener el control del medio, y en especial de la lluvia, para aportar equilibrio tanto al Mundo.
Exterior como al Interior, pues ambos estaban desequilibrados. De hecho, la península del Yucatán estaba atravesando un periodo de gran sequía. Llevaba meses sin llover. Los mayas comenzaron a «construir» una inmensa pirámide energética que se extendía en las cuatro direcciones. Al principio la hicieron pequeña, aproximadamente del tamaño y área de la zona sobre la que se encontraba el grupo, y luego la agrandaron con sus mentes hasta que llegó a medir unos cinco kilómetros por cada lado. Lo hicieron exactamente de la misma forma que me habían enseñado a mí los taos pueblo de Nuevo México. «Vieron» o dibujaron en sus mentes aquella pirámide en el espacio de la tercera dimensión (nuestro mundo) y luego, con su intención, la hicieron realidad. También le dieron su aliento para otorgarle energía de fuerza vital, que es lo que realmente hace que el entorno reaccione como si se tratase de una pirámide tridimensional real. Una persona normal no habría sido capaz de ver aquella pirámide, pero el entorno no conoce la diferencia. Y una pirámide actúa exactamente igual que una montaña en la naturaleza. Atrae las nubes y la lluvia. Las pequeñas no producen demasiado efecto, pero las grandes, especialmente cuando alcanzan un tamaño de cinco kilómetros, afectan al entorno como si fuesen montañas gigantescas. Aquella pirámide se convirtió en la «montaña» central para traer la lluvia. Los mayas del interior de la Tierra podían controlar la altura de la montaña, y con ello la cantidad de lluvia que debía llegar a aquella parte de la península. Para aumentar aún más la zona de influencia de la pirámide, los mayas hicieron más y las colocaron una junto a otra, como una sierra que se extendiera muchos kilómetros hacia el norte. Cuando aquello terminó, el anciano maya del centro anunció que llovería antes del día siguiente y que la sequía había pasado. Para terminar la ceremonia, el anciano maya nos pidió que cantáramos al Sol pronunciando su nombre, Kin. Todos, tanto los mayas espectrales como los integrantes de nuestro grupo, entonamos varias veces el nombre del Sol. Con la última nota, levantamos las manos al aire y abrimos los ojos mirando hacia el cielo para dar fin a aquella poderosa ceremonia. Cuando abrimos los ojos con la última nota del sagrado nombre maya del Sol, miramos hacia el cielo y fuimos testigos de un signo deliberado y sagrado que indicaba que habíamos realizado la ceremonia correctamente. Alrededor del Sol, en aquel día claro y sin nubes, pudimos contemplar un arco iris circular, perfecto y brillante, tanto que cada color resaltaba como si se tratara de luz eléctrica. En aquel momento supimos que lo que acabábamos de hacer, y todo lo que estábamos haciendo durante aquel viaje, era bendecido por el Gran Espíritu. Mi corazón se abrió tanto que creí que me derretiría en la Tierra junto con los mayas, que estaban retornando a sus Mundos Interiores. Fue precioso. Me pregunto lo que debieron pensar los cientos de turistas con sus niños cuando nos vieron abrazándonos, llorando y sonriendo de oreja a oreja mientras hablábamos entre nosotros en cuatro o cinco idiomas diferentes. En aquel momento, sin embargo, yo no era consciente de que hubiera más personas por allí. La mayoría de nosotros corrimos hacia el mar y saltamos a las maravillosas aguas color turquesa, que nos columpiaron como a los corchos de una red de pesca. Los que no habían llevado el bañador se metieron vestidos, y todos chapoteamos, reímos y jugamos. ¡Era fantástico! ¡La vida era estupenda! Y todavía, en el cielo, el mágico arco iris seguía rodeando al brillante Sol. Duró muchísimo tiempo. Aparece otra calavera de cristal Un rato después llegó el momento de volver al autobús..., o al menos eso era lo que creíamos. Sin embargo, Dios consideraba que todavía no habíamos concluido aquel día. Cuando cruzaba los terrenos del templo de Tulum, de camino hacia el aparcamiento, me paró el mexicano que me había entregado la calavera blanca en Dzi-bilchaltún. Tenía en las manos otra antigua calavera maya de cristal que me atraía como la llama a una mariposa. Aquélla era verde como el jade y ligeramente transparente. Cuando me conecté con el cristal, me presentó a un único hombre que vivía en su interior. Este me volvió a demostrar cómo los antiguos mayas utilizaban aquellos cristales.
Un individuo era elegido para morir, afirmó. Entonces su espíritu entraba en el cristal y residía en él hasta que el propósito de éste se cumplía. En el cristal blanco lechoso de Dzibilchaltún, los residentes de la calavera habían sido una pareja, hombre y mujer, y una abuela. Si en ésta había otra abuela, yo no la vi. Puede que estuviera allí pero que no se dejara ver. Parece ser que los propósitos de los cristales están siempre relacionados con guardar y mantener los antiguos conocimientos y recuerdos mayas hasta el Final de los Tiempos..., este momento que estamos viviendo ahora. Yo no sabía lo que significaba que tantas calaveras de cristal penetraran en las energías de nuestro pequeño grupo. Normalmente solía aparecer una, como lo hizo en Dzibilchaltún, y una vez que había revelado lo que deseaba revelar, desaparecía de nuevo en la selva. Entonces aparecía otra, interactuaba con nuestro grupo y volvía a desaparecer para no ser vista nunca más. Esto sucedía de continuo, tal y como Hunbatz Men, en su sabiduría maya, había predicho cuando estuvimos tomando el té juntos en Mérida. Aquella noche, poco después de llegar a nuestro bonito hotel, el cielo se abrió y la lluvia comenzó a caer en auténtico diluvio, respondiendo al anuncio del anciano maya de que «llovería antes de mañana». Miré hacia los cielos, cerré los ojos y di gracias a Dios por su bendición y por aquel segundo reconocimiento hacia nuestras oraciones y nuestra ceremonia. No pude evitar volver a sentir, como ya había hecho con anterioridad, que aquél era el grupo «correcto» para lo que estábamos haciendo. Debíamos llevar a cabo dos ceremonias concretas más antes de regresar a Uxmal y Marida. Pero primero debían tener lugar dos procesos para que nos preparáramos a nosotros mismos, y quizá al mundo, liberando nuestras energías negativas masculinas y femeninas de los últimos miles de años. Aquellos dos «procesos» se parecían bastante a una ceremonia, pero de hecho estaban más cerca de la terapia moderna. Cada miembro del grupo había acudido a Yucatán con graves trastornos emocionales internos asociados con sus energías sexuales. Esto le sucede prácticamente a todas las personas. Para explicarlo de forma breve, cuando los chakras sexual, corazón y pineal —el situado en el centro de la cabeza— están alineados, trabajan juntos como si fuesen uno solo. La falta de alineamiento provoca trastornos emocionales, y estos trastornos emocionales provocan la falta de alineamiento. Había que reequilibrar aquellos trastornos en nuestro grupo antes de que pudiéramos llevar a cabo las dos últimas ceremonias, o seríamos incapaces de terminar nuestro trabajo. Para muchas personas, estos dos procesos, que debían tener lugar tras completar nuestro trabajo en Kohunlich, el templo del tercer ojo, constituyeron las experiencias más sentidas de todas las que vivimos a lo largo de nuestro viaje. La energía se había acumulado de tal manera en Tulum que todos sabíamos que nuestro viaje seguiría desarrollándose de una manera milagrosa que estaba fuera de nuestro control. Sólo la Madre Tierra y los antiguos mayas sabían lo que iba a suceder o a dónde conducía aquello. Y eso es exactamente lo que los mayas actuales nos han estado diciendo a todos. En palabras crípticas nos contaron, en agosto de 2003, que el 15 de diciembre de ese mismo año íbamos a entrar en un nuevo mundo. Y que, mientras tanto, puede que estuviéramos rodeados por el caos. Yo sentí que nuestro viaje por tierras mayas estaba demostrando la naturaleza de este cambio que vamos a experimentar todos nosotros. Pues lo cierto es que nuestro mundo es un sueño, y que su naturaleza onírica se está haciendo cada vez más evidente. De hecho, el Soñador está a punto de despertar y darse cuenta de que está soñando. Y lo que es aún más importante, el propio Sueño de vivir en este planeta puede ser ahora cambiado. ¡Ésa es la clave! Después del 8 de noviembre de 2003, momento en el que se produjo un eclipse total de Luna y una gran conjunción planetaria (el acontecimiento astrológico fue denominado Concordancia Armónica), todos debemos ir lentamente dándonos cuenta de que el Sueño es en realidad «sólo luz e intención». Eso es lo que yo creo, aunque sé que todavía va a tardar un tiempo. El portal hacia la cuarta dimensión comenzará a abrirse de par en par para aquellos que saben. ¿Qué es lo que esto significa? Significa que estamos fuera de tiempo. Debemos asumir la responsabilidad de nuestros pensamientos, sentimientos y emociones. Cada uno de nosotros es el Soñador. Y lo que soñemos se hará real en este mundo. Esto es lo que creen los mayas: a medida que nos acercamos al 21 de diciembre de 2012 y al 19 de febrero de 2013, el poder del Soñador se va haciendo cada vez más fuerte.
Los Mundos Interiores y el Mundo Exterior comenzarán ahora a fundirse en uno solo. Esto lo creen no sólo los mayas, sino también muchos otros grupos y profetas indígenas. Y para crear esta unidad, primero debemos quemar la escoria de la dualidad, la nega-tividad con la que hemos vivido tanto tiempo. De acuerdo con eso, la siguiente fase de nuestro viaje sagrado por tierras mayas parecía ofrecernos un patrón para esta preparación que todos estamos experimentando ahora. En los dos días que tardamos en ir de Tulum a Palenque, todos experimentamos una serie de experiencias y ceremonias que parecían diseñadas para conducirnos a todos al siguiente nivel de ser.

domingo, 10 de agosto de 2025

La Tierra es una escuela para seres multidimensionales




El mundo es nuestra Universidad, el universo es nuestro profesor, la sabiduría es nuestra tarea y el amor es nuestro exámen final.
Otros reinos enseñan con frecuencias de armonía. La Tierra enseña con fricción y oposición, asi extiende tu alma como ningún otro plano dimensional.
VINISTE AQUÍ PARA RECORDAR LO QUE ERES MIENTRAS TE DIGAN QUIÉN NO ERES. SUENA PARADÓXICO,PERO EN ESO RADICA LA MAESTRÍA!
Cada desafío es una lección codificada. Los ascendentes no están siendo castigados, están siendo iniciados. No estás aquí para convertirte en alguien nuevo. Estás aquí para recordar quién ya eres sin miedo, límites o falsa programación.
A lo largo de los muchos años en mi servicio del trabajo ligero de Ascensión, me he encontrado con mucha de la frustración que muchos ascendentes sienten a lo largo de su proceso de despertar...no quiero descartar nada aquí como algo no grave, porque la verdad es que la Ascensión no es para los débiles de corazón!
De hecho, la mayoría puede no elegir nunca despertar, sin embargo, no estamos esperando a toda la gente para despertar, el foco está en nosotros mismos, nuestro colectivo y los seres de luz de la Ascensión están ahora aquí asistiendonos a
Todos nosotros.
Tenemos todo el poder que necesitamos para marcar la mayor diferencia en este mundo y lo estamos haciendo ahora!
La verdad es que todavía queda mucho camino por recorrer y para aquellos que están sufriendo con muchos síntomas de ascensión esto puede sentirse insoportable en algunos días, sin embargo, piensen que esta etapa de la ascensión no durará para siempre!
A medida que ascendemos, nuestra conciencia aumenta a niveles más altos. La mente ya no reacciona al cuerpo y al hacerlo el yo físico comienza a estabilizarse ya que ha liberado la mayor parte de la densidad que necesitaba.
Seguimos evolucionando y no hay fin para la iluminación, ni línea de meta. SÓLO HAY EVOLUCIÓN PARA TODA LA ETERNIDAD! Esta será continua en esta vida y en esta tierra. Esta fue la vida en la que invertimos para detener los anteriores ciclos pasados y para despertar a la verdad en todo, para liberarnos a nosotros mismos y a nuestro planeta que también está experimentando una transformación total.
La verdad ha salido a la luz y como está, los ascendentes son definitivamente la minoría en este planeta y esto está bien, no necesitamos poder en números ya que la luz de la ascensión es mucho más poderosa que esta sola.
EL PORTAL A UNA CONCIENCIA SUPERIOR SOLO PUEDE ABRIRSE DESDE DENTRO, Convirtiéndose en la luz Y Auto vibración.
Su punto más bajo es la puerta a su yo más alto para cuando el corazón se rompe algo mucho más profundo está teniendo lugar que lo que parece como mera tristeza y desgracia, cuando el corazón rompe a menudo no nos damos cuenta del valor de la oscuridad hasta que ha pasado. Es sólo en ausencia de luz que aprendemos a convertirnos en luz. La mente lineal humana busca consuelo, pero el alma se agita para un cambio mayor, anhela expandirse, crecer y no permanecer igual.
La verdad es que el significado en la vida es sólo estar vivo, a menos que le demos a la vida un significado consciente, sigue siendo un lienzo en blanco.
A veces podemos resistir las mismas corrientes que nos están arrastrando a una conciencia más profunda de esa vida, no estamos aquí para perseguir la felicidad como un perro persigue su cola, la felicidad es un subproducto de convertirse en entero y la totalidad requiere contraste, oscuridad y luz tristeza y alegría, rompiendo y reconstruyendo incluso cuando duele.
Deja que te duela no corras, siéntate con él y escúchalo y cuando finalmente te levantas de ella, te das cuenta de que la alegría nunca estuvo en el resultado sino en la transformación. Ahora alimentando el alma y no el ego, eligiendo la evolución antes que escapar. La vida que estás buscando ya no será algo que encuentres, sino algo que creas que te encuentra y está hecho de quien realmente eres. > Grupo Starseeds: Se trata de no tomar los espejos en la vida demasiado en serio porque el verdadero reflejo está en tu corazón.
Tu alma eligió encarnarse aquí para crecer a través del contraste, el dolor, la alegría, el amor, el miedo. La Tierra es intensa, pero enseña el más rápido.
Si estamos en un proceso de ascensión, no podemos atraer de un estado de desalineación. Si nuestros pensamientos quieren una cosa pero nuestro cuerpo se siente inseguro al recibirla, muy probablemente que no se manifieste.
La manifestación no es solo preguntar, sino acerca de convertirse. Nuestra energía necesita coincidir con nuestros deseos del alma.
Nunca se trata de forzar u obsesionarse, esto es Resistencia. La alineación real se siente tranquila, abierta, sin esfuerzo y estable. La manera más rápida de alinearse es sentirse bien ahora, no cuando llega, sino ahora. Los ascendentes siguen siendo pacientes mientras están llegando juntos. Todo eso. Viendo más allá de las falsas apariencias del mundo.
LOS QUE CONOCEN LA OSCURIDAD EN ESTE PLANETA, TIENEN EL PODER DE CONTENER LA LUZ!
Las almas ascendentes están despertando este planeta y no están aquí por accidente. Son las almas que despiertan que respiran las frecuencias más altas de Amor y Luz en un mundo extremadamente problemático. Mientras serán probados y comprobados en su camino, ellos demostrarán ser los supervivientes que siempre han sido. Se levantan para liberar el pasado y ser la esperanza de la humanidad que realmente son.
Bruxshia Pleyadian energía Azul Zafiro 

miércoles, 6 de agosto de 2025

Serpiente de Luz Capítulo XIV La Purificación de las Tierras Mayas



El templo de Chichén Itzá El elegante Mayaland Hotel se asienta en la selva de Yucatán, al borde mismo de los terrenos del templo de Chichén Itzá. Fuimos allí derechos desde Balancanché y llegamos mucho antes de lo que esperábamos gracias a las facilidades que nos habían dado para visitar las grutas. Aquella noche, antes de cenar, se me pidió que instruyera a nuestros dos grupos, el de los europeos de Carolina Hehenkamp y el nuestro, sobre la Meditación de Vivir en el Corazón. Sólo para unos pocos de los participantes se trataba de algo nuevo. Muchos ya la habían aprendido en un taller anterior. Gracias a las poderosas experiencias que habíamos vivido durante la tarde, incluso aquellos que nunca habían realizado esta meditación del corazón con anterioridad fueron capaces de comprender fácilmente de lo que trata: la necesidad de apartar nuestra consciencia del cerebro y llevarla al corazón físico, y cómo se consigue: recordando la Conciencia de Unidad. Es un poco complicado entender y llevar a cabo el cambio interior de empezar a vivir no desde la mente, sino desde el corazón. Así es como vivíamos antes de la caída desde la Consciencia Única a la consciencia del bien y del mal hace trece mil años. En ese momento comenzamos a juzgar todas y cada una de las situaciones y las imágenes que la vida nos proporcionaba. En realidad, volverse hacia el corazón es algo tan simple que al principio la mayor parte de la gente encuentra difícil vivir la experiencia. Hemos aprendido a creer que cuanto más complejo o complicado es algo, más importancia tiene. Pero eso no puede aplicarse a nuestra consciencia original. Yo creo que la causa de que los pueblos indígenas del mundo me hayan pedido que tome parte en sus ceremonias es porque he aprendido a vivir dentro de mi corazón. Ellos pueden «ver» que estoy en el corazón, no en la mente, pues así es como ellos funcionan y ése es el aspecto del alma humana que resulta más importante para ellos. Ambos sabemos que podemos confiar el uno en el otro, y como los mayas dicen al saludarse: In Lak'es («Tú eres otro yo»). Cuando vives en tu corazón, In Lak'esh posee un significado que sólo el corazón entiende plenamente, pues el espíritu que está en tu interior es el mismo que está en el mío. Si deseas saber más acerca de este asunto, he escrito un libro titulado Viviendo en el corazón, que no sólo lo explica con mucho más detalle, sino que también te ofrece las instrucciones precisas para que puedas probarlo y decidir por ti mismo si vivir en el corazón te hace sentir mejor que vivir en la mente, o no. Después de cenar, nos colocamos todos bajo las estrellas en aquel precioso lugar con la pirámide del chakra corazón de Chichén Itzá muy cerca, entramos todos juntos en el Espacio Sagrado del Corazón y respiramos como Uno Solo. Y ahora el lado oscuro: sólo una ilusión Cuando todo el mundo se retiró a descansar en espera de la gran ceremonia y celebración del equinoccio, me llegó el momento de enfrentarme al problema de la entidad que habíamos observado en la primera ceremonia de Labná y aquella mañana con la calavera de cristal en Dzibilchaltún. Tenía que hacerlo antes de que participáramos en la ceremonia del día siguiente en Chichén Itzá. En caso contrario, aquella energía podría interferir con todo lo que estábamos intentando conseguir. No podíamos ignorarla. En mi opinión, lo que sucedía era que aquella mujer, una de las integrantes de nuestro grupo en aquel viaje, había sido atacada por un espíritu o varios, cuya intención era perturbar lo que hacíamos tic todas las formas posibles. Nos reunimos los directores (Diane Cooper, Lionfire, nuestro guía del viaje, Humberto, y yo mismo) y estuvimos de acuerdo en que debíamos solucionar la situación antes de irnos a la cama, dado que al día siguiente íbamos a empezar muy temprano. Sin embargo, ¿dónde podíamos llevar a cabo la sanacion? Yo sabía por experiencia que lo más probable era que la mujer gritara cuando la entidad abandonara su cuerpo, y no se puede tener a una mujer chillando en un hotel. Alguien podría llamar a la policía. ¿Qué podíamos hacer? Le preguntamos a Humberto si conocía algún lugar al que pudiéramos ir, y él nos sugirió una zona cercana al aparcamiento del hotel. No era privada, pero decidimos que pondríamos allí nuestra furgoneta y llevaríamos a cabo la sanacion dentro de ella. Si la mujer gritaba, el sonido quedaría amortiguado. Finalmente todo quedó organizado. La mujer se tumbó voluntariamente sobre el asiento central de la furgoneta. Dos personas de nuestro grupo se quedaron fuera, por si se acercaba alguien, y otros dos entraron en la furgoneta por si hacía falta ayuda. La sombra del antiguo sacrificio Cuando comencé a conectarme telepáticamente con las entidades que se encontraban en el interior de la mujer, me di cuenta de que eran varias, pero dos de ellas formaban en realidad una sola, y esta entidad de dos en uno era extremadamente poderosa. Estaba conectada con el mundo maya y con las antiguas ceremonias sacrifícales. ¡De hecho, esta entidad y su deseo de crear el caos habían sido en realidad la fuerza que yacía tras la práctica maya de los sacrificios humanos! Esta entidad doble vivía no sólo en la mujer que estaba delante de mí, sino también en otros sesenta habitantes de las tierras mayas, en su mayoría pertenecientes a esa cultura. Estaba entrelazada e integrada en la propia tierra. La entidad sabía por qué habíamos ido allí y su función era impedirnos que liberáramos a los mayas que vivían en el interior de la Tierra. Su intención era evitar que restauráramos el equilibrio. Llamé al arcángel Miguel y construí la pirámide octaédrica dorada alrededor del cuerpo de la mujer, con el propósito de que contuviera a las entidades salientes y sirviera como ventana dimensional para enviarlas de regreso al mundo para el que Dios las creó en origen. A mi modo de ver, la retirada de una entidad no es un asunto de fuerza, sino de compasión y comunicación. Según mi experiencia, una vez que los espíritus se dan cuenta de que los estamos devolviendo a su mundo, en el que pueden cumplir su propio objetivo sagrado, suelen cooperar. Desde luego, no luchan. En realidad, suelen asemejarse más a niños perdidos que a demonios en busca de destrucción. Pero aquello formaba parte del pasado. Yo tenía una lección que aprender. Los espíritus más pequeños se sintieron de verdad agradecidos por la oportunidad que les dábamos de regresar a su casa, y tal y como había sucedido en mis experiencias previas se fueron sin dar problemas. Pero los dos últimos, los que formaban la entidad doble, se negaron a irse. Todo el cuerpo de la mujer se retorcía y se hinchaba a causa de su resistencia. No cedían.

El papel que habían representado en las antiguas ceremonias sacrifícales mayas y su apego a la tierra y a los mayas eran demasiado fuertes y generales como para que renunciaran a ellos. Durante siglos habían hecho que los mayas hicieran cosas que los propios mayas sabían en el interior de sus corazones que estaban mal. Finalmente no tuve más remedio que emplear la fuerza. Era algo que nunca había hecho con anterioridad. Utilizando mi Mer-Ka-Ba, mi cuerpo humano de luz, y el poder y la fuerza del arcángel Miguel, empezamos a emitir una serie de ondas de energía que debían enfocar las energías de la entidad dual hacia la ventana dimensional del octaedro, lo que las sacaría de este mundo y las llevaría al suyo propio, dondequiera que éste estuviera. ¡Aunque se resistieran, si lo lográbamos, para ellas sería como ir al cielo! Al principio, la parte más débil de las dos fue succionada hacia el vórtice, con una obstrucción tremenda. Una vez conseguido esto, la otra parte del espíritu, la más fuerte, era la que nos quedaba por eliminar. Pero finalmente, mediante una mayor aplicación de poder y fuerza, el espíritu, que seguía resistiéndose, salió por el estómago de la mujer y comenzó a entrar despacio por la ventana dimensional. En el momento exacto en que la entidad abandonó el cuerpo, el Mundo Exterior respondió desde el poder de este espíritu y su conexión con la Tierra. A unos treinta metros de distancia del lugar en el que nos encontrábamos, dos cosas sucedieron de forma simultánea. Los árboles que estaban a la derecha de la mujer, en una pequeña zona circular de unos seis metros, comenzaron a agitarse con fuerza. Una rama enorme se rompió y chocó contra el suelo. A la izquierda, y a la misma distancia, otro grupo circular de árboles, con troncos de un palmo de diámetro, empezaron también a agitarse violentamente. Era como si un bulldozer estuviera junto a sus bases intentando arrancarlos. Aunque resultaba imposible, pues no hacía nada de viento, la mayoría de ellos se rompió por abajo y cayó sobre un viejo Volkswagen, aplastando por completo el techo y el maletero. En el instante en que el espíritu abandonó a la mujer, yo pude «ver» que los otros mayas que estaban conectados con aquellos espíritus, así como las propias tierras mayas en un espacio de cientos de kilómetros a la redonda, se aclaraban repentinamente. Fue como si hubiera desaparecido en un instante un gigantesco huracán. Ya había terminado todo. Ya estaba todo tranquilo. Las tierras mayas eran libres de nuevo. Y una vez más, aquella mujer estaba sola en su cuerpo. Ahora nuestro grupo estaba preparado para la Ceremonia del Corazón que se iba a celebrar al día siguiente en Chichén Itzá, una ceremonia que hace mucho tiempo predijo el pueblo maya y su calendario: un grupo de ancianos indígenas junto con personas de todos los rincones de la Tierra rezando como Uno Solo para que el mundo encontrara la paz. El cumplimiento de una antigua profecía Los sonidos de los pájaros tropicales atravesaban las contraventanas de madera cuando desperté de un bello sueño a otro que por el momento parecía lejano. Entonces recordé. Aquél era el día que llevaba dos años y medio esperando. Hunbatz Men me había enviado un correo electrónico hacía mucho invitándome a una ceremonia predicha por el calendario maya. Y ese día había llegado. Salté de la cama, me vestí y corrí escaleras abajo, sabiendo que teníamos un horario muy apretado y que era importante no llegar tarde ni cometer errores. Eran demasiadas las personas que esperaban aquel momento con ansiedad. Yo pensaba que si nuestro grupo se retrasaba, tendrían que empezar sin nosotros. En el vestíbulo había sesenta personas, vestidas de blanco impoluto, tal y como había pedido Hunbatz. Sus sonrisas y su exuberante energía lo decían todo. Estábamos preparados para todo lo que la vida nos ofreciera y dispuestos a dar desde nuestros corazones y nuestras plegarias. Después de las grutas de Balancanché, nuestros corazones estaban abiertos de par en par y nuestro grupo constituía Un Solo Corazón. La vida estaba lista para desplegar otro capítulo de su misterio. ¿Quién sabía lo que estaba a punto de suceder? Desde luego, yo no.

Nos colocamos de dos en dos para entrar por la puerta y caminamos así hacia el complejo de Chichén Itzá, avanzando entre los árboles tropicales hasta que llegamos a la base de la Pirámide del Castillo, en su lado oriental. El Sol brillaba con fuerza., por lo que nos colocamos bajo los árboles buscando su sombra. Estaba previsto que Hunbatz llegara con su séquito de más de doscientos cincuenta ancianos y chamanes indígenas alrededor de las diez de la mañana, por lo que nos reunimos en pequeños grupitos en los terrenos de la pirámide, charlando entre nosotros y esperando. Y esperamos, y esperamos. También el grupo europeo estaba con nosotros y unas cuantas personas empezaron a aprender canciones de otras de diferentes países. Estuvieron un rato cantando y luego lo dejaron. Y seguíamos esperando. ¿Dónde estaban los ancianos? Nadie lo sabía. Ya avanzada la mañana, se me acercaron el sacerdote y la sacerdotisa del templo de Uxmal para presentarse. Llevaban los atuendos ceremoniales completos, bellos y llenos de energía. Sus sonrisas relajadas y su actitud de estar a gusto dejaban ver su gran Luz espiritual interior. Nos dieron las gracias por estar allí y por tomar parte en las ceremonias. En nombre del grupo les presenté nuestro amor y respeto, y ofrecí toda la ayuda que pudiéramos aportar. Poco después otro hombre, un sacerdote inca de Perú, también vestido con el traje ceremonial completo, llegó y comenzó a hablar con un grupo que estaba cerca de nosotros bajo un gran árbol. Su energía era robusta. Estaba allí, al parecer, para inspirar a las personas para la gran ceremonia que estaba a punto de tener lugar. ¿Pero dónde estaba Hunbatz Men? No había señales de él. Ya era casi mediodía y el Sol estaba alto. Finalmente nos llegaron noticias de que Hunbatz y los ancianos se habían retrasado. La policía había cortado las carreteras a cuatro kilómetros del templo y los ancianos tenían que llegar caminando. Esperamos un poco más, pero entonces nos enteramos de otro problema. Al parecer, el emplazamiento ceremonial había sido trasladado a una zona detrás de la Pirámide del Castillo, entre los árboles. Y a pesar de la ausencia de Hunbatz Men y de los ancianos, estaba a punto de comenzar. Yo no sabía lo que le había pasado a Hunbatz, pero mi guía interior me indicó claramente que continuara con aquella nueva ceremonia. Nuestro círculo del arco iris Nuestro grupo caminó una pequeña distancia y salió a un gran claro en la selva, donde la energía se sentía perfecta para lo que íbamos a hacer. Estábamos con el grupo de Carolina Hehenkamp y se nos unieron más personas cuando formamos un gran círculo. Un círculo compuesto por gentes de todos los colores y razas. El sacerdote y la sacerdotisa de Uxmal que iban a dirigir la ceremonia extendieron unas telas especiales sobre el suelo para formar un altar. Sobre ellas se colocaron muchos cristales y objetos ceremoniales. Y finalmente, primero una, luego dos y hasta trece calaveras mayas de cristal se dispusieron sobre el altar en apretado círculo. Sobre ellas se colocó un tejido maya, escondiéndolas de la vista, pues no había llegado todavía el momento de su ceremonia «especial». Me dio la sensación de que las calaveras estaban cantando y una vez más me encontré entrando en meditación con ellas. Ante mi sorpresa, la sacerdotisa, que claramente parecía ser la que dirigía la ceremonia, me pidió que entrara en el círculo interior. Me preguntó si había alguien más en mi grupo que perteneciera allí, y yo pronuncié el nombre de Lionfire. En realidad, aquel mundo maya parecía ser mucho más suyo que mío. Se invitó a unos quince ancianos e indígenas a que se unieran al círculo interior. Algunos eran mexicanos, otros estadounidenses, pero la mayoría, incluyendo al sacerdote inca, pertenecían a culturas indígenas. Recuerdo especialmente a un grupo de tres chamanes incas de Sudamérica; eran tan bellos que yo pude percibir la pureza de la Madre Tierra saliendo de sus corazones en ondas de pura alegría. La sacerdotisa maya prendió hierbas ceremoniales e incienso en un pequeño caldero maya antiguo, y su olor acre inundó el aire. Luego elevó los brazos mientras su compañero hacía sonar la concha y abría la ceremonia con oraciones a las cuatro direcciones.

Para mantener la ceremonia en sí misma oculta, la sacerdotisa y el sacerdote oraban en lengua maya. Sus plegarias se elevaron, engarzadas con el humo procedente del caldero. A continuación, cada uno de los integrantes del círculo interior hablamos y rezamos por turnos, pidiendo desde nuestros corazones por lo que éstos deseaban con más fuerza: la sanacion de la Tierra y de sus gentes. Había belleza, fuerza y precisión en aquello que estábamos haciendo. Parecía que la ceremonia había sido planeada hacía muchísimo tiempo. Todo parecía desarrollarse como si estuviera cuidadosamente ensayado. Pero había algo más, un aspecto del que no me di cuenta por lo muy metido que estaba en la ceremonia. Era algo relacionado con las personas del círculo exterior. Mientras los que dirigíamos la ceremonia murmurábamos, cada uno en su idioma, las palabras que deseábamos enviar al Espíritu, nuestros mensajes estaban siendo traducidos a varios idiomas. Uno tras otro, los sentimientos y las oraciones ceremoniales flotaban sobre el enorme claro en maya, español, inglés, alemán, ruso, francés..., llevados por el viento a aquel increíble grupo de individuos que habían acudido desde todas las partes del mundo para ayudar a la humanidad a convertirse en Uno Solo. Más tarde, una mujer me dijo: —Durante toda la ceremonia sentí que la Torre de Babel se iba derrumbando despacito. Supe que nuestro mundo nunca volvería a ser el mismo. Puede que, al unirnos de aquel modo a los mayas en aquella an-i igua ceremonia, estuviéramos simbólicamente acabando con las divisiones entre países, culturas y razas. Con el tiempo, esto se hará realidad. Cuando las últimas volutas de humo se elevaron sobre la multitud y la ceremonia terminó, nos abalanzamos unos hacia otros como viejos amigos de tribus hace mucho tiempo perdidas, abrazándonos y compartiendo no sólo amor, sino también números de teléfono y direcciones, formas de comunicarnos para mantener unida aquella energía que todos sentíamos. Éramos un arco iris de Un Solo Espíritu.

Hunbatz Men y los ancianos Cuando me dirigía de vuelta a la pirámide se me acercó una persona corriendo para decirme lo que les había sucedido a Hunbatz Men y a los ancianos. Después de la belleza de lo que acababa de acontecer, aquello parecía casi una pesadilla. Al final habían conseguido llegar a Chichén Itzá y se prepararon para celebrar la ceremonia en el sitio inicialmente dispuesto para ello. Colocaron un caldero con hierbas e incienso sobre el suelo. Y cuando los ancianos estuvieron listos, comenzaron la ceremonia prendiendo el incienso del caldero. En ese momento entró la policía corriendo con un extintor y apagó el fuego. Los ancianos se enfurecieron y comenzaron a discutir con la policía. Hunbatz, sin embargo, permaneció en silencio, pues había estado esperando aquello e incluso lo había avisado. Al final, la policía desbarató la ceremonia e incluso arrestó a ocho de los ancianos sudamericanos. Con lo cual, antes incluso de que empezara, la ceremonia había terminado. Hunbatz me lo contó más tarde cuando vino a unirse a nuestro grupo. En aquel momento nosotros ya estábamos profundamente inmersos en la oración en nuestra propia ceremonia y, según sus creencias, en esas circunstancias no podía reunirse con nosotros. En vez de eso, dio dos vueltas alrededor de nuestro círculo de oraciones mientras nos bendecía. Me dijo que si nosotros no hubiéramos estado allí, procedentes de todos aquellos países, y si no hubiéramos llevado a cabo nuestra propia ceremonia conducidos por los dos sacerdotes mayas, el calendario maya no se habría cumplido. Nos dio las gracias con lágrimas en los ojos. Miramos cada uno en el corazón del otro y estuvimos agradecidos, sabiendo que el Gran Espíritu trabaja en formas que no siempre resultan comprensibles. La llegada de la serpiente Cuando concluyó la ceremonia, nuestro pequeño grupo internacional de almas quedó en libertad para unirse a la enorme muchedumbre que se había reunido para contemplar el descenso de la «serpiente» por la Pirámide del Castillo, tal y como Ken y yo habíamos hecho mucho tiempo atrás, en 1985.

En esta ocasión, 21 de marzo de 2003, se estimó que había allí más de ochenta mil personas, tantas que ni siquiera se podía caminar por la enorme pradera cubierta de hierba frente a las escaleras por las que la serpiente debía realizar su portentoso descenso. Pero, vaya por Dios, el cielo se había cubierto de nubes. Y por la tarde estuvo gris. No había sol que pudiera dar sombra. Ochenta mil personas, gentes de todo México, Sudamérica y el mundo, estaban .sentadas o de pie, con sus comidas y sus familias, esperando una sombra que quizá no apareciera nunca. Y de repente, ya bastante avanzada la tarde, las nubes se abrieron y el Sol se abrió camino, resplandeciente de gloria, para iluminar la pirámide, proyectando su sombra sobre el lateral de los escalones de la pirámide. La multitud, llena de excitación, lanzó un grito de alegría pura y se quedó silenciosa observando el místico movimiento de la sombra de la «serpiente». La contemplación de la vasta y embelesada multitud me recordó a Lis de los conciertos de rock de los años sesenta. Pero era como si los Antiguos y los Muertos Agradecidos hubieran intercambiado sus puestos. En lugar de estar escuchando a una banda carismática cuya excitante música estallara sobre el escenario, estábamos todos cautivados, todos y cada uno de nosotros, por una sombra lenta y silenciosa que se deslizaba centímetro a centímetro por el lateral de una pirámide mítica, en renovada afirmación de la Espiral Sagrada de Vida. Los dos cenotes Cuando terminó el descenso de la «serpiente», y mientras me alejaba de allí, recordé parte de una conversación que había mantenido con Hunbatz Men en la que, de forma inesperada, me habló de los dos cenotes de Chichén Itzá y de cómo estaban conectados. Me contó que un río subterráneo los unía y que la Pirámide del Castillo había sido construida a propósito sobre él. Era aquel flujo de agua subterránea lo que cargaba la pirámide de energía. Ken y yo no sabíamos nada del segundo cenote cuando estuvimos allí. Hunbatz Men me miró a los ojos, y dijo: —Drunvalo, también el otro cenote debe ser «recargado» con un cristal. Eso conectaría las energías de ambos. Así que, al abandonar la ceremonia de la bajada de la «serpiente» por la pirámide, me encaminé hacia el segundo cenote para cumplimentar la solicitud de Hunbatz.

La culminación de los cristales Unos cuantos miembros del grupo me siguieron, probablemente pensando que deseaban ver lo que yo iba a hacer. Para mí, por supuesto, cualquiera que estuviera allí era porque allí debía estar. No existen los accidentes ni los errores. En unos pocos minutos encontré el segundo cenote y observé que éramos exactamente catorce personas, incluyéndome a mí. Les expliqué lo que habíamos hecho Ken y yo en el otro cenote en 1985 y la solicitud de Hunbatz Men, y fue como si todo el mundo hubiera acudido a la escuela psíquica. Todos parecían saber exactamente lo que debían hacer. Nos cogimos de las manos y pasamos el cristal para que cada persona pudiera rezar en él. Oraban para que el pueblo maya y la Madre Tierra pudieran sanar de nuevo. Después, la última persona arrojó el cristal a las aguas profundas y misteriosas. Pude sentir cómo se realizaba la conexión. Sentí que brotaba una energía. Y en mi visión interior pude contemplar cómo se interconectaban los dos cenotes y cómo la Pirámide del Castillo se iluminaba con una forma de energía nueva/antigua. En aquel momento comprendí la importancia de lo que Thoth y Hunbatz Men estaban intentando comunicarme. Por vez primera tenía sensación de culminación. La llamada del Sol De vuelta en el hotel, encontré una nota que me había dejado Hunbatz Men en la que decía que le gustaría hablar con mi grupo. Nos había prometido que estaría con nosotros y eso todavía no había sucedido..., todavía no. Aunque en aquel momento él estaba enormemente ocupado, deseaba cumplir su promesa.

Nos reunimos todos en semicírculo junto a la piscina del hotel y esperamos a Hunbatz. Ya había oscurecido. Brillaban las estrellas y el hotel ponía a nuestro alrededor un ambiente de suave luminosidad. Hunbatz llegó y nos explicó lo que había sucedido aquel día. Se disculpó ante nosotros y nos dio las gracias por llevar a cabo la ceremonia. Sin nuestra participación, nos dijo, el «trabajo» no habría sido terminado. Nos dijo que todos éramos maestros del nuevo mundo y nos habló de nuestras responsabilidades en aquella tarea. Y a continuación nos enseñó un cántico sagrado a Kin, el dios maya del sol. Y como muchos de los miembros del grupo ya estaban «recordando» su herencia maya del pasado, entonar este cántico despertó un increíble sentimiento de estar en dos lugares al mismo tiempo: el antiquísimo pasado y el hoy. Nuestro día en Chichén Itzá había terminado con todos juntos bajo las estrellas, cantando y recordando nuestras antiguas conexiones. Estábamos tan repletos de emoción y de sensación de misterio que parecía que no podríamos ser capaces de absorber nada más. Si hubiéramos sabido todo lo que nos aguardaba, nos habría costado creerlo. En verdad, lo cierto era que acabábamos de empezar.

martes, 29 de julio de 2025

Serpiente de Luz Capítulo XIII : Viaje a la Tierra Maya




                                      
Una vez más, los ángeles empezaron a hablarme de la necesidad de realizar un viaje a la tierra de los mayas, pues al igual que los anasazis, aquella antigua cultura había cometido también un enorme error en el pasado. Se trataba de un error que, si no era corregido, frustraría la ascensión del mundo e impediría a la mujer hacerse cargo de la responsabilidad que debe ejercer durante los próximos trece mil años. En pocas palabras, otro problema de la red. Había pasado casi un año desde que celebramos las ceremonias en las tierras de los anasazis, y yo no tenía ninguna prisa por volver a correr por el mundo otra vez. Uno de mis mayores problemas es que soy vago. Por eso los queridos ángeles tuvieron que pincharme para que me embarcara en un viaje que yo sabía que iba a suponer un gran trabajo. Soy realmente tonto. He recorrido una distancia enorme para estar aquí, en la Tierra, y llevar a cabo este trabajo, y lo único que quiero hacer es dedicarme a vivir y a jugar. El viaje a las Cuatro Esquinas había sido impresionante. Habíamos participado en la conexión íntima entre los antiguos anasazis, la Madre Tierra y nuestro pequeño grupo de almas valientes que respiraban como Un Solo Espíritu. Y ahora se me pedía que siguiera Avanzando por el mundo indígena y que profundizara en la oscuridad del pasado. Yo había observado que Lionfire, el chamán de Hovenweep (Colorado), poseía un conocimiento enciclopédico de los anasazis, pero también me había percatado de lo mucho que sabía acerca de los mayas. Por eso, antes incluso de empezar el viaje, le pedí que viniera conmigo como experto en historia maya. Afortunadamente, accedió. El momento y el propósito de nuestra entrada en la tierra de los mayas El momento de nuestro viaje a Yucatán coincidió con una invitación que nos hizo el chamán maya Hunbatz Men para que participáramos en las ceremonias del equinoccio, en Chichén Itzá, el 20 de marzo de 2003. Hunbatz, el Consejo de Ancianos Mayas y unos doscientos cincuenta ancianos más procedentes de América del Norte, Central y del Sur iban a llevar a cabo una ceremonia por la paz mundial, uniendo sus poderes espirituales en favor de la sanacion del mundo. Nuestro grupo debía apoyar este esfuerzo efectuando una ceremonia en un círculo exterior alrededor del núcleo interior de chamanes y ancianos indígenas. Se nos uniría un grupo europeo dirigido por Carolina Hehenkamp, que también había participado en el viaje de los anasazis. Después de la ceremonia en Chichén Itzá habíamos planeado realizar un recorrido en espiral para cumplir el propósito de nuestro grupo de ir a la tierra de los mayas. Y de forma muy parecida a como lo habíamos hecho en la tierra de los anasazis, queríamos ayudar a los antiguos mayas, que también estaban atrapados en el interior de la Tierra, para que quedaran libres. En aquel momento no sabíamos (y de hecho no lo supimos hasta que se desplegó ante nuestros ojos) que el viaje tenía otro gran propósito, un propósito que aún hoy día sigue desvelándose. La sanacion del mundo maya interior y del mundo maya exterior Tal y como había sucedido en las Cuatro Esquinas, la sanacion de la tierra maya significaría restaurar el equilibrio de la naturaleza entre el Mundo Interior y el Mundo Exterior de los mayas. Al hacerlo, los Mundos Interiores podrían empezar a moverse con nosotros, el Mundo Exterior, en armonía; o por decirlo mejor, nosotros nos moveríamos en armonía con ellos. Y esto debía llevarse a término muy pronto, pues —si creemos la versión actual— el calendario maya termina en 2012, algo menos de nueve cortos años después de nuestro viaje de 2003. En la tradición de los mayas, el periodo en el que nos encontramos ahora dará paso a un momento de la historia denominado el Fin de los Tiempos, que ellos entienden como el final de un largísimo ciclo y el comienzo de otro nuevo. Por este motivo, nuevo.


Por este motivo, nuestra tarea debía consistir en abrir los canales para que los mayas del interior de la Tierra pudieran conectarse con los de la superficie para preparar la ascensión final. Al hacerlo, la Red de Conciencia de Unidad se focalizaría mejor y la energía de la Serpiente de Luz, allá en las alturas de los Andes chilenos, se haría más brillante y más potente. Y una vez más, tal y como ocurría en la región de las Cuatro Esquinas el verano anterior, Yucatán y las zonas limítrofes estaban padeciendo una terrible sequía. Con lo cual, otra parte de nuestro trabajo sería llevar a cabo las ceremonias que debían traer las lluvias, el símbolo físico del equilibrio que estábamos buscando. ¿Por qué querría aquella antigua cultura que un grupo internacional de personas les hiciera este tipo de servicio? ¿Habían ellos olvidado cómo hacerlo? ¿Habían, por alguna razón, perdido el poder espiritual para hacerlo por sí mismos? La verdad es que no lo sé. Todavía me sigue resultando extraño que encargaran una tarea tan personal a alguien de otra cultura. Sin embargo, me recuerda el tiempo en que los taos pueblo de Nuevo México me pidieron que enterrara a sus muertos. Ellos creían que sería mejor para ellos si otra cultura realizara aquel trabajo. Quizá los mayas precisaban una fuerza exterior para abrir los canales de energía. O puede que, como muchos de nosotros, estuviesen abrumados por las circunstancias y necesitasen ayuda. Fuera cual fuese la razón, los mayas nos habían invitado, tanto los vivos como los antiguos, a ir a México y efectuar aquellas ceremonias con ellos y por ellos. No podíamos negarnos. El encuentro en Mérida En cuanto pisé suelo mexicano, mi corazón comenzó a latir con más fuerza. Pude percibir claramente que existía una conexión entre este viaje y el de los anasazis. Era la misma energía, como si ya hubiera sido soñado. En mi interior sentí que este nuevo periplo por los templos mayas de los chakras iba probablemente a cambiarme la vida; sin embargo, no sabía cómo iba a ser. Quién sino Dios, y quizá los Antiguos, podía conocer lo que estaba a punto de acontecer. Yo estaba claramente entrando en lo desconocido. Cuando llegué a la ciudad circular de Mérida fui llevado al hotel Los Aluxes (que significa «Las Gentes Pequeñas»), donde me encontré con Lionfire y Carolina, que ya habían llegado. A lo largo de las siguientes veinticuatro horas se fue reuniendo poco a poco nuestro grupo vagabundo de sesenta almas procedentes de todas las partes del mundo. Una bienvenida maya Para nuestro primer encuentro, Lionfire nos había organizado una tarde especial con sus amigos mayas. Nos reunimos en una pequeña habitación del hotel donde una anciana maya, una hermosa abuela, se colocó frente a nosotros y, en lengua maya, nos otorgó su permiso para participar en las ceremonias y visitar lugares que en el pasado habían estado reservados exclusivamente para los sacerdotes mayas. Nos sentimos increíblemente honrados por sus palabras y se derramaron muchas lágrimas. A continuación, un grupo musical maya llamado Wayak nos deleitó con su música evocadora. Sus gritos guturales y los instrumentos nativos parecían los sonidos de un antiguo pasado. Eran diferentes a todo lo que habíamos escuchado con anterioridad. El encanto de aquella tarde fue el comienzo perfecto de una peregrinación de ceremonias que esperábamos que devolvieran la salud y el equilibrio al pueblo maya y a sus tierras, ayudándoles a prepararse para las inmensamente importantes ceremonias del futuro, unas ceremonias de las que algún día dependerá el mundo entero para su propia supervivencia. Sentado en aquel círculo, me di cuenta de que nos íbamos a mover por la misma espiral de templos que Ken y yo habíamos recorrido casi veinte años atrás, aunque también iba a haber algunos nuevos. Me sentí veterano y niño al mismo tiempo. Casi no podía esperar. Los templos de Uxmal Cuando llegamos a Uxmal, nuestro grupo internacional estaba empezando a recordar que debían respirar como Un Solo Corazón. Se reunieron a mí alrededor mientras les contaba la historia del gigantesco péndulo de Ken y los asombrosos acontecimientos de 1985. Luego fuimos a la Gran Pirámide, donde comprobé que el árbol que había sellado el cristal de obsidiana seguía allí. Era mucho mayor que la última vez que lo vi, en 1995, cuando estuve en Chichén Itzá con Hunbatz Men para celebrar la ceremonia del equinoccio de primavera de aquel año. Era el único árbol en aquel espacio cubierto de hierba y estaba perfectamente alineado con el centro de la pirámide y el borde del edificio adyacente.


Nos encaminamos hasta la cumbre de la Gran Pirámide, una subida empinada y una altura de vértigo para algunos de los integrantes de nuestro grupo que no habían hecho nada parecido con anterioridad. Desde arriba podíamos contemplar toda la zona de Uxmal, inmensa, con sus pirámides y templos que se extienden a lo largo de kilómetros de selva. Resultaba fácil imaginar cómo, en tiempos pasados, el lugar había constituido un gran centro para el pueblo maya. La ceremonia que celebramos allí tomó una forma inusual: la geometría del vesica piscis. Imagínate, un grupo de sesenta personas en la cumbre de la pirámide intentando colocar nuestros cuerpos para dibujar dos círculos que se solapan. Al final lo conseguimos, con algunas personas casi colgando del borde, y así se desarrolló nuestra primera ceremonia del viaje. Los dos círculos enlazados representaban las ceremonias de los indígenas interiores y las de nuestro grupo internacional, actuando como Una Sola. Al final de la ceremonia me di cuenta de que ya estábamos empezando a conectar con los Antiguos. Sentí que nos observaban, nos sentían, nos probaban. Y en respuesta, los corazones de los miembros de nuestro grupo fueron abriéndose cada vez más, exactamente lo que necesitábamos para ser aceptados tanto por los mayas de la superficie como por los de los Mundos Interiores. Nuestra salida de Uxmal, agotados pero alborozados, estuvo rodeada de esplendor. Por todo Yucatán, los mayas estaban quemando los campos para preparar la siembra de las cosechas de primavera, y la suave neblina que llenaba el aire hizo que el Sol se pusiera en medio de un inusual y brillante derroche de gloria. Nuestra respuesta ante la belleza del lugar y ante nuestras experiencias me hizo saber que el Gran Espíritu había reunido a las personas adecuadas para aquel trabajo. Ni planeándolo podría haber estado mejor.


Labná Tras dejar Uxmal nos dirigimos a los templos de Labná y Kaba antes de regresar a Mérida. Labná es el segundo chakra y representa el centro sexual. La tierra es de un color rojo óxido, muy parecida a la de Sedona, en Arizona, donde vivo ahora. Todo el complejo del templo posee un sabor suave, seductor, y una energía que de un modo u otro siempre te llega al corazón. Realizamos una ceremonia sencilla destinada más a la purificación que a cualquier otra cosa. Yo caminé alrededor de cada una de las personas envolviéndolas en humo de salvia y cedro mientras uno de los miembros del grupo tocaba lentamente un ritmo similar al de los latidos del corazón con su tambor. Pero cuando estábamos en aquel círculo apareció una cosa que más adelante iba a constituir un enorme problema. Una de las mujeres procedentes de Sudamérica comenzó a perder ligeramente el control cuando el humo ceremonial se elevó alrededor de su cuerpo. Su rostro se contrajo y extraños sonidos temerarios brotaron de su cuerpo. Al cabo de unos minutos empezó a agitar los brazos y el cuerpo, haciendo que algunos sintieran miedo. Las personas que se encontraban a su lado respondieron de inmediato e intentaron tranquilizarla, pero para mí fue evidente que algo asociado con el lado oscuro de la vida estaba comenzando a expresarse. Lo registré mentalmente y a partir de aquel momento no dejé de observarla. Tenía claro que aquello iba a constituir una influencia perturbadora para nuestro trabajo conjunto, pero por entonces no comprendí lo que significaba ni de dónde procedía. Kaba El último templo del día era Kaba. Hace muchos años tenía otro nombre, y es un templo que me resulta extremadamente interesante debido a que los mayas llegaron de la Atlántida allí donde los judíos accedieron por primera vez a la consciencia humana. (Véase El antiguo secreto de la flor de la vida, volumen I.) El nombre original de Kaba era Kábala, que todo judío reconocería como perteneciente a uno de los libros sagrados del judaísmo. Esto sólo tiene sentido cuando conoces la historia de los mayas. Tras lo sucedido en Labná, dejamos que nuestro grupo se dedicara sólo a explorar Kaba, sin celebrar ninguna ceremonia. La energía debía cristalizar para que pudiéramos entender lo que se nos estaba acercando. Volvimos a Mérida, esperando para saber lo que debía venir a continuación a medida que los mayas fueran suavemente exponiendo sus necesidades a nuestra consciencia exterior. Mérida Esa noche todos nos fuimos a la cama pronto, pues debíamos levantarnos a las cuatro de la madrugada. Así debía ser para poder estar presentes en el momento de la salida del Sol en el antiguo lugar de Dzibilchaltún, donde el sol equinoccial se eleva cada año por detrás del ojo de la cerradura de un templo construido por una civilización que se remonta al año 500 a.C., probablemente el sitio más antiguo de todos los que íbamos a visitar en Yucatán. Después de eso debíamos regresar a nuestro hotel de Mérida, hacer los equipajes, visitar las extraordinarias grutas de Balancanché y poner rumbo a Chichén Itzá para la ceremonia del equinoccio que se iba a celebrar al día siguiente. Reunión con Hunbatz Men Antes de relatarte lo que sucedió en Dzibilchaltún, donde acudimos para participar en el antiguo rito del equinoccio de primavera, debo contarte una conversación que mantuve con Hunbatz Men el día anterior durante el desayuno. Mientras Hunbatz bebía su café y yo sorbía mi té, repasamos nuestros programas para sincronizar nuestros movimientos durante los próximos acontecimientos. Como íbamos a celebrar juntos la ceremonia de Chichén Itzá —el chakra corazón—, debíamos determinar con exactitud cómo teníamos que colocar nuestras energías con referencia a los cientos de ancianos incas, mayas y de otras tribus indígenas que iban a acudir de toda América para participar. En otras palabras, Hunbatz quería saber con precisión dónde íbamos a estar y cómo íbamos a interactuar con el grupo. Además, estaba previsto que el grupo de Carolina Hehenkamp fuera con Hunbatz cuando partiéramos hacia Chichén Itzá, y queríamos acordar dónde iba a estar cada uno de nosotros durante los días de aquellas numerosas ceremonias. Tras discutir aquello, Hunbatz cambió de tema. Quería hablarme acerca del futuro y, en especial, sobre la importancia de las calaveras de cristal en próximas ceremonias. Me explicó que estas calaveras están vivas y que pronto se juntarían todas en nuestras ceremonias a medida que nos iríamos aproximando al Fin de los Tiempos. Lo curioso era que el Native American Council de Estados Unidos me había enviado una calavera de cristal a mi casa de Arizona antes de mi partida. Debía conservarla durante un período de tiempo indeterminado. Pero las calaveras de cristal no habían formado parte de lo que yo entendía que era el propósito de aquel viaje a Yucatán. Por eso, mientras escuchaba a Hunbatz, consideré que la información acerca de ellas realmente estaba destinada a otro momento. Qué poco sabía entonces. Como de costumbre, soy el último en enterarme.


El templo de Dzibilchaltún Yo había presenciado la ceremonia del equinoccio en 1995 con Hunbatz, y me ilusionaba volver a experimentarla con aquel fantástico grupo. Llegarnos al lugar, que había sido un importante centro de iniciación para las escuelas de misterio de todo el mundo, unos veinte minutos antes del amanecer. Otras muchas personas, en su mayoría mayas, habían acudido también para celebrar de esa forma el equinoccio.


El Templo del Amanecer es un edificio de piedra con una abertura por la que el sol equinoccial, la primera luz del equinoccio de primavera, aparece cada año. El camino que conduce al templo es un pasillo largo y rocoso, casi como una pasarela de desembarque, con arbustos de baja altura a ambos lados. El templo está situado al final de este pasillo. Lionfire también había estado allí antes y ayudó a nuestro grupo a colocarse en fila, a una cierta distancia del templo, para que pudiera ver la aparición del Sol por la abertura. Unos dos minutos antes del momento previsto para que el Sol asomara, ocurrió algo que no olvidaré jamás. Una pareja mexicana de edad, a la que ya había conocido con anterioridad, se me acercó y dijo: —Drunvalo, ¿eres tú? Me volví para hablar con ellos, sabiendo que sólo faltaban unos «segundos para la salida del Sol. María, la mujer, llevaba una tela blanca que envolvía un objeto bastante grande. La abrió para mostrarme lo que guardaba en ella. Allí, entre sus manos, se encontraba una bellísima calavera de cristal maya, antigua y de un blanco reluciente. Me miró, y dijo: —Por favor, sostén esto junto a tu corazón. La coloqué allí donde ella me pidió y me volví hacia Dzibilchaltún justo en el momento en que el primer rayo de sol comenzaba a atravesar la abertura del templo. En pocos segundos el sol penetró totalmente por ella y los primeros rayos de luz hicieron explosión en mi interior. Tuve una visión. Vi dos espíritus mayas humanos dentro de la calavera de cristal que sostenía junto a mi corazón. Eran un hombre y una mujer y estaban muy vivos, en unión sexual, mirándose mutuamente con eterno amor. En ese momento, en un destello de entendimiento, supe con certeza lo que los mayas estaban haciendo con aquellas calaveras de cristal. Se elegía a determinados mayas, normalmente en el momento del nacimiento, para formar parte de la ceremonia de la calavera de cristal. Cada uno de ellos era designado para capturar la esencia de toda la cultura maya en uno de trece periodos de tiempo diferentes, que se extendían desde el principio al fin de su cultura, y para tal fin recibían un entrenamiento que duraba toda su vida. En el momento adecuado de sus vidas, en una solemne ceremonia, ingerían un psicodélico natural específico y, de acuerdo con su preparación, morían permaneciendo conscientes mientras dejaban su cuerpo y obligaban a su espíritu a entrar en la calavera de cristal. Esta calavera, entonces, se convertía en su hogar, en su cuerpo, durante cientos o incluso miles de años. Debían vivir en el interior de la calavera de cristal, guardando y preservando el conocimiento, los recuerdos y la sabiduría de los antiguos mayas, para que en este momento, en el Fin de los Tiempos, éstos pudieran ser recordados. Y aquél era justo el momento en que su propósito estaba siendo cumplido. Todas las calaveras estaban reuniéndose lentamente por toda la tierra maya, pues ése había sido su objetivo desde el principio. Hay un total de trece calaveras, y en un futuro próximo la Ceremonia de las Trece Calaveras Mayas será una realidad y la profecía maya se completará, lo que significará que la antigua transmisión habrá entrado en el espíritu maya moderno. Cuando aquel conocimiento me inundó, vi a una anciana sentada calladamente en el fondo de la calavera de cristal. Supe que ella era la que había organizado aquel matrimonio eterno entre los dos amantes. Supe que ella era la que había planeado todo lo que la calavera debía hacer para su gente, y que fueron las abuelas antiguas las que diseñaron este método de transmitir información a través de los siglos, y que seguían protegiendo las calaveras. El conocimiento, los recuerdos y la sabiduría que guardaban los amantes mayas pertenecían al periodo de tiempo en que la cultura maya estaba empezando a florecer. Era aquélla una época en la que el amor y la compasión regían todo lo relacionado con el mundo maya. Y aquel extraordinario amor, la compasión y el conocimiento eran lo que debía ser reencendido en el corazón de los modernos mayas. La experiencia de la salida del Sol a través de la abertura del templo y la calavera de cristal con sus amantes espirituales abrieron mi corazón como nunca habría creído posible si no lo hubiera vivido. De una forma dramática, los antiguos mayas estaban empezando a hablarme acerca de lo que era importante para ellos.


Escuché y recé. Entonces supe que aquella expedición iba a constituir otro viaje al corazón que cambiaría aún más profundamente la vida sobre la Tierra y sanaría las relaciones entre las personas. Creí que incluso podría sanar las sofocantes nubes de dióxido de carbono que están ahogando nuestro planeta. Aquella experiencia aportó una increíble esperanza a mi ser. Sin embargo, no era consciente de que otra experiencia de igual intensidad me estaba esperando unas pocas horas después. Debíamos entrar en un lugar tan poderoso, tan profundamente centrado cu el corazón, que simplemente por haber estado allí nadie de nuestro grupo volvería a ser el mismo. Estábamos a punto de hablar con los Antiguos directamente. El cenote de Dzibilchaltún Los cenotes son estanques sagrados, y a veces incluso lagos de buen tamaño, alimentados por manantiales subterráneos. Recuerda el que vi en Chichén Itzá en 1985, cuando estuve allí con Ken. Para los mayas, todos los lugares sagrados debían estar situados cerca de uno de ellos, pues estos manantiales eran considerados las puertas a los Mundos Interiores. Se cree que el agua de los cenotes posee grandes propiedades curativas, y el de Dzibilchaltún está entre los más importantes para los mayas. Por eso, después de contemplar el sol del equinoccio de primavera salir a través del templo de piedra de Dzibilchaltún, nos dirigimos a su cenote, un precioso estanque en el límite de la selva. Nos reunimos alrededor de las ruinas de piedra que se encuentran junto a él y celebramos un servicio improvisado, meditando en favor de los mayas, de nuestro viaje y por la sanacion de la guerra de Irak, que había estallado exactamente la noche anterior a nuestra búsqueda. Resulta interesante señalar que los mayas habían establecido aquella fecha para la Ceremonia por la Paz Mundial dos años y medio antes. Tras la ceremonia, los guardianes de la antigua calavera de cristal que yo había sostenido junto a mi corazón colocaron el sagrado objeto sobre una tela que cubría un saliente de piedra y nos permitieron a todos tocarla y sentir su poder. De repente, una fuerte y horrible manifestación de energía oscura intentó entrar en nuestro círculo haciéndose con el control del cuerpo de una de las mujeres del grupo. Era la misma mujer a través de la cual se había manifestado en Labná. La mujer en la que había penetrado la entidad levantó la calavera de cristal por encima de su cabeza y, con todas sus fuerzas, intentó estrellarla contra el enorme saliente de roca sobre el que estaba colocada. Tres hombres, conducidos por Lionfire, la agarraron para arrebatarle la calavera. El forcejeo duró varios minutos, pero al final la calavera sobrevivió. La mujer echaba espumarajos de furia mientras la entidad se movía por su interior. Habíamos estado manteniendo una cuidadosa vigilancia para proteger al grupo contra aquella entidad. Sabíamos que estábamos en su casa. Aquella era la entidad que había penetrado en la consciencia maya cuando ésta se encontraba en la cima de su cultura y la había transformado, sustituyendo el amor y la belleza por los sacrificios humanos y el miedo. Sabiendo esto, Lionfire había estado protegiendo de cerca la calavera. Sin embargo, tuvo que echar mano de toda su fuerza y de la de otros dos hombres para evitar que aquel inestimable objeto sagrado fuera dañado. Ahora sabíamos lo fuerte y decidida que era aquella energía. Sin duda debía ser eliminada del cuerpo de la mujer antes de que pudiéramos participar en la ceremonia del día siguiente en Chichén Itzá. Normalmente se entiende, tal y como comentaron muchos de los integrantes de nuestro grupo, que esta energía del lado oscuro está entre nosotros por alguna razón. Constituía una parte importante del problema de los que intentábamos ayudar a sanar el mundo, y sabíamos que debíamos lidiar con ella de una forma positiva: con amor, compasión e incluso gratitud, en especial hacia el miembro de nuestro grupo que había accedido, en algún nivel superior de su ser, a representar un papel tan difícil. Debíamos diseñar un plan. Alegres, impresionados, y sin embargo escarmentados, regresamos a Los Aluxes para desayunar, y a continuación nos dirigimos a la siguiente aventura de nuestro viaje, hacia las incomparables gruías de Balancanché. (Digo «grutas» porque, aunque sea una sola, tiene muchas derivaciones que se extienden en diversas direcciones.)


Humberto, nuestro guía Me gustaría escribir unas pocas palabras acerca de Humberto Gómez, nuestro guía Merlín por las tierras mayas. Humberto es un hombre de setenta y pocos años que aparenta sesenta. Es de pequeña estatura y muy esbelto, con un porte aristocrático, como el de sus antepasados hidalgos españoles. Durante los dos primeros días del viaje se mantuvo callado; educado, encantador, extremadamente colaborador, pero reservado y modesto. Sin embargo, de camino hacia Balancanché, Humberto no pudo mantener su silencio. Yo sabía que estaba licenciado en arqueología, pero entonces me enteré de que no sólo era un hombre extraordinariamente erudito y con un vasto conocimiento de la arqueología de su tierra natal, ¡sino que él, Humberto Gómez, había sido el que, en su juventud, descubriera las grutas de Balancanché! Al entrar en el aparcamiento de Balancanché me di cuenta de que Humberto sabía más acerca de aquel lugar que ninguna otra persona viva. Aunque aquel día llevábamos muchas horas levantados, todavía era temprano cuando llegamos al museo. Las cuevas estaban aún cerradas, así que, mientras esperábamos, invité a Humberto a que nos relatara su descubrimiento. Nos agrupamos a su alrededor, interesados por lo que nos iba a contar. Y disculpándose al principio, pero enseguida con gran brío y color, Humberto hizo que sus increíbles experiencias ocurridas tanto tiempo atrás volvieran a la vida para nosotros. Fue la primera de las muchas historias que Humberto nos regaló durante nuestro viaje espiral a través de Yucatán. ¡Era un narrador increíble! Humberto era un estudiante de arqueología de veintitantos años cuando encontró una cueva pequeña y de paredes de tierra cerca de su casa. No se lo contó a nadie y la convirtió en su propio escondite. Le gustaba ir allí a meditar o a estar solo. La cueva era un lugar mágico para Humberto, pero según nos contó, realmente no tenía nada de especial; desde luego nada que pudiera sugerir que tuviera antiguas raíces mayas. Era sólo una cueva. Pero era su cueva y siguió visitándola durante muchos años. Pero un día, en el año 1959, le dio por dar golpecitos sobre un punto concreto de las paredes de la cueva. Los golpes produjeron un sonido hueco. La pared estaba cubierta por los elementos químicos que habían estado rezumando de la tierra durante millones de años. Aquel trozo de pared parecía igual que cualquier otro de la cueva. Pero cuando Humberto escarbó en la pared terrosa encontró, escondidos tras ella, ¡los conocidos restos de ladrillo y mortero de un antiguo muro maya! Puedes imaginar su emoción al retirar cuidadosamente unas cuantas piedras de la pared, las suficientes como para poder pasar a la vasta y hasta entonces desconocida gruta subterránea que se escondía al otro lado. Completamente solo, Humberto recorrió los aparentemente interminables pasillos y caminos excavados en la roca. Y allí encontró algo desconocido y único en toda la tierra maya. Repartidos por toda la cueva había altares fabricados con columnas naturales de estalactitas y estalagmitas. Y alrededor de estos altares encontró ofrendas realizadas quizá mil años antes y que no habían sido tocadas desde entonces. Cada uno de los cientos de cacharros de barro, utensilios, imágenes y molinillos que habían sido ofrecidos a Chac, el dios de la lluvia, descansaba en el lugar exacto en que había sido depositado por antiguas manos mayas en alguna ceremonia ancestral. Nada había sido visto ni tocado en los años pasados desde que la gruta fuera sellada a la vista humana. Inmediatamente fue en busca de funcionarios gubernamentales a los que contar su descubrimiento arqueológico, para asegurar que todo lo que la gruta contenía fuera protegido contra cualquier alteración y contra el vandalismo. Normalmente, cuando se encuentra un yacimiento en México, el gobierno toma todo lo que encuentra y lo lleva a un museo. Pero en este caso, y de forma totalmente excepcional, los científicos y funcionarios que entraron los primeros en la gruta se dieron cuenta de la importancia de conservar lo que había descubierto Humberto. Inmediatamente cerraron la entrada y colocaron un guarda para que la protegiera. Y así sigue, intacta hasta hoy. Nada ha sido movido excepto para hacer un pequeño camino a través del complejo, de forma que los visitantes puedan experimentar la cueva tal y como fue descubierta.


Después de que acudieran los representantes gubernamentales, sin embargo, se corrió la voz y al día siguiente apareció un grupo de ancianos y chamanes mayas que anunciaron que iban a entrar en la gruta llevar a cabo una ceremonia. Nos lo contó Humberto con una sonrisa divertida y nos enfatizó que no preguntaron si podían hacerlo o no. Sencillamente dijeron: —Vamos a hacerlo. Los funcionarios respondieron: — ¡No pueden hacer eso! La discusión y el debate se prolongaron durante un tiempo hasta que finalmente los representantes oficiales accedieron a que los mayas realizaran su ceremonia..., ¡pero sólo si ellos podían entrar para asistir a ella y tomar fotografías! Más discusión y debate. Al final los mayas cedieron, pero con dos condiciones: todo el que entrara en la cueva debía jurar que guardaría el secreto, y nadie podría irse hasta que todo terminara, lo que significaba permanecer allí veinticuatro horas sin comida ni agua. Advirtieron que si alguien se marchaba antes del final de la ceremonia, ellos no asumían la responsabilidad por las terribles consecuencias que tendría aquella actuación. Eso fue lo que se acordó. Los mayas y los mexicanos penetraron en la negrura de la tierra para llevar a cabo la ceremonia..., y volvieron a salir, veinticuatro horas más tarde, en medio de una lluvia torrencial. Aquello era la señal que buscaban los mayas. Así sabían que Chac, el dios de la lluvia, había aceptado sus plegarias. Humberto fue uno de los participantes en aquella ceremonia a Chac y nunca ha olvidado su poder. Tras Balancanché, Humberto resultó ser un ameno pozo de bellas historias e información acerca de los yacimientos que visitamos y sobre la historia de Yucatán. Una vez le pedí que me contara la ceremonia maya de Balancanché, pero se negó a ello. Había hecho una promesa. Fue la única vez que rehusó contestar a una pregunta. En el interior de las grutas de Balancanché Yo nunca había entrado en las grutas de Balancanché. Me eran totalmente desconocidas. Y ni yo mismo ni nadie del grupo podría haber esperado ni imaginado la experiencia que íbamos a vivir. Para empezar, creíamos que íbamos a tener que permanecer en Balancanché la mayor parte del día. Ello era debido a que, para proteger la gruta, los vigilantes sólo permitían la entrada simultánea de diez personas. Sólo así les resultaba posible realizar una vigilancia suficientemente estrecha como para impedir que nadie tocara o se llevara algo. Sin embargo, Humberto había participado en nuestras primeras ceremonias y había podido comprobar la reverencia que sentíamos por los yacimientos mayas y sus gentes. Sabía que teníamos permiso de los Antiguos para estar allí. Y como él era el que había descubierto la gruta, utilizó su influencia para que se hiciera una excepción. Según nos dijo, se nos permitiría entrar en grupos de veinte. Aquello constituía un gran honor y una enorme prueba de confianza. Pero cuando empezamos a dividirnos en tres grupos, Humberto convenció a los guardas para que hicieran una concesión más. Nos comunicó que ¡se nos permitía entrar en dos grupos de treinta! Yo fui el último del primer grupo. Con gran reverencia nos encaminamos por el sendero de la selva hasta la boca de la gruta, un inmenso agujero que entraba en espiral en la tierra. Los pájaros que volaban alrededor de ella y las flores que colgaban de todas las paredes parecían inclinar sus cabezas. Yo tenía el vello de punta. Entrar en la cueva era como entrar en el seno de la Madre. Al instante comenzó a abrirse mi corazón. Fue una respuesta completamente involuntaria ante las energías presentes. Seguimos descendiendo hacia las profundidades de la Tierra, penetrando cada vez más en la oscuridad. Yo podía sentir que aquél era uno de los lugares más sagrados en los que había estado jamás. Mi corazón seguía abriéndose sin que yo pudiera evitarlo. Podía ver y sentir que lo mismo les estaba sucediendo a todos los que se encontraban delante de mí. De pronto, observé que estaba cantando suavemente.


Después de que acudieran los representantes gubernamentales, sin embargo, se corrió la voz y al día siguiente apareció un grupo de ancianos y chamanes mayas que anunciaron que iban a entrar en la gruta llevar a cabo una ceremonia. Nos lo contó Humberto con una sonrisa divertida y nos enfatizó que no preguntaron si podían hacerlo o no. Sencillamente dijeron: —Vamos a hacerlo. Los funcionarios respondieron: — ¡No pueden hacer eso! La discusión y el debate se prolongaron durante un tiempo hasta que finalmente los representantes oficiales accedieron a que los mayas realizaran su ceremonia..., ¡pero sólo si ellos podían entrar para asistir a ella y tomar fotografías! Más discusión y debate. Al final los mayas cedieron, pero con dos condiciones: todo el que entrara en la cueva debía jurar que guardaría el secreto, y nadie podría irse hasta que todo terminara, lo que significaba permanecer allí veinticuatro horas sin comida ni agua. Advirtieron que si alguien se marchaba antes del final de la ceremonia, ellos no asumían la responsabilidad por las terribles consecuencias que tendría aquella actuación. Eso fue lo que se acordó. Los mayas y los mexicanos penetraron en la negrura de la tierra para llevar a cabo la ceremonia..., y volvieron a salir, veinticuatro horas más tarde, en medio de una lluvia torrencial. Aquello era la señal que buscaban los mayas. Así sabían que Chac, el dios de la lluvia, había aceptado sus plegarias. Humberto fue uno de los participantes en aquella ceremonia a Chac y nunca ha olvidado su poder. Tras Balancanché, Humberto resultó ser un ameno pozo de bellas historias e información acerca de los yacimientos que visitamos y sobre la historia de Yucatán. Una vez le pedí que me contara la ceremonia maya de Balancanché, pero se negó a ello. Había hecho una promesa. Fue la única vez que rehusó contestar a una pregunta. En el interior de las grutas de Balancanché Yo nunca había entrado en las grutas de Balancanché. Me eran totalmente desconocidas. Y ni yo mismo ni nadie del grupo podría haber esperado ni imaginado la experiencia que íbamos a vivir. Para empezar, creíamos que íbamos a tener que permanecer en Balancanché la mayor parte del día. Ello era debido a que, para proteger la gruta, los vigilantes sólo permitían la entrada simultánea de diez personas. Sólo así les resultaba posible realizar una vigilancia suficientemente estrecha como para impedir que nadie tocara o se llevara algo. Sin embargo, Humberto había participado en nuestras primeras ceremonias y había podido comprobar la reverencia que sentíamos por los yacimientos mayas y sus gentes. Sabía que teníamos permiso de los Antiguos para estar allí. Y como él era el que había descubierto la gruta, utilizó su influencia para que se hiciera una excepción. Según nos dijo, se nos permitiría entrar en grupos de veinte. Aquello constituía un gran honor y una enorme prueba de confianza. Pero cuando empezamos a dividirnos en tres grupos, Humberto convenció a los guardas para que hicieran una concesión más. Nos comunicó que ¡se nos permitía entrar en dos grupos de treinta! Yo fui el último del primer grupo. Con gran reverencia nos encaminamos por el sendero de la selva hasta la boca de la gruta, un inmenso agujero que entraba en espiral en la tierra. Los pájaros que volaban alrededor de ella y las flores que colgaban de todas las paredes parecían inclinar sus cabezas. Yo tenía el vello de punta. Entrar en la cueva era como entrar en el seno de la Madre. Al instante comenzó a abrirse mi corazón. Fue una respuesta completamente involuntaria ante las energías presentes. Seguimos descendiendo hacia las profundidades de la Tierra, penetrando cada vez más en la oscuridad. Yo podía sentir que aquél era uno de los lugares más sagrados en los que había estado jamás. Mi corazón seguía abriéndose sin que yo pudiera evitarlo. Podía ver y sentir que lo mismo les estaba sucediendo a todos los que se encontraban delante de mí. De pronto, observé que estaba cantando suavemente.


Y escuché un sonido a mis espaldas. Me volví para ver quién era, y vi que nuestro segundo grupo se acercaba con rapidez. ¿Se habrían equivocado? ¿Es que no estaban cumpliendo las instrucciones? La primera persona del segundo grupo se me acercó, sonriendo, sintiendo lo sagrado del lugar. — ¿Qué hacéis aquí? —pregunté. —Humberto decidió dejarnos ir a todos como un solo grupo — me respondió. «Claro», me dije a mí mismo. Parecía lo correcto que estuviéramos todos juntos. Lo sagrado del lugar y su belleza habían puesto mi corazón a punto de estallar. Aquel cambio inesperado colmó el vaso. Así que seguimos todos juntos, un grupo de sesenta personas en un lugar en el que normalmente sólo se permite la entrada de diez, unidos en un sentimiento de amor y admiración espiritual diferente a todo lo que cualquiera de nosotros había sentido jamás con anterioridad. Y no digo esto a la ligera. Entramos en la parte principal de la gruta, donde una enorme estalagmita se había unido, hace millones de años, con una estalactita igual de gigantesca, creando un inmenso pilar de al menos veinte metros de altura. Alrededor de este pilar se encontraban las ofrendas que los mayas dejaron allí muchos años atrás. Cerámica y vasijas ceremoniales aparecían colocadas sobre el suelo alrededor de esta columna central, tal y como habían estado durante cientos y miles de años. La sensación de santidad resultaba abrumadora. Mi corazón no era capaz de retener las lágrimas. Me eché a llorar. Con los ojos empañados, miré a mí alrededor y vi que todos los que me rodeaban también estaban llorando. Habíamos acudido a las tierras de los mayas para experimentar el Espacio Sagrado del Corazón. Y allí era donde estábamos, en un auténtico espacio físico que estaba vivo con la vibración viva del corazón..., y todos nosotros estábamos en sintonía con este espacio, juntos. ¡Todo mi ser vibraba! Continuamos recorriendo las grutas y vimos que había otros dos altares formados por una estalagmita y una estalactita, algo más pequeños, con sus antiguas ofrendas. Y la sensación de santidad seguía creciendo. El cenote de Balancanché El Espacio Sagrado del Corazón se asocia siempre con el agua. Llegué a otra sala de la gruta desde la que un estanque tiraba de mí. El agua era tan clara que casi no podía verla cuando estaba brotando de una cueva adyacente. Aquella agua estaba viva. Auténticamente viva. Cuando clavé mi mirada en el cenote fue como si estuviera viendo otro mundo. Tres personas más del grupo estaban contemplando el estanque con lágrimas en los ojos, y cuando yo me acerqué nos fundimos en un abrazo. En ese momento supe que estaba con mi tribu. Y con nuestras lágrimas y nuestros corazones abiertos estábamos rezando por nosotros mismos, por los mayas y por la Madre Tierra. Yo conocía aquel lugar. Lo había sentido con anterioridad dentro de mi propio corazón. ¿Puedes imaginar lo que fue estar allí físicamente, con otros seres físicos, todos experimentando la misma emoción? Fue algo como nunca me había sucedido anteriormente. Los guardas de la gruta, que hasta entonces se habían mantenido invisibles, nos hicieron señales con las linternas. Había terminado el tiempo de la visita. Cuando me di la vuelta para salir, era incapaz de hablar. Apenas recuerdo cómo caminé hasta la salida de la gruta. Era como estar inmerso en un sueño. Lo siguiente que supe fue que estaba fuera de la cueva, acercándome al museo. Me senté yo solo y cerré los ojos. Seguía vibrando en mi corazón. Estuve así más de media hora antes de que la experiencia que había vivido se asentara lo suficiente como para permitirme ponerme de pie y echar a andar hacia el autobús. Nunca olvidaré aquella experiencia, ni a los mayas, cuyas oraciones siguen resonando en aquel espacio sagrado, ni a las bellas gentes que entraron en la Madre conmigo. Sentado bajo un árbol, esperando la llegada del resto del grupo, recordé la oración de mi maestra más íntima, Cradle Flower, de los taos pueblo:


Belleza frente a mí


Belleza detrás de mí


Belleza a mi izquierda


Belleza a mi derecha


Belleza sobre mí


Belleza debajo de mí


La belleza es amor


El amor es Dios.


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